Alicia Rossi: sus poemas comen lunas con perros y llevan secretas lluvias
29-06-2019
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Momarandu.com acerca la literatura de la escritora chaqueña Alicia Rossi, en esta oportunidad, ella nos lee sus poemas. Sugerimos, además de leerla, escucharla leer, pues Alicia visita escuelas y bibliotecas como narradora oral y es lindo disfrutar de su manera de decir
Los libros de Alicia Rossi se pueden conseguir en la librería Contexto de Resistencia, Chaco. También, el libro El Jardín de las secretas lluvias, se puede conseguir cn el escritor Tony Salasar, en Ananga Ranga.
Si los lectores/as quieren contactarse con ella, lo pueden hacer a través del correo: marinaros@hotmail.com; es bueno reiterar la importancia de la comunicación entre los/las autores/as y quienes leen sus obras.
Es abogada egresada de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral en 1978.
Alicia dice que “abraza” el oficio de escritora desde el 2002.
Poemarios publicados: obtiene el primer premio en compilación de poesías del Certamen Literario Provincial Alfredo Veiravé (2004) con su Poemario “Polvo humedecido”. Publica los libros de poesía “Sobre la piel del tiempo y cabalgata de luna” (2006), “La flor no basta” (2008) y “Septimana y solo resucitan palabras” ( 2012).
En el año 2016 publicó “La noche de mis perros” y hace su primera presentación escénica en el Fogón de los Arrieros (Editorial Contexto).
Este año publicó “El jardín de las secretas lluvias” (Editorial Ananga Ranga) con presentación escénica en el Fogón de los Arrieros.
Novelas publicadas: incursiona en narrativa con su novela “El desafío de los mortales” (2012, Editorial Contexto). En el año 2017 publica “Puertas en la cabeza”, y es finalista del V Concurso Internacional De Novela Contacto Latino (Editorial Pukiyari-EEUU).
En cuento, con “Doña Consuelo”, recibió mención honorífica en el 1º Concurso Literario Internacional De Relatos Humorísticos Alberto Cognigni en el marco del IX Festival Pensar con Humor (Argentina, 2015).
SUS POEMAS
LA NOCHE DE MIS PERROS (Editorial Contexto 2016)
Un día me dije voy a internar a la loca adentro de las palabras,
a las palabras voy a estamparlas en hojas,
a los papiros los cubriré con dos tapas,
y crearé un libro.
La voz de la loca estará encerrada.
XXVI
Ladridos en la noche de mis perros.
Perros entre mis dientes.
Dientes de perro.
Estómago vacío de un hambre canina que no cesa,
que no cesa.
Comeré margaritas en el desayuno,
tostaré las lunas y las untaré con miel.
Pondré alimento balanceado con terrones de azúcar
en la taza de mi leche,
así podré saciar la noche de mis perros hambrientos de dulzura.
Ellos creen que estoy loca porque como lunas con mis perros.
Pero no ven lo que ellos comen.
II
Cómo me quito la camisa de fuerza de la carne.
Cómo trasvaso el cauce lacrimal de esta estación lluviosa
si desalojo arañas de libros viejos
y como rata hociqueo el cielo
cuando solo quiero tener agallas para ser pececillo
y por las calles de agua
internarme en el “ojo azul de un dios”
por donde escapó el poeta.
XVIII
Subo por las paredes de un pozo y asomo la cabeza.
Veo seres prendidos de otras cicatrices.
Es un territorio redondo y desolado,
habitado por cabezas enterradas a medias
con los ojos al ras del miedo y del espanto.
Oteo la intemperie.
No me animo a salir.
Regreso al pozo. Me ovillo.
Bebo un trago del cordón y me sigo gestando.
Me crecen nuevos cabellos y nuevas ideas.
La sangre puja y vuelvo a trepar hasta las orillas de mi cráter.
Salgo,
camino el campo de batalla,
trato de no pisar otras cabezas
ni de caer en útero ajeno.
No sabía que era un continuo viaje de nacer
hasta que me parí por segunda vez.
Voy por la enésima.
XXI
Atardece en la mañana.
Las ventanas cerradas dejan entrar el viento frío
y aún estoy viva.
No sé si ella lo está. El dolor la asusta y se escinde hasta marcharse.
¿Cómo es posible que una loca se atemorice?
Ella dice que no hay que vivir cuando la vida te asusta
ni vivir cuando la vida te muere.
Tampoco hay que vivir durante toda la vida,
hay tiempos donde se puede hibernar,
salir y entrar al estrato donde no se es.
Ella y las víboras persiguieron al sueño que me siguió en la noche.
Me quieren alcanzar para drogarme.
Quieren que me vaya donde habita la loca,
a ese lugar donde el veneno es un remedio.
EL JARDÍN DE LAS SECRETAS LLUVIAS
1 En la forma del agua
Caber en este mundo en la forma del agua.
Regar algún jardín.
Llover Lloverme.
Cargar el sonido del agua sobre las espaldas,
escucharla en las noches para tapar los gritos.
Darle a los gritos el ritmo del río,
que golpee las orillas,
las alise, las pula.
Hacer de las rocas las arenas.
Linfa en las piedras.
Atrever su forma de lágrima.
Primero ser rocío
y decir en hilos
llover lloverte.
Toda lluvia es bendita.
7 Piel cerrada
Quién no cerró una cortina
y dejó que le apagaran el sol de los jardines,
que le robaran LOS ASTROS DE la noche.
Pero los telones más temibles son los párpados.
Te dejan del otro lado del mundo
y comienzas a buscar la puerta que te saque de vos.
Porque el oscuro sol es adentro, iluminado de extrañezas.
Si probaras levantar las ventanas de tu cara
quedar definitivamente abierta,
invadida,
que te rebalsen,
que te incendien los pájaros,
que te sacien de luz
hasta quedar ciega de vos
con los ojos hacia fuera.
5 Lágrimas quietas \
No puedo hablar de amor bajo la lluvia.
Pero puedo preguntar quién mueve los hilos de la lluvia
mientras las nubes traen pájaros partidos
y gotean manos secas sobre mis ojos.
La espera en mi ventana llora lágrimas quietas.
Hielos derretidos trazan cartas náuticas sobre los cristales
y yo no puedo decir amor bajo la lluvia
ni susurrarlo bajo chaparrones de piedra.
A la intemperie
podemos escuchar lo que cantan las aguas,
lo que gritan las estrellas.
Pero yo no puedo escribir amor
bajo el techo de mi casa
cuando llueve.
Cicatrices de pájaros
La luna riela en el Paraná.
El río se acuesta sobre mis hombros
y mi espalda se derrama en brillo.
Nunca sé si el pájaro lastima al aire,
si los surcos de sus alas dejan cicatrices en el cielo.
Pero se conmueve el paisaje.
Tiembla el verde y alguien cuenta las hojas de mi trébol.
Hoja y temblor hacen el viento.
El río se eriza.
El soplo quiere llevarse todo.
Mis pupilas se repliegan
y un escalofríos llega hasta mis vértices.
Entonces recuerdo que concluyo,
que tengo un cuerpo lleno de orillas
que solo mis dedos se desatan
para escribir un horizonte sin cortaduras sin abismos.
Hasta que los ojos me ven salir
dejando una cruz de pájaro en la puerta.
Ese hombre
Ese hombre gris en la plaza
de traje gris a rayas
carga una quietud desmesurada.
Algún dolor indecible lo ausenta de sí
y deja una cáscara de hombre encanecida sobre el banco.
No puedo conocer las causas de su exilio.
Solo veo un cuerpo abandonado por su dueño,
una corteza hueca sentada sobre el banco.
Ese hombre gris no está entero,
sus latidos su música las palabras
fe, mente, alma
lo que somos y no es cuerpo
han partido de él.
Nunca antes estuve frente a un hombre vacío,
totalmente vacío de sí.
Ella
Andan derramando venenos encendidos,
derribando las casas de los pájaros
resonando violines a pedradas.
Pero la poesía se levanta
sobre los escombros de la música,
las esquirlas de la guerra y el luto de los dioses.
Creada desde las sombras amarillas
y los soles negros
la poesía se renace.
Nadie ha podido poseer su esquivo polen
ni libar en la flor invisible.