Heraldo Vallejos: poemas de tierra con infancia y vuelos improvisados
06-07-2019
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Este sábado, momarandu.com acerca al poeta de Caa Cati, Heraldo Vallejos. Los poemas que nos acerca son leídos por él mismo, para que, como siempre decimos, la literatura de la región llegue a más personas.
Para contactar con Heraldo Vallejos e intercambiar con él, se le puede escribir a su correo electrónico heraldovallejos@gmail.com, o bien, contactar por mensaje privado a su Face, Heraldo Vallejos.
ACERCA DE HERALDO
Nació en la ciudad de Caá Catí en la provincia de Corrientes en 1990. Es miembro del grupo literario Pájaro de Tinta y cofundador del grupo cultural Nativo, ambos de Caá Catí. Es poeta, y en 2017 publicó Tendy Ava (Luz del hombre), un poemario cancionero, en coautoría con el músico Matías Geneyro. Tiene inédito los poemarios “Brebaje de la tierra” y “La isla otoñal”.
LEAMOS AL POETA
Postal de la infancia I
Ya no quedan los silencios
que coloreaban las tardes
cuando la niñez
se conjugaba entre mis dedos
tampoco florecen las calles
con la misma furia
que cuando la inundaban
una bandada de niños
con sus risotadas claras
ya no estalla el arenal
con sus bombitas de agua
y ahora
muy de vez en cuando
aparece un pequeño coco extraviado
y entonces la siesta recobra
su inocencia de niña
y por un rato
se cree útil otra vez.
Reminiscencia del monte
Andábamos improvisando vuelos
para no sentirnos tan vacíos
como la luna que inventa estrellas
para amenizar su blanco tifón de luz
andábamos pintando caminos
en las nalgas de la impoluta selva
mientras aprendíamos a ser sombra
perdida entre la espesura
y el chasquear de los monos
andábamos a extiendas de nuestros sueños
y la tierra manaba su claridad
para alumbrar con destellos
nuestra tez de siesta tropical
todo era una bocanada de equilibrio
el sol espiando entre las hendiduras de la tarde
los pájaros entonando sus credos
los ríos quejándose río abajo
las flores vertiendo sin mezquindad sus perfumes
los árboles arremangando sus frutos
y la lluvia aparejándonos de vez en cuando
todo era una bocanada de equilibrio
hasta que la tempestad trajo los espejos
trajo nuevos males para entorpecer los cuerpos
trajo una danza nueva llamada miseria
y cuantas otras entidades inservibles
que nos fueron arrebatando nuestro mundo
por otros mundos llenos de ira
de pronto el cielo vistió su luto
y despacito nos fuimos yendo
atrás quedó la paz
atrás quedamos nosotros
ahora hasta el monte que en su momento resistió
se está yendo
herido hasta en sus crepúsculos
se está yendo
y sin decir adiós.
Todavía
Todavía se espeja en ti mi infancia
y una caballada anda alborotando
camalotes y juncos
yo que aprendí a dibujar nubes
y a pintar castillos de arena
en tus siestas de soles secos
yo que ahogué mi niñez
en el pálido crujir de tus aguas
y en tus sauces sembré esperanza
para que no lloraran
ahora vuelvo lejano y gris
a contemplarte/ coronada de juncos
y de peregrinas cabañas
y otra vez se me retuerce el niño
sobre los crines del tiempo
y lanzo una pialada de gritos
sobre el estero que me contiene
mientras un biguá se zambulle en tu vientre
y me deja que vuelva a montar
el mismo viejo hálito
por donde descendieron mis sueños
El derrumbe
Cuántas ciudades se derrumbaron
sobre mi pecho
mientras filas de monolitos
avanzaban a la deriva
como barquitos de papel
por esos charcos azules-grisáceos de lágrimas
cuántas oscuras noches oscuras
llevo empalmadas en la carne
como verruga oculta
que anhela pronto mostrarse al mundo
para que el mundo se ría de ella y no con ella
y la sonrisa siempre viva
siguió tapándome los miedos y la desazón de las sombras
y la sonrisa ahora me sonríe en todo el rostro
soñando
/ tal vez/
solo días buenos
pero yo sé
que varias ciudades
aguardan por mi pecho
yo sé que mi piel hurgará
una última ciudad antes de partir
para ese día guardo una sonrisa
/mi mejor sonrisa/
sólo para mostrar
que yo también tuve fe.