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Cultura & Espectaculo Martes 08 de noviembre de 2011 
IVAN BONDAR Y MARIA JOSE ALMARAES DÍAZ

“Ángeles Somos y Halloween responden a significados diferentes”
(Por Cleopatra Barrios, para momarandú.com). Iván Bondar y María José Almaraes Díaz, dialogan con momarandu.com sobre los sentidos que revisten en las sociedades latinoamericanas Ángeles Somos y Halloween.


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La reflexión en torno estas manifestaciones, que en la mayoría de los lugares se conciben como enfrentadas, no fue ajena al Primer Congreso de Cultura Popular, Lenguajes y Folklore recién celebrado en Ituzaingó.

Bondar y Almaraes Díaz desde la antroposemiótica y la antropología, memoria e historia vienen desarrollando estudios sobre la celebración de Ángeles Somos en el Nordeste Argentino y la región del Caribe en Colombia respectivamente.

Sorprendidos por las similitudes, así como interesados por los matices diferenciales que adquieren las celebraciones en ambas regiones, los investigadores en un diálogo con momarandú.com sostuvieron algunas premisas que permitirían hablar de Ángeles Somos como una práctica latinoamericana viva, reconocida como de herencia hispánica que se reproduce con particularidades distintivas tanto en Colombia y Argentina como ciudades de México, Honduras, Guatemala, El Salvador y Perú, entre otros

¿Qué características adquiere esta conmemoración en Colombia?

MJAD – Ángeles Somos se desarrolla el 1° de noviembre en un triángulo geográfico que comprende las localidades que se encuentran entre el Río Magdalena y la costa del Caribe. Es una fiesta que está dentro del calendario católico. Comienza con una misa y cuando los niños salen a la calle con ollas pidiendo dulces y comida para hacer y compartir un sancocho (sopa gigante). Es una festividad de fuerte arraigo rural que implica y apela a los sentidos de solidaridad, vecindad y amistad, así como a elementos y prácticas identitarias como el toque del tambor, heredado de África, que acompaña los versos y canciones.

-Teniendo en cuenta los rasgos que señala Almaraes y los propios de nuestra región ¿cuáles serían los paralelismos que se podrían establecer, las semejanzas y las diferencias que se podrían trazar entre las prácticas sobre angelitos caribeñas y correntinas?

IB - A pesar que existen elementos de una puesta en escena diferenciales, creo que las celebraciones en ambas regiones comparten la matriz de sentido. Por ejemplo se comparte la familiaridad en el lenguaje a través de los versos y la matriz semiótica festiva que implica el banquete y la ofrenda: la guiseada en Corrientes o el sancocho en las regiones de Colombia y las golosinas en ambas. Pero así también hay diferencias que tienen que ver con que en Colombia la conmemoración es infantil, acá también se practica la versión de Ángeles Tomo que se realiza con la participación de adultos y las serenatas durante la madrugada.

Para Bondar el Ángeles Somos –que particularmente en Ituzaingó se realizó este año como tantos otros guiado por el ángel portando una cruz y el sonar del cencerro, los músicos serenateros y la maletera que se encargó de juntar las ofrendas de los vecinos que consisten en bebidas y comida desde las 23 del 31 de octubre hasta las 2.30 del 1° de noviembre– “abre la posibilidad de la nocturnidad” y se encuadraría dentro de dos posibles significaciones: “1) Auspicia como el umbral de paso hacia el 2 de noviembre en que se recuerda a los fieles difuntos o bien 2) Se realiza en memoria de los angelitos”.

Si bien la celebración de Ángeles Somos se enmarca actualmente en un calendario litúrgico y es promovido por las instituciones religiosas, Almaraes coincide con Bondar en que esta la práctica excede, “trasgrede los cánones de la normalidad eclesiástica” del Día de Todos los Santos del 1° de noviembre y se imbrica en otras creencias mucho más situadas.

No obstante y más allá de lo eclesiástico, para ambos las comunidades latinoamericanas comparten en estas prácticas bagajes simbólicos donde, según Bondar, los elementos “entraman en un esquema semiótico que va más allá de las fronteras”.

