Los argentinos afrontan desde hace tiempo el enfrentamiento compulsivo, que no nos permite despegar juntos hacia adelante, dijo el arzobispo de Corrients en una carta que difundió con motivo de la festividad de San Roque
No puedo acompañarlos por motivos de salud, como hubiese deseado hacerlo, pero me acerco a ustedes mediante estas líneas para compartir la alegría y la gracia de la fiesta del Santo Patrono de esa querida comunidad de San Roque, esperando poder acompañarlos en alguna ocasión próxima dice Stanovnik en su carfta al Pbro. Juan Manuel Blanco, párroco,
y a la comunidad parroquial de San Roque .
Señala que a San Roque se lo conoce como un creyente peregrino que dedicó su vida a aliviar el dolor de los enfermos, principalmente de los apestados, hasta que él mismo cayó contagiado de esa misma enfermedad. "En él vemos reflejado ese amor que se entrega por entero sin medir las consecuencias, hasta el final. No se reserva nada para sí mismo, ni los bienes que repartió entre los pobres, ni su salud que arriesgó cuidando a los abandonados por la peste".
Stanovnik menciona que hoy, el papa Francisco nos invita a descubrir la potencia de nuestro bautismo y abrir nuestros ojos para ver dónde está el prójimo que sufre, para compartir con él una palabra de aliento y una oración pidiendo alivio y curación a sus males.
"Uno de los severos trastornos que venimos acarreando los argentinos desde hace mucho tiempo sin encontrarle solución es el enfrentamiento compulsivo, que no nos permite despegar juntos hacia adelante" señaló.
Describe lo que sucede como una verdadera peste que alimenta la soberbia de unos y de otros. "No hay otro remedio para superarlo que la humildad. Esa humildad que distinguió a San Roque cuando, a pesar de haber nacido de noble e ilustre cuna, no se aferró a sus bienes, sino que, desprendiéndose de ellos, se puso a servir a los más pobres y alejados".