(Por Martha Bardaro para momarandu.com) Desde que en el 2008 entré por primera vez a una cárcel, empezó a gestarse en mí la idea de que esa institución se había quedado en el tiempo y que había que transformarla estructural y mentalmente
En base a lo que veía en el "adentro", a lo que me contaban los internos, a lo que yo misma padecía como docente con respecto a las normas penitenciarias, más lo que leía sobre el tema, fui elaborando una modesta propuesta de cambio, no para que fuera aplicada sino para que sirviera de disparador de un debate serio e interdisciplinario, del cual podría, tal vez, surgir una propuesta superadora. Ahora, a la luz del material que fui encontrando me doy cuenta de que yo misma quedé encerrada en el único modelo de cárcel que se conocía. Descubrí que habían surgido nuevos paradigmas de cárcel en distintas partes de mundo, muy diferentes entre sí, pero unidas por algo que las hacía lo opuesto a las cárceles de mi país: en todas ellas se trataba a los internos como a seres humanos que habían hecho una mala elección en sus vidas, que los había llevado a la cárcel y no como cosas, como objetos que se manejan a su antojo.
Decíamos al principio que este paradigma, este modelo de cárcel que es el que todos conocemos ha demostrado ser ineficiente. Afortunadamente hay otros paradigmas, otros modelos de cárceles a los que, intencionalmente o no, no se los difunde. Veamos algunos:
PUNTA DE RIELES, EN LAS AFUERAS DE MONTEVIDEO
El jefe de la Unidad NO es un penitenciario sino un docente especializado en psicología y sociología. Tiene una mirada muy crítica sobre el sistema penitenciario.
Puntas de Rieles alberga a unos seiscientos hombres; aquí no hay intentos de evasión, no existe el aislamiento para sancionar a los que transgreden las reglas de convivencia y no se hacen requisas sin su expresa autorización, cuando existen datos puntuales y concretos de alguna irregularidad, y está prohibido hacerlas de noche. En un futuro inmediato esos procedimientos serán filmados para evitar cualquier tipo de abuso. Si bien no tienen datos específicos, el nivel de reincidencia de las personas que egresan de ese establecimiento es bajísimo. En el interior del establecimiento no hay personal de seguridad, solamente de civil que se encarga de las tareas administrativas y de la atención de alguna de las necesidades de los internos.
Cuando estuvo en Resistencia el Director Ejecutivo de la Asociación Pensamiento Penal (APP) contaba algunos detalles de esta cárcel tan especial. Decía Mario Juliano: "Está ubicada en las afueras de Montevideo. Cuando uno ingresa se siente como si estuviera recorriendo un barrio de los suburbios. Punta de Rieles es un lugar humilde. Se advierte a primera vista que no sobran los recursos, que lo poco o mucho que hay está hecho a pulmón, con sacrificio. Comienzan a aparecer los primeros internos y volvemos a sorprendernos: se acercan al director, lo saludan con un beso y palmadas en el hombro, se llaman por el nombre de pila. A nosotros nos reciben con gran amabilidad, pero invariablemente nos tienden la mano, quizá como señal de respeto. No puedo dejar de notar que de la cintura de cada interno cuelga un teléfono celular. Como si se tratara de un barrio, al ir recorriendo la cárcel se encuentran los negocios gestionados por los internos, algunos están con sus familias. Nuestra primera parada es en una bloquera (una fábrica de ladrillos de cemento). El empresario es Julio, uno de los internos. Tiene 43 años, el cuerpo tatuado y ostensiblemente cruzado por cicatrices. Estuvo varios años preso en Devoto. Julio ha montado la bloquera que ocupa a varios internos que van y vienen realizando sus tareas. Se enorgullece mostrándonos sus comienzos: un molde manual con el que comenzaron a fabricar los ladrillos. Hoy tiene un par de máquinas industriales que pagó en dólares y con las que aumentó la producción: asumió compromisos comerciales con varias empresas que están construyendo barrios sociales. Cuando salga de Punta de Rieles quiere montar una empresa similar afuera, pero seguirá manteniendo el emprendimiento dentro del penal. Seguimos viaje y nos encontramos con una confitería que ostenta la bandera uruguaya en el techo y una pintura del conejo Bugs Bunny. Es una panificadora donde trabajan varios hombres que están preparando el servicio para una fiesta familiar que se va a desarrollar al día siguiente. Saladitos, dulces y tortas prolijamente embandejados en las heladeras del local comercial. Allí nos encontramos con uno de los muchachos. Nos cuenta que él mismo “inventó” el dinero que circula en Punta de Rieles: es un bono, por un valor determinado, que los internos reciben en Tesorería a cambio de su trabajo y que luego pueden emplear para adquirir diferentes productos, o directamente entregarles el dinero a sus familiares.
"Apuramos el paso porque nos esperan en la radio para hacernos un reportaje. La bienvenida es por demás afectuosa, quizá un tanto exagerada. Las primeras palabras son de Pablo, un militante latinoamericano (así se define) de nacionalidad colombiana, indisimulable por su característico acento. Nos preguntan sobre Argentina, sobre el Código Penal, sobre Nisman y sobre APP. No imaginamos que sobrevendrá uno de los momentos de más alta intensidad emotiva. Darío, que se autodefine como cantante, nos homenajea con “Milonga de pelo largo”, que en nuestro país conocimos en la voz de Adriana Varela. Canta realmente bien, mirando a su mujer que sostiene a la pequeña hijita de ambos en brazos. Ella se emociona y le caen lágrimas por la mejilla. A nosotros también. Nos vamos de la radio, esta vez sí con besos y abrazos, y prometemos regresar no bien podamos. De allí nos trasladamos a uno de los edificios de tres plantas que sirvieron para alojar a los presos políticos de la dictadura cívico militar. El director jura que nunca más esas instalaciones van a albergar la muerte. Todos lo reciben a Rolando con besos y abrazos. Unos muchachos que están detrás de una reja le tienden la mano y Rolando les recuerda que él no saluda con barrotes de por medio. La hace abrir y ahora si saluda. Todo un símbolo".
Habría mucho que contar sobre este paradigma tan diferente de cárcel de los que nosotros conocemos. Pero creo que es más importante preguntarnos ¿Por qué no hay cárceles así en Argentina? Ya dijimos que no abunda allí el dinero, es decir no es una cuestión de presupuesto. Acá tendrían que darnos la respuesta los sociólogos, pero yo arriesgo una: se trata de una decisión política que implica modificar totalmente nuestro sistema carcelario, no sólo en cuanto a estructura edilicia, sino, sobre todo, en cuanto a mentalidad.
CÁRCEL EN UNA ISLA NORUEGA: UNA DE LAS MÁS AGRADABLES Y EXITOSAS DEL MUNDO
En ella 115 reclusos cultivan la tierra, producen leña, van a la playa, esquían y cumplen sus condenas. El sistema humanitario de detención ha sido premiado y reconocido por su baja reincidencia. “La cárcel es una manera cara de hacer que la gente mala sea peor", dijo Douglas Hurd. El político británico, funcionario durante los gobiernos de Margaret Thatcher y John Major, describió así las instituciones que se caracterizan, según los países, por superpoblación, abuso, muerte, crimen organizado, motines y tortura. Excepto una.
Es la prisión de Bastøy, premiada en 2014 por "promover los valores humanos y la tolerancia". Nadie es enviado directamente a Bastøy: llegan aquellos que logran comprobar que pueden estar en un ambiente de seguridad baja y que quieren reintegrarse a la vida social de manera positiva.
Por eso mismo no van solamente delincuentes menores: la población de la isla tiene violadores y asesinos. Con excepción de las horas de descanso, desde las 11 de la noche a las 7 de la mañana, los reclusos pueden recorrer la pequeña isla a gusto. También usan la playa en verano a condición de dejarla limpia. Cargan martillos, hachas y sierras eléctricas, elementos que en ninguna otra cárcel se dejan al alcance de los detenidos: los emplean para cuidar el bosque y hacer leña. También cultivan vegetales y crían ganado.
La prisión se organiza como un pequeño pueblo, "con unos 80 edificios, caminos, playas, paisaje cultural, cancha de fútbol, tierra para agricultura y bosque", se lee en la web de Bastøy. "Además de los espacios de la prisión, hay una tienda, una biblioteca, una oficina de información, servicios de salud, iglesia, escuela, servicios sociales del gobierno, un dock, servicio de ferry y un faro con comodidad para albergar pequeñas reuniones y seminarios".
Los momentos del recuento de los reclusos son acaso los recordatorios de que el lugar es, después de todo, una prisión. Cuatro veces al día la seguridad verifica que estén todos; en la historia del penal no ha faltado ninguno. Otra señal es la prohibición de telefonía celular: hay cinco teléfonos públicos en las instalaciones. El buen trato permite mucho más que el castigo: permite la reinserción social, creen los funcionarios a cargo de Bastøy. La belleza natural ayuda a que la gente cambie, y el personal tiene mucha importancia: hay tantos trabajadores sociales como guardias.
PEDÓFILOS
Y dejé para lo último una cárcel muy particular porque, como decía al principio de estas reflexiones, tiene que ver con un tema que puede causar perplejidad, irritación y, tal vez, no faltará indignación. Si bien hace años que busco la manera de cambiar el Sistema Penitenciario Federal en su totalidad hay una cuestión que me viene preocupando y para la cual parece no haber solución. Me refiero a los que englobaré bajo el nombre de "criminales sexuales" y allí entran pedófilos, violadores, femicidas, acosadores. Pero yo me detendré en el caso de los pedófilos. Hay varias clases de pedófilos pero no entraré en ese tema porque no es mi campo.
Hace tiempo Eva Giberti (1), en uno de sus artículos destruyó el mito de que los niños abusados, cuando llegan a la adultez son a su vez abusadores. Hoy existe otro mito que clama ser destruido: los pedófilos seguirán toda su vida siendo pedófilos. Se intentaron algunas posibles soluciones como la castración química, con escasos resultados. El pedófilo es un victimario, sin duda, porque causa daño a niñas y niños; pero a la vez es víctima de un deseo, de una pulsión, que ni la razón ni la voluntad pueden contener. Obviamente no lo haré yo porque no tengo la especialización necesaria, pero si me atrevo a escribir sobre esto es porque durante los años en que trabajé en una penitenciaría federal enseñando a filosofar a los internos, encontré allí adentro gente maravillosa que merece una segunda oportunidad. Hay una luz de esperanza en las terapias utilizadas en una cárcel. Y llegamos a otro paradigma de cárcel, de una cárcel muy especial donde justamente se trata el problema que planteaba arriba.
ES LA CÁRCEL DE WHATTON (INGLATERRA)
La cárcel, conocida por los vecinos como "el palacio de los pedófilos", fue construida en los años 60, en Nottinghamshire, en el centro de Inglaterra, con una capacidad para 841 reclusos de todas las edades. La mayoría de los reclusos en Whatton han reconocido sus crímenes y están trabajando para abordar sus problemas. La gama de ofensas por las cuales están presos varía considerablemente. Incluyen crímenes de contacto físico, como el manoseo, penetración, incesto, violencia relacionada al sexo y hasta asesinato. Hay ofensas que se consideran de no contacto, como descargar ilegalmente imágenes sexuales de menores. Dave Potter, quien es uno de los coordinadores de programas terapéuticos más experimentados, dice que tanto abusadores de menores como de adultos están mezclados para evitar que haya complicidad entre ellos sobre sus crímenes. "No tratamos a los violadores mejor que a la gente que ha abusado de menores, o los culpables de ofensas en internet, porque cada ofensa sexual ha dejado víctimas y ha destruido vidas, no importa contra quién haya sido, lo importante es que aquí no hay jerarquías". Mike ha estado en prisión durante casi toda su vida adulta. Hace 28 años fue condenado por violar a una mujer de 38 años en su propia casa. Antes de llegar a Whatton, reconoce que veía con desprecio a los abusadores de menores, quienes frecuentemente son segregados a secciones especiales en otras cárceles. "Nunca me gustaron", dice. "Pensaba que era el peor crimen que se puede cometer. Pero, entonces, consideré el crimen que yo cometí, contra una persona adulta. No hay diferencia. El proceso mental es el mismo". Mike lleva en Whatton siete años y dice que la cultura dentro de esta cárcel es muy diferente: "Nadie te juzga. Ni siquiera el personal, no te miran como basura, y eso es una gran diferencia". Los presos como Mike toman parte en sesiones de terapia individual o en grupos de hasta nueve reclusos, a medida que reconocen cómo tomaron el "camino hacia la ofensa". "Lo que hacemos en Whatton", dice Potter, "es tratar de hacerles entender el daño que le han hecho a otros, el daño a ellos mismos, y de ver o identificar las señales de alerta, cuando queden libres, de que podrían estar tomando el camino hacia ofender de nuevo". De acuerdo a Saunders, [Lynn Saunders, directora del penal] la tasa de reincidencia es sorpresivamente baja; 6% comparada con 50% de la población general de reclusos. Pero, al fin de cuentas, la protección del público es primordial, ellos deben garantizar la seguridad de la gente. El problema del riesgo es la principal preocupación de la mayoría del público. Potter reconoce que no hay garantías que un preso liberado no vuelva a ofender otra vez pero señala: "Con el trabajo que hacemos, creo profundamente que les damos las herramientas para manejar sus riesgos. Estoy muy seguro de que si no hacemos nada con ellos, si no les ofrecemos algún tipo de ayuda ¿que evitará que vuelvan a cometer un crimen?"
La contracara de esto es lo que el colectivo "Justicia ya" viene reclamando cada vez con más fuerza: el respeto a los tiempos de las víctimas. Por lo tanto, los delitos que cometan los victimarios deberían ser considerados imprescriptibles. Es otra forma de combatir la violencia institucional porque cuando los estamentos judiciales se burocratizan o cuando el Estado les va quitando personal y los elementos imprescindibles para cumplir con su misión, la verdadera Justicia queda lastimada.
Volviendo a los nuevos paradigmas de cárceles, si ponemos empeño, creatividad, militancia, tal vez las podríamos tener en Argentina. Para algunas de ellas no se necesita un gran presupuesto, sino la voluntad política de crearlas. Y no estoy diciendo que sea fácil sino que es algo por lo que vale la pena luchar. Con respecto al palacio de los pedófilos como algunos llaman a esta cárcel tan especial, la de Whatton, si tienen un índice de reincidencia tan ínfimo es porque han buscado y encontrado una terapia apropiada.
Y si los ingleses pudieron encontrar una terapia para estos casos ¿por qué no podemos soñar con que un equipo argentino de distintas disciplinas humanísticas encuentre una terapia para ellos? Me dirán que esto es una utopía y tal vez lo sea, pero es que justamente la utopía nos empuja hacia adelante buscando nuevos caminos, Además, si los ingleses pudieron ¿por qué nosotros no?
Seguiré buscando respuestas al tema de los DDHH de los presos, resistiendo la desesperanza, porque, como decía el siempre extrañado Eduardo Fracchia, que tanta falta nos haría en estos tiempos aciagos: “Vivir / es resistir. / La Resistencia es una de las formas / más / prepotentes / del / amor a la vida”.
Resistamos, pues. Se lo debemos a nuestros 30.000 compañeros y a dos imprescindibles que han partido hace poco: Mario Bosch y Mirta Clara viuda de Sala.
No puedo terminar este artículo sin mencionar dos experiencias provinciales:
Una es la GRANJA PENAL N°9-GUALEGUAYCHÚ: “Ayudada por la enorme predisposición del equipo del servicio penitenciario y sus internos, Ana lidera los talleres educativos y artísticos en la Granja Penal Nº9 de Gualeguaychú. En total sintonía con la Reserva, el Director de la Granja Penal entiende que su misión principal no es la de cuidar que el preso no “se escape”, sino conseguir su capacitación para su reinserción social”. (…) “Parece un desafío inalcanzable pero cuando vencemos los miedos y los prejuicios, cuando dejamos de lado los rencores y los deseos inconscientes de venganza y nos paramos frente al otro a compartir un juego o una charla desde aquellos lugares que tenemos en común, inevitablemente la empatía surge, y la compasión y el amor en sus estados más puros nos permiten vincularnos desde lo mejor de cada uno, y creer que es posible”, nos comparte Ana mientras ordena unas cartulinas para dar comienzo al taller de teatro. Para Ana, es solo un granito más. Ojalá sea un “granhito”. Un camino a la recuperación, aportando desde nuestro lugar a la concientización ambiental y a la disminución de la reincidencia delictiva” (2).
La otra es CINE EN LAS CÁRCELES, que tiene lugar en la Unidad 8, de Los Hornos, La Plata. Ésta es una experiencia que se viene realizando desde el 2016 en distintas Unidades Penitenciarias con gran éxito pues da lugar al debate entre las/los internos. Este dato figura en Chaqueña, suplemento dominical de Diario Norte de Resistencia, del 5 de mayo de 2019. Esta experiencia, muy positiva por cierto, nos resulta conocida porque desde hace diez años la implementamos, no exactamente así sino que utilizamos películas que actúen como disparadores del tema a desarrollar.
Mientras escribía me preguntaba ¿Para qué y para quién escribo?
Y la respuesta que me doy a la primera parte de la pregunta es: para hacer visible un tema que es casi tabú: el de los criminales sexuales y particularmente de los pedófilos, victimarios y víctimas al mismo tiempo. Y el "para quién escribo" tiene una respuesta muy amplia: para todos aquellos que se interesen en el tema y tengan contactos profesionalmente idóneos capaces de imaginar un nuevo paradigma de cárcel en la que no se diluyan los DDHH y una terapia adecuada a la cultura latinoamericana para que los pedófilos sean capaces de controlar sus impulsos y se conviertan en seres humanos útiles a la sociedad.
¿Qué esto es mucho pedir? Ya lo sé. Pedimos mucho para conseguir algo.
CITAS:
(1) Psicóloga, psicoanalista, asistente social, creadora de la primera Escuela para Padres. Sus clases se reprodujeron en una obra de tres volúmenes, que sirvió a varias generaciones.
(2) 8 http://03442.com.ar/2014/04/ya-funciona-la- granja-penal-no-9-colonia-el-potrero-de- gualeguaychu/