Corrientes, jueves 07 de julio de 2022

Opinión Corrientes

Iluminado o vende humo

10-05-2022
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(Por Jorge Eduardo Simonetti).“En cualquier situación internacional, el diálogo con el papa es importante para Moscú. Y el pontífice es siempre un bienvenido, deseado interlocutor”.

Dos capitulaciones separadas firmaron los alemanes para dar por finalizada la Segunda Guerra Mundial en Europa. La primera, en Reims (Francia), el 7 de mayo ante el comando aliado, con el general Iván Suslopárov como representante soviético. La segunda en Berlín, el 8 de mayo (día 9 para la Urss), exclusivamente ante otro representante soviético, el Mariscal Georgi Zhúkov.

¿Qué pasó? El disgusto de Iosif Stalin por no ser el protagonista, provocó que la primera rendición sea considerada como preliminar, y recién la segunda como definitiva, con la Urss como única interlocutora del lado victorioso.

Mucho se ha especulado sobre el significado que durante este 2022 tendría para las autoridades rusas el festejo del 9 de mayo, el Día de la Victoria sobre Hitler, en el marco de la invasión a Ucrania.

La mayoría de los analistas vieron como una fecha en la que la Federación Rusa, con un imponente desfile militar como acostumbran, presentara al mundo su victoria sobre el oponente ucraniano y el fin del conflicto. Sería la salida que satisfaría el ego de Putin.

Al momento en que se escribe este artículo, lo que menos se advierte es que esta guerra esté por terminar. Pero, la parada militar se hará igualmente, tal vez no en Moscú sino en Mariupol, la ciudad ucraniana derruida por el ejército ruso. Para ello, están limpiando sus calles de cadáveres, escombros y bombas sin explotar.

Si así fuera, sería una provocación lamentable e innecesaria de Putin para con sus víctimas. Pero nada puede sorprendernos en esta escalada de sangre y fuego que carece de motivación válida del lado agresor y no parece vaya a terminar en el corto tiempo.

Y a todo esto, ¿Qué está haciendo el Papa Francisco? Sus buenas intenciones están fuera de duda. Sin embargo, sus primeras reacciones no fueron las esperadas para una invasión injustificada e injustificable.

Con el título de “Francisco y el síndrome Pilatos”, semanas atrás criticaba en mi columna el prolongado silencio papal sobre el asunto y sus lamentables primeras declaraciones acerca de que “todos somos culpables”, esquivando la alusión directa a Putin y su psicopatía asesina.

Inentendible posición pilatesca la del pastor mayor de la cristiandad, en un conflicto dónde están claramente identificados los agresores y los agredidos, los victimarios y las víctimas. ¿Cómo era posible que argumentara la culpa de todos? que en los hechos significaba una exclusión de la responsabilidad del presidente ruso y de sus mandos.

Sigo pensando lo mismo. Sin embargo, nuevos hechos me obligan a repasar la labor del pontífice como proyección de futuro. Pareciera que estamos en presencia de un Papa estratégico, cuyas intervenciones y declaraciones están calculadas para oficiar de mediador válido en la invasión.

El dilema es si pueden o no convivir en una misma persona, Jorge Mario Bergoglio, el estratega que se prepara para la mediación intentando mostrar imparcialidad para generar confianza, con el pastor de almas que está obligado por su función religiosa a condenar el mal y a promover el bien.

Se conocieron en estos días las gestiones de Francisco para hablar con Putin, que comenzaron a veinte días de iniciadas las acciones. Ante la falta de respuesta, decía el religioso que “soy sacerdote, ¿qué puedo hacer?, hago lo que puedo. Si Putin abriera la puerta…”.

La primera respuesta provino de la Conciliazione 10, sede de la embajada rusa en el Vaticano, que en boca de su titular dijo: “En cualquier situación internacional el diálogo con el Papa es importante para Moscú. Y el pontífice es siempre bienvenido, deseado interlocutor”. ¿Comenzaban a dar sus frutos los mensajes confusos de un Bergoglio que preparaba el terreno para ser el mediador de confianza entre Ucrania y un hombre desquiciado como Putin?

Las declaraciones papales siguieron transitando por la demasiado ancha avenida del medio, como si justificara la invasión rusa. En una entrevista publicada en el Corriere de la Sera hace pocos días, se preguntaba si “quizás el ladrar de la Otan en las puertas de Rusia han llevado a Putin a reaccionar mal y desencadenar el conflicto”, agregando insólitamente que “no sé responder si es justo abastecer a los ucranianos”.

Traducido del italiano al castellano, el pastor de los cristianos estaba justificando la invasión y, a la vez, criticando a quienes le abastecen de armas a Ucrania para defenderse de la agresión injustificada de un país diez veces más poderoso. Es casi imposible apreciar las poco razonables declaraciones de una autoridad religiosa que debería defender al débil, al agredido, al que tiene su territorio y sus ciudades destruidas y sus habitantes muertos o exiliados.

Pero, nuevamente, vale interrogarse sobre la doble condición de Francisco, como pastor de almas por una parte y como probable mediador por la otra. ¿Le es admitido trasmitir un doble mensaje, no condenar al agresor, socializar la culpa de la guerra, con el objeto de generar confianza en los rusos para una eventual mediación?

¿Puede la máxima autoridad de la religión más extendida en el mundo, tener una verdad real escondida y una verdad estratégica expuesta? ¿El fin justifica los medios? Si el fin es ganar confianza de ambas partes, ¿pueden utilizarse declaraciones estratégicas que no corresponden a una visión religiosa con el objeto de preparar el terreno para una mediación?

¿Qué es lo que vale en una situación como esta? La actitud del pastor: “¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor!” (Isaías, 1:17) o la del diplomático: “¡Mejor es el lento para la ira!” (Proverbios, 16:32).

¿Cuál es la primera obligación de un cristiano? Ser justo con los justos y echar a los mercaderes del templo, o poner en igualdad de condiciones a justos y pecadores en pro del objetivo superior de la paz. ¿Puede Francisco ser mediador a costa de ser menos pastor?

Hay quienes piensan que las declaraciones y actitudes papales responden a su propio sesgo ideológico, cortado por la misma tijera que el populismo latinoamericano.

Nuestros socialistas siglo XXI que quieren renacer, ponen en igualdad a Zelenski con Putin, al que critican insólitamente por “defender a su patria con todos los medios a su alcance”. Las declaraciones de Lula podrían ser las del mismo Bergoglio: “Zelenski es tan responsable como Putin”.

Sin embargo, justo es destacar la posición dura de la iglesia católica en contra del expreso apoyo de la Iglesia Ortodoxa Rusa a la agresión armada contra Ucrania.

Cómo fuere, la luz al final del túnel que se advierte con la eventual visita del Papa a Moscú, no es poca cosa, y menos aún si puede resultar un interlocutor válido con un individuo como Putin.

En tal caso, “goles son amores”, y la gestión papal podría resultar, Dios así lo quiera, un golazo de media cancha.