Al tocar la puerta de los vecinos, según el relevamiento de Alamaraes, los niños colombianos dicen: “Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosnas pa´ nosotros mismos... Aguardiente y ron pa ´ Marcelo. Aguardiente y vino pa´ Marcelino… No te rías, no te rías que la mochila está vacía. No te dilates, no te dilates, saca el bollo del escaparate.” Si la respuesta es positiva, utilizan el estribillo: “Esta casa es de rosas, donde viven las hermosas. Esta casa es de arroz donde vive el niño Dios.” Si por el contrario no hay respuesta: “Esta casa es de ají, donde viven toas las cují. Esta casa es de agujas, donde viven toas las brujas”.

Paralelamente los correntinos cantan: “Ángeles somos, del cielo venimos, trayendo regalos. Colación, colación, su bendición”. Si la respuesta es positiva el verso es: “Esta casa es de rosas donde viven las hermosas” o de lo contrario “Esta casa es de takurú donde vive el guaycurú”, entre otras variaciones locales muy bien expuestas también en el marco del congreso por el historiador ituzaingueño Miguel López Breard.

Pero además de las similitudes en las canciones, uno de los conceptos centrales que sostiene la práctica festiva latinoamericana tiene que ver con la concepción positiva de la muerte y el morir.

Para Bondar y Almaraes esta concepción en el marco del Ángeles Somos que se distancia de la muerte telúrica que reviste Hallloween yanqui podría ser una de las explicaciones de las controversias desatadas a partir de sustitución de la primera por la segunda en varias comunidades

¿Cuál es sentido de la muerte y el morir en Ángeles Somos que la diferencia de Halloween?

IB - Ángeles Somos y Holloween responden a órdenes del significado absolutamente distantes. En la primera celebración, la muerte no implica el fin de los sentidos, sino una continuidad donde el hecho biofísico del fallecimiento actúa como una bisagra comunicativa entre los vivos y el alma del difunto. La muerte no es el fin de la comunicación. Sino lo contrario. Además el muerto, el difunto es amigable. En Hallowen el muerto es un muerto telúrico. Ni siquiera el alma en pena ni el asombrado llegan a cubrir el sentido de ese muerto malvado.

MJAD - Claro incluso, en las primeras celebraciones de Halloween se dejaban las calabazas con la ofrenda afuera y lejos de la casa para que el muerto no ingresara al hogar, al lugar de los vivos. La muerte y los muertos actúan como amenazantes. Es un muerto exigente al que hay que tenerle miedo si no se le da lo que pide. Desde nuestra concepción de difuntos, incluso amerita el compartir alimentos con ellos en sus tumbas, en los cementerios donde están enterrados sus cuerpos. Siempre hay un diálogo, es un muerto que no se ha ido. El morir aquí no es un hecho terminante y dado, no es un hecho conclusivo. En la celebración de los Ángeles Somos, quienes perdieron a sus niños esperan el 1° de noviembre que ellos regresen como ángeles. La muerte no es el fin, el angelito vuelve.

De esta manera, ambos coinciden en que en esa necesidad de relación entre alma del difunto y los vivos se va montar la rememoración que para Bondar implica que “surge de la espontaneidad del requerimiento”, mientras que la matriz de expansión del Halloween “pasa por otro orden, por el concepto del disfraz”.

Cabe recordar que en la última edición de Halloween en Corrientes se generó incluso una marcha de rechazo organizada por referentes de instituciones religiosas y una manifiesta promoción de Ángeles Somos. En Colombia la apertura del camino a la celebración con brujas y calabazas provocó una invisibilización por aproximadamente 30 años la práctica ligada a la práctica de los angelitos hasta que en las últimas décadas reapareció gracias a diversas campañas, según relató Almaraes.

Iván Bondar es licenciado en Antropología Social y magíster en Semiótica Discursiva. Realiza estudios en torno a la celebración de Ángeles Somos desde hace seis años en Corrientes. Su último proyecto en desarrollo denominado "No llores porque se le mojarán las alas. Prácticas funerarias vinculadas a niños difuntos. Corrientes y Sur del Paraguay", amplía su objeto de estudio tanto en la muestra geográfica como en la temática que incluye varias aristas de reflexión ligadas a la imagen del angelito en la región. Por su parte, Almaraes Díaz es antropóloga con posgrado en desarrollo en Memoria e Historia y Gestión cultural y ligó sus indagaciones en torno al tópico a través proyecto "Ángeles Somos al Halloween Venimos. Dinámicas de cambio cultural en Barranquilla 1950- 2004. Estudio de Caso".