Corrientes, jueves 19 de mayo de 2022

Sociedad Corrientes

"Jatobazinho, el valor de la esperanza", por Ángela Kuczach, de Curitiba

12-01-2022
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A última hora de la tarde de agosto de 2018, Sylvia, directora de Acaia Pantanal, me envió un mensaje diciendo que había llegado un yaguareté a la escuela Jatobazinho, a orillas del río Paraguay, en el Pantanal.

Solo pensé: Dios mío… ¡¡¡Hay un yaguareté en una escuela!!! Los niños y los yaguaretés no son una buena combinación.

En el video que acompañaba al mensaje, el yaguareté estaba visiblemente debilitado.

Sylvia envió el mismo mensaje a mucha gente. Yo también envié mensajes de texto a mucha gente. Alexandre Bossi puso inmediatamente a disposición al equipo de Onças do Rio Negro para ir hasta allí.

A la mañana siguiente, con un veterinario disponible, una avioneta despegaba para la escuela. ¿Dónde está el yaguareté?

Lo encontraron escondido en el bosque. Piel y huesos. Sedado, llevado a a la Universidad Federal do Mato Grosso do Sul (UFMS). Diagnóstico: ¡Hambruna!

¡El yaguareté casi adulto, de 1,5 años, se estaba muriendo de hambre!
No sabemos qué pasó... tal vez su madre fue asesinada por cazadores, tal vez se dispersó sin aprender a cazar bien... el caso es que con 34 kilos y en esas condiciones no aguantaría mucho más... se llamó Jatobazinho, en honor a la escuela que lo acogió.

Llevado a UFMS y de allí al Centro de Rescate de Animales Silvestres (CRAS), rápidamente duplicó su tamaño.

¿Qué hacer con él? Era impensable pensar que un animal que luchó tan duro por la vida acabaría en cautiverio.

El destino: Refugio Ecológico Caimán, donde, tiempo antes, Onçafari y el Centro Nacional de Investigación y Conservación de Carnívoros (CENAP) desarrollaron un protocolo para liberar yaguaretés en la naturaleza y para eso habían construido un enorme recinto.

Jatobazinho pasó por un entrenamiento para volver a ser salvaje: aprendió a cazar yacarés, carpinchos y chanchos cimarrones. También demostró que no le gustaba mucho tener gente cerca de él. El alma salvaje estaba allí intacta.

¿Volver al Pantanal nuevamente? No daba... ¿Entonces, qué hacer?

Junto con el CENAP se decidió darle un nuevo destino a Jatobazinho. Lo llevarían a Iberá, Argentina, donde formaría parte del programa de reintroducción de yaguaretés más grande del mundo.

Antes de eso, sin embargo, más emoción: en julio de 2019 Caimán tenía el 70% de su superficie quemada y Jatobazinho casi tuvo un final trágico. El equipo de Onçafari logró sacarlo del recinto media hora antes de que su corral se quemara por completo. Fue llevado a otro campo mientras el área se recuperaba, el gato demostró que realmente tenía siete vidas.

De regreso en Caimán por unos meses más y, a fines de 2019, finalmente, con toda la pompa y circunstancia -incluso apareció en Caldeirão do Huck- fue llevado a Argentina.

Allí, pasó por cuarentena, permaneció un rato más en un recinto y tuvo 2 cachorros con otra hembra también llevada allí para ser reintroducida. Hace un año los cachorros de Jatobazinho fueron liberados en los esteros del Iberá y ¡Corrientes volvió a rugir!

De ser condenado a muerte a un animal que está ayudando a restablecer la población de yaguareté en Iberá ... fue un camino largo e increíble.

Aún faltaba un último paso, que sucedió ayer: el 30 de diciembre de 2021, a poco más de 3 años de aquella fatídica tarde a orillas del río Paraguay, Jatobazinho fue liberado y desde ahora también vive en los esteros del Iberá.

Ganó el yaguareté que llegó a la escuela al borde de la muerte.

Para mí, como “madrina” y testigo ocular de toda esta historia, Jatobazinho significa la victoria de la vida.

También significa que cuando se juntan personas serias y comprometidas, suceden milagros: Sylvia, Teresa y Acaia Pantanal, Alexandre Bossi y Onças do Rio Negro, Mario Haberfeld y Onçafari, Roberto Klabin y Caimán, Ronaldo Morato y CENAP, equipo del PHI, CRAS , UFMS y un montón de gente… cada uno hizo su parte y Jatobazinho hizo la suya.

Personalmente, mirando hacia atrás... esa tarde, cuando recibí ese mensaje de Sylvia a más de mil kilómetros de distancia, y viendo hoy el final de esta historia, solo puedo entenderlo como una señal de este año que viene pronto... de que la esperanza, el amor, la fe y el trabajo duro cambian el mundo. Y que siempre es posible un futuro mejor.

Feliz 2022 a todos los presentes.

Que la esperanza sea nuestro faro en este nuevo año. Para nosotros y para los que no tienen voz.

*Texto que circuló en Brasil a propósito de la historia de Jatobazinho.
*Video: matiasrebak @matiasrebak