Corrientes, jueves 26 de marzo de 2026

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Antonio Cruz: el viaje interminable por las palabras

22-06-2019
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Acercamos la poesía y la narrativa del escritor de Santiago del Estero, Antonio Cruz. Él mismo nos lee sus textos en video enviado a momarandu.com, textos que, también, son transcritos. De esta manera, también seguimos acercando al Nea la literatura del Noa. 




Para contactar al autor, por favor escribir en mensaje privado a su Facebook, Antonio Cruz, o al correo electrónico: 
antoniocruz.se@gmail.com. Siempre es bueno un acercamiento entre lectores y escritores.

ACERCA DEL AUTOR

Antonio Cruz es médico, escritor y periodista, Nació en Frías, Santiago del Estero (1951). Escribe desde 1996 y ha publicado, hasta ahora, veintitrés libros de poesía, cuento y microrrelato.

Desde el año 2000 escribe e investiga sobre microrrelato, género en el que incursiona en la actualidad. Ha sido exponente en las Primeras Jornadas Universitarias Internacionales de Minificción (Tucumán Argentina, 2007), V Congreso Internacional de Minificción (Neuquén, Argentina, 2008), VI Congreso Internacional de Minificción (Bogotá, Colombia, 2010) Lanzamiento de la Revista Plesiosaurio (Lima, Perú 2010), Primer Encuentro Internacional de Microrrelato (Santiago del Estero, Argentina, 2011), Trinacional Microcuentista (Santiago de Chile, 2013), Casa de la Literatura Peruana (Lima, Perú, 2013) y IX Congreso Internacional de Minificción (Neuquén, Argentina, 2016).

Ha dictado conferencias y charlas sobre diferentes aspectos de la literatura y ha brindado conversatorios o participado como panelista en diferentes universidades, entre ellas las de Universidad Nacional de Tucumán, la de Villa María (Córdoba), la Universidad Javeriana (Bogotá, Colombia), la Universidad de Santiago de Chile y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima, Perú) entre otras.

Ha sido invitado a numerosas Ferias del Libro (FILBA, Chaco, Córdoba y otras), donde ha disertado sobre microrrelato. Ha publicado artículos de opinión en medios gráficos y virtuales de diversos países y sus textos de investigación u opinión, figuran en revistas culturales gráficas y virtuales de varios países. Recibió numerosas distinciones a nivel nacional e internacional e integra numerosas antologías. Ha sido jurado en varios concursos y certámenes literarios Su obra ha sido difundida por medios periodísticos de Argentina, México, Chile, Venezuela y en numerosos sitios especializados de Internet.

Sus textos literarios han sido traducidos al portugués, inglés, francés e italiano. Actualmente investiga sobre los entrecruzamientos entre Sociología y Microrrelato y dirige la Revista Virtual de Cultura “Tardes Amarillas”.

LEAMOS A ANTONIO
AUSENCIA

Descubrir que la noche
me mira con tus ojos.
Hundirme en la esperanza de que vengas
algún día
o preguntarme
por qué no te quise de otra forma
o por qué vos no me amaste
como yo necesitaba.
Percibir un latido apresurado que navega la noche
mientras arrastra en su viaje
esta nostalgia sin fin que me delata.
Recordar el señuelo
de esa oscura mirada que me asecha,
o alguna encrucijada de palabras
que habitaron nocturnos más profundos.
Sucumbir a la certidumbre de tu ausencia;
rendirme a la exactitud
de la distancia;
dejar escapar el grito sin fin
que se eleva desde el costado más cobarde
del espíritu,
y entonces, libre,
preparar el corazón y el alma
para despertar mañana en la certeza
de que la vida, a pesar de nosotros,
continúa.

REFLEXIONES A LOS 62 AÑOS
He viajado mucho,
Dios sabe que he navegado la vida
acunando sueños y utopías.
Siempre tuve en mis manos
la navaja de Occam
pero no sé por qué avatar
nunca elegí el camino más correcto;
a cambio, me fue dado conocer
infierno y paraíso en cada tiempo.
No hubo día de sombra
al que no haya seguido otro de luz
y he llegado a ser Caín y Abel,
Ulises en busca de mi Ítaca,
Teseo tratando de salir del laberinto
y Heráclito profanando
cada mañana un río diferente.
He sufrido mil muertes
y después de tanta vida
solo espero que se agote la clepsidra
con la tranquila certitud
de que al llegar la hora
de lo oscuro
alguna luz alumbrará el camino
en el definitivo viaje
que me espera.

ÓLEO DE TARDE DE LLUVIA -
Tarde de lluvia en el río Lules en Tucumán

Gris oscuro en el cielo. Terciopelo
ceniciento en las nubes diseñadas.
Pátina gris en tarde clausurada.
Gris sobre gris, pincel, pintor. Desvelo

de tarde gris sobre borroso anhelo.
Mansa el agua del cielo y ondulada
agua de río. Sierpe encadenada
a memoria, nostalgia y desconsuelo.

Prófugas gotas. Río fugitivo
en la tarde. Memoria en la ribera,
de otra lluvia, otro río y otra espera.

Llovizna gris sobre árboles altivos.
Mansa el agua del cielo. Sensitivo
pincel. Pintor pintando una quimera.

FINAL DE VIAJE

Se arrastra con gran esfuerzo por el estrecho túnel que está anegado por un líquido viscoso y tibio.

A pesar de ello avanza. Una extraña fuerza exterior lo empuja alternativamente hacia delante y atrás. Su corazón late desbocado y sus músculos, pequeños pero fuertes y flexibles, se esfuerzan al máximo.

Un largo instante y siente una explosión. Sus ojos son heridos por la luz. Mientras un grito desgarrador escapa de su garganta y sus pulmones aspiran aire nuevo, una mujer grita: “Ha nacido un varón” .

MINOTAURO

Como quería descubrirse se metió en la maraña de su alma. Todavía vaga por los meandros de su espíritu sin poder salir del laberinto porque olvidó llevar el hilo que le marcara el camino de regreso.

CHATO (Para Jaime Muñoz Vargas)

Cuando el tren llega a la estación, Parodi descubre al Chato Muñoz asomando por la puerta de un vagón. Su mente se pone alerta. Recuerda al Gitano Salamanca y piensa que debe actuar de inmediato. El Chato es muy peligroso.

Se esconde en una esquina próxima al acceso, debajo de una marquesina y, cuando el Chato sale, lo sigue. Nota que lleva su mano derecha dentro del saco. Seguramente allí guarda su famosa magnum 44.

Parodi corre y se embosca dos cuadras más abajo. Cuando el chato aparece, él sale de las sombras de un portal y grita «¡Chato!». El hombre gira con los ojos asombrados mientras su mano derecha abulta el saco. Parodi dispara. El Chato cae pesadamente. Se acerca y lo da vuelta con el pie. El muerto, con su brazo derecho en cabestrillo (más tarde, alguien le dirá que era un reconocido boxeador de Torreón), mira el cielo infinito a través de sus cuencas sin vida. «Se confundieron de Chato o confeccionaron el identikit equivocado» piensa Parodi… ¿O acaso será que su vista ya no es la misma? «¡Carajo! Los años no pasan en vano» filosofa.

Suenan las primeras sirenas. Él espera mientras acaricia su placa. Desde algún tocadiscos cercano, llega la voz de Leo Dan y Parodi, sin que tenga la más puta idea del motivo, asocia la música con la muerte del desconocido.