Corrientes, sábado 27 de noviembre de 2021

Cultura Corrientes

Palabra chamamé

19-09-2021
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(Por José Miguel Bonett*). Algunos sostienen que Chámame es un vocablo de origen paraguayo que significa “cualquier cosa” o “cosa hecha como quiera que venga“. Hay otras acepciones como estas: che aimé ámame (yo estoy en la lluvia), che memé (siempre yo), che ámame (a mi amada), che amó ámeme (doy reparo a menudo).

La primera pieza inscripta como chámame en SADAIC data de 1930, Sus autores eran Diego Novillo Quiroga y Francisco Pracánico, se trata del tema Corrientes Poty (Flor de Corrientes), aparecido en un disco del cantante Samuel Aguayo. La creación del nuevo rótulo obedecía al deseo de RCA Víctor de congraciarse con el público correntino, principal comprador de sus discos. Varios intérpretes del género correntino iniciaron hacia 1942 un movimiento para cambiarle el nombre, sin lograr un consenso.

En 1944 Osvaldo Sosa Cordero y sus correntinos lo denominaron Música campera. Pedro Sánchez, del trío Taraguí lo bautizó Letanía. Otros lo han denominado Litoraleña o Música del litoral Existen varios tipos de Chámame: el Chámame Maceta, de Caté (elegante, en lengua guaraní), Chámame Orillero, en el que se notan las influencias del Tango, Chámame Canción, de tónica sentimental conocido como Chámame Ganci o Chámame Triste; Chámame Kireí, de ritmo vibrante; Chámame Changüí, de ritmo lento ideal para la conquista amorosa; el Rasguido Doble, es una danza de melodía cadenciosa y el Valseado, que es una danza de pareja enlazada.

Para el guaraní la palabra es todo Y todo para él es la Palabra”. Así lo sintetiza el P. Bartomeu Meliá, uno de los más prestigiosos estudiosos de la cultura guaraní, analizando sus mitos, “cantos” y ritos. (“El Guaraní - Experiencia religiosa” / 1991). Y añade en su libro, “El Guaraní - La Palabra ritualizada” / (1991): “La palabra guaraní se dice y se hace. Los caminos de la palabra, sus sacramentos, son el canto y la danza”, sus (ñembo’e jeroky), y “el Chamamé era, originalmente, un ñembo’e jeroky”, que realizaban, especialmente, en gratitud a “Tupã”, Dios de la lluvia.

Distintos antropólogos, estudiosos de su cultura, coinciden en afirmar que los cantos presentan categorías bien diferenciadas. Como los “guau ete”, “verdaderos auténticos cantos sagrados”, también llamados “porãhei”; los “guau ai” (pequeños cantos sagrados); y los “koty hũ”, cantos profanos, que pueden ser escuchados por todos, aún por los extraños.

Los “guau ete” o “verdaderos cantos sagrados”, también conocidos como “porãhei”, sólo se acompañan con el “mbaraka” (maraca o sonajera), que es ejecutado por el “paje” con su mano derecha, y el “takuapu” (instrumento musical de takuára, especie de bastón de ritmo, que es utilizado por las mujeres, también con su mano derecha).

“En el caso de los guau, el canto, la música y la danza, forman un todo indivisible”. Hoy en día, lo demuestran así hasta los videotape filmados de sus “danzas del amanecer” y del “atardecer”, en la tribalidad “mbya” (guaraní), situada en la actual Provincia de Misiones (Argentina), del conocido cacique o “tuvicha” que adoptó el nombre de Lorenzo Ramos.

Todo lo hasta aquí recopilado de los más destacados estudiosos de este tiempo, y de mis visitas a grupos y tribalidades guaraníes, nos muestran la profunda religiosidad, íntimamente relacionada a su palabra - alma, sus cantos sagrados (guau ete), y sus rezos - danzas (ñembo’e jeroky). Y esta forma de vida se compartía naturalmente en grupos tribales familiares, que conformaban sus “táva” o “aldeas”, distribuidas en diferentes parcialidades, con asientos geográficos bien definidos, asociados y afines en creencias, costumbres y tradiciones, y con una estrecha relación de parentesco. Estos asentamientos eran conocidos antiguamente con el nombre de “guara”, nombre que determinaba a la vez “una cierta región, delimitada generalmente por ríos” (“guara”, es un término recogido por el propio P. Antonio Ruiz de Montoya), y los miembros de un “guara”, al pasar por tierra de otro “guara”, debía solicitar un permiso o “tahae”.

Creo que este es el origen del nombre “guaraní”: de “guara”: unidad social y geográfica; y “ni”: apócope de “mini”, pequeño). Existen muchos ejemplos en toda la extensión de las culturas guaraníes que apoyan esta tesis (Ver: “Guara”: aldea y río de La Habana, Cuba; Guarare: antiguo “Guara”, distrito sur de Panamá); Guaray (“arroyo de los guara”), en el Departamento San Javier, Misiones, Argentina).

Anselmo Jover Peralta y Tomás Osuna, en su Diccionario de