Corrientes, martes 12 de mayo de 2026

Sociedad Corrientes
PREMIO NOBEL DE LA PAZ EN CORRIENTES

Pérez Esquivel: "Hay una violencia social y estructural muy fuerte, es la que estamos viviendo"

13-10-2018
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(Por Facundo Sagardoy)"Violencia es el hambre, es la falta de educación, es la falta de salud. Y creo que eso es lo que tenemos que superar", dijo el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel. En Corrrientes presentó su libro La Fuerza de la Esperanza



Fue en la Universidad de la Cuenca del Plata, sede Corrientes, en declaraciones a la prensa y a momarandu.com antes de que presentara su libro “La fuerza de la esperanza”, escrito junto a Daisaku Ikeda, fundador de Soka Gakkai.

“Lo importante es compartir, tratar de apuntar a la reflexión, al trabajo, pero también de ver qué queremos, qué país queremos y hacia dónde vamos. Es importante la comunicación. Muchas veces hablo de que tenemos que hacer que la palabra camine. Una palabra que entre en la conciencia, en los espíritus. Más en la universidad donde se forma, digamos, los estudiantes para ser hombres y mujeres libres. Porque nuestra lucha es el camino de la libertad, no del sometimiento, de la esclavitud. Hay muchas dificultades hoy, en el mundo, en América Latina, pero no tenemos que perder la capacidad de la resistencia cultural ni la esperanza”, expresó.

“La paz no se regala, la paz se construye. Es esto fundamental. Ustedes, a través de los medios de comunicación generan una conciencia colectiva, es generar valores. Muchas veces se generan los antivalores, y no todas las cosas son iguales. Los valores de participación, de diálogo, del país que queremos. Porque de esto va a depender el mundo que dejamos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Es esto. Es un desafío. Siempre somos aprendices de la vida. Tenemos que aprender a vivir y a trabajar y a pensar”, sostuvo.

El Premio Nobel de la Paz visitó Corrientes este miércoles 3 de octubre, donde compartió una audiencia con el vicegobernador de la Provincia, Gustavo Canteros, senadores y senadoras provinciales, y presentó su libro escrito junto a Daisaku Ikeda, fundador de Soka Gakkai “La fuerza de la esperanza” en la Universidad de la Cuenca del Plata, donde también participó de la inauguración de la exposición "La Ruta de la Seda", junto al rector magister Ángel Enrique Rodriguez, y ofreció una conferencia sobre Derechos Humanos.

Requerido por los medios de comunicación, el Premio Nobel de la Paz improvisó una breve rueda de prensa de la que participó momarandu.com y expresó su posición sobre el acuerdo que Argentina cerró con el Fondo Monetario Internacional -FMI- y los últimos marcas sociodemográficas del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, según las cuales en Argentina once millones ochocientos mil personas viven en la pobreza.

FMI: "CAPITAL FINANCIERO SOBRE LA VIDA DE LOS PUEBLOS"

“La película del FMI ya lo vimos, es un desastre en todos lados, porque privilegia al capital financiero sobre la vida de los pueblos. Esto no es bueno. Además nos endeuda a las próximas generaciones que, hoy recordaba a unos amigos que, antes se decía "los niños vienen con un pan bajo el brazo", ahora "no tienen el pan pero vienen con una deuda". Eso es trágico. Vemos el aumento de la pobreza, de la exclusión social, del hambre. El hambre es un crimen. Ahora, me voy el 10 para Roma y voy a la FAO, soy miembro de la FAO. Justamente en la Asamblea General vamos a tratar el tema del hambre y la alimentación”, compartió.

“Hoy le decía al vicegobernador, (ver relacionada) que ayer estuvimos hablando con los pequeños productos de agricultura familiar. La soberanía alimentaria está ahí, no está en las grandes corporaciones, está en el pequeño y mediano productor. Está en recuperar las semillas orgánicas, y no depender de las grandes empresas que usan agrotóxicos. Ustedes saben que la semilla transgénica sirve para una cosecha pero no sirve para otra. Entonces, creo que tenemos que recuperar muchas cosas y estamos en eso. Tenemos que tratar de superar esta situación que realmente es angustiante, no solo en Argentina, en toda América Latina”, indicó Pérez Esquivel.

Pérez Esquivel e Ikeda mantienen un diálogo en el Centro Internacional de la Amistad Soka en Tokio, 1995.

POBREZA Y VIOLENCIA ESTRUCTURAL EN AMÉRICA LATINA

El Premio Nobel de la Paz, vinculó este punto a la situación del ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, preso en la cárcel de Curitiba (sur), y reflexionó sobre la violencia social y estructural en Argentina y en América Latina.

“Yo estuve con Lula hace poco. Lo conozco hace más de cuarenta años a Lula. Lula es un luchador. Sacó de la miseria extrema a más de treinta y seis millones de brasileros y brasileras. Es increíble, no lo hizo nadie. Por eso está preso. Porque si se hubiera condicionado al sistema, no pasaba nada. Pero Lula trató y trata de cambiar lo que es la situación de un pueblo como Brasil, que está hambreado. Hay una situación de pobreza extrema y ha aumentado muchísimo, después del golpe de Estado de Temer contra Dilma Rousseff, se ha intensificado el hambre, más de dos millones de hambrientos, frente a un país riquísimo. Es lo mismo que acá en Argentina. Acá no tendría ningún niño sufrir desnutrición y muertes evitables. Entonces, hay una responsabilidad del Estado. Es salud, es educación y es desarrollo, el desarrollo bien entendido. No la explotación. Desarrollo que yo veo un equilibrio de la necesidad del ser humano con la madre tierra”, reflexionó.

“Hay una violencia social y estructural muy fuerte, es la que estamos viviendo. La violencia no es solo pegar un garrotazo en la cabeza y matar a alguien. Violencia es el hambre, es la falta de educación, es la falta de salud. Y creo que eso lo que tenemos que superar. Una democracia tenemos que construirla y para construirla tenemos que tomar conciencia, por donde vamos a ir”, indicó.

“Lo primero es la organización de los sectores populares, y después acercarse a ámbitos que puedan ayudar a ver como salir de esto. Por ejemplo, hay muchos centros de investigación científica en las universidades, ver los diversos centros, ver los medios de comunicación, que pueden apoyar, no aquellos que apoyan al sistema. Hay muchas cosas que la gente puede hacer. Y también, la resistencia cultural. La resistencia cultural y social. No sé porque acá todavía no hay boicots, hay marchas, pero no hay resistencia a toda esta vorágine de que hoy cobramos en pesos pero tenemos que pagar en dólares. Esto no es justo. Tenemos que trabajar por una sociedad más justa y más igualitaria”, animó.

A las nuevas generaciones, dijo, por último,“no dejen de sonreírle a la vida”. “El día que dejen de sonreirle a la vida es porque están vencidos. Como dice el Papa Francisco, hay que hacer lío. Hay que resistir para cambiar”.

En “La Fuerza de la Esperanza” Adolfo Pérez Esquivel y Daisaku Ikeda intercambian diálogo y reflexiones sobre la paz y los derechos humanos en el tercer milenio. En él, el maestro fundador de Soka Gakkai y el Premio Nobel de la Paz forjan una amistad profunda y entrañable, basada en afinidades y valores comunes, en la defensa de los derechos humanos sin fronteras ni discriminación alguna y en la preocupación permanente por los que sufren. En un aporte inédito al intercambio entre ambos Japón y Argentina, Ikeda y Pérez Esquivel entablan un diálogo de trascendencia incalculable. Su confluencia moral en temas tales como la solidaridad, la búsqueda de una acción eficaz y la profundización de la valoración mutua entre culturas vuelve insoslayable la lectura de este libro. Por sobre todo, los autores buscan transmitir a los jóvenes, a través de su palabra y de su ejemplo de vida, el valor de un compromiso vigoroso y apasionado con la paz, la esperanza y la justicia para sus pueblos y todos los pueblos de la Tierra. 

DIÁLOGO SOBRE LA PAZ Y LOS DERECHOS HUMANOS EN EL TERCER MILENIO

En “La Fuerza de la Esperanza” Adolfo Pérez Esquivel y Daisaku Ikeda intercambian diálogo y reflexiones sobre la paz y los derechos humanos en el tercer milenio. En él, el maestro fundador de Soka Gakkai y el Premio Nobel de la Paz forjan una amistad profunda y entrañable, basada en afinidades y valores comunes, en la defensa de los derechos humanos sin fronteras ni discriminación alguna y en la preocupación permanente por los que sufren. En un aporte inédito al intercambio entre ambos Japón y Argentina, Ikeda y Pérez Esquivel entablan un diálogo de trascendencia incalculable. Su confluencia moral en temas tales como la solidaridad, la búsqueda de una acción eficaz y la profundización de la valoración mutua entre culturas vuelve insoslayable la lectura de este libro. Por sobre todo, los autores buscan transmitir a los jóvenes, a través de su palabra y de su ejemplo de vida, el valor de un compromiso vigoroso y apasionado con la paz, la esperanza y la justicia para sus pueblos y todos los pueblos de la Tierra.

Adolfo Pérez Esquivel es Licenciado en Bellas Artes y Doctor en Arquitectura y Urbanismo, fue profesor de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata y profesor titular de Escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, hasta que la dictadura cívico-militar argentina lo dejó cesante en 1976, tras casi 25 años de docencia. Profundamente cristiano y combativo, había abandonado años antes su vocación artística para dedicarse a la causa de la paz en Hispanoamérica, sufriendo persecuciones por sus ideas pacifistas y por trabajar, desde los sesenta, en movimientos cristianos en favor de los pobres.



En 1974 fue uno de los fundadores del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), organismo de inspiración cristiana del que crearía numerosas sedes por toda Hispanoamérica. Ese mismo año recibió el Premio Memorial de Paz Juan XXIII, otorgado por la Pax Cristi Internacional. En 1975 participó en la creación de la asamblea permanente por los Derechos Humanos de la ONU. Durante 1975 y 1976 fue varias veces detenido y expulsado de países iberoamericanos como Ecuador y Brasil mientras viajaba con otros obispos y dirigentes del Movimiento Internacional de la Reconciliación. A partir de 1976 se dedicó a viajar por el mundo y a diseñar programas de ayuda y desarrollo para comunidades indígenas latinoamericanas, movimientos obreros y otros sectores vulnerables.

El 4 de abril de 1977, mientras hacía gestiones para renovar su pasaporte, fue secuestrado en Buenos Aires por fuerzas de seguridad y encarcelado sin proceso judicial alguno. Desde el 22 de junio de 1978, permaneció bajo libertad vigilada hasta el 18 de septiembre del año siguiente. En octubre de 1980 le fue concedido el Premio Nobel de la Paz por su actividad a favor de los pobres y de la no violencia, y al poco tiempo fue designado miembro del comité ejecutivo de la Asamblea Permanente de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos.