Corrientes, jueves 05 de marzo de 2026

Opinión Corrientes

El terror de la comida

16-06-2019
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(Por Alejandro Bovino Maciel para momarandu.com). Recientemente en otra nota advertí acerca de la sobrealimentación y obesidad. Es justo que también tengamos en cuenta el otro extremo de este cuadro, que es la anorexia y bulimia, casi siempre asociadas como todas las desgracias que no saben venir solas.

Hablamos de anorexia cuando un paciente se niega a comer lo suficiente para mantener un peso normal, de acuerdo a su estatura, contextura y edad. Afecta más a mujeres jóvenes especialmente en la pubertad pero los hombres no estamos libres de ese trastorno. Empieza por una distorsión de la imagen del cuerpo, el enfermo “se ve gordo” aunque el espejo lo desmienta, los familiares le digan que está bien para su cuerpo. No hay caso, la imagen interna, mental, ha sufrido un corrimiento de sus medidas. El enfermo de anorexia cree con repetida certeza que está muy gordo para su gusto. No hay fuerza humana ni razón que lo convenzan de lo contrario y, para demostrar el poder que tiene la mente sobre el físico, anula el apetito. Solo come de cuando en cuando algunos alimentos que, según ya se informó, tienen pocas calorías. Verduras crudas, una galletita al día, un poco de té son suficientes. Se niega a comer más. En consecuencia, el o la paciente van perdiendo peso, inicialmente 3 o 5 kilos pero a medida que el tiempo pasa y la falta de alimentación aumenta, la pérdida de peso queda al desnudo: a los enfermos les gusta ver los relieves de los huesos bajo la piel, ven como una clara señal estética ese dibujo del esqueleto bajo el manto de piel y no desean aumentar de peso, viven pendientes de la balanza y leyendo el equilibrio calórico de los alimentos antes de comerlos. Esto se va volviendo obsesivo y obviamente va generando todos los desarreglos que trae consigo la desnutrición: sequedad y rigidez de la piel, lesiones por cualquier roce, caída de dientes, fallas orgánicas del riñón, hígado y corazón. Todo este caos lleva a la muerte si no se interviene a tiempo.

La bulimia tiene las mismas consecuencias pero en este caso se combinan atracones de comida en forma compulsiva con maniobras para provocar su vómito posterior, o bien exceso de diuréticos y laxantes para “eliminar” la comilona que el paciente vive como un castigo por su incontinencia. En ambos casos el resultado es muy similar porque, tanto si no se alimenta normalmente como si eliminara las comidas por medio de maniobras, siempre el resultado será la desnutrición. Para colmo de las calamidades, casi siempre se asocian la anorexia nerviosa con la bulimia. Especialmente en personalidades frágiles, como son los y las adolescentes y con algún toque de neurosis que no ha recibido ningún tratamiento. Está claro que, tal como vamos viendo, dedicamos más tiempo y dinero a nuestra dentadura (lo que no está mal) que a nuestra mente. Todavía, ya transitando cómodamente el siglo XXI hay gente que sigue pensando que los psiquiatras y los psicólogos son “para los locos”. Triste y patético error que, justamente, llevará a la locura a más de un ignorante. Y entonces sí, se acordará del psiquiatra cuando ya haga falta medicación y hasta internación, porque se dejó avanzar demasiado tiempo el problema.

Como siempre, en todo, pero especialmente en la alimentación, la receta de Aristóteles es la correcta: “Nada en exceso, todo en su justa medida” decía el Estagirita refiriéndose a la esfera moral pero esto fácilmente se podría trasladar a cualquier orden de la conducta humana. No somos seres hechos para las desmesuras y los extremos. Está claro que estos desórdenes no aparecen mágicamente. Han sido sembrados en la sociedad por medio de la publicidad que lo recordarán, exigía modelos famélicas, altas, muy delgadas y con atisbos felinos. El submundo fashion resulta tenebroso a través del relato de víctimas que consiguieron salir del infierno de estas modas feroces y contranaturales. Pero no todas las adolescentes caen en la trampa publicitaria. Hace falta una combinación de bombardeo mediático, consejos “entre amigas”, algún desorden neurótico de la personalidad y otros factores para que esa niña o niño comience la carrera del adelgazamiento extremo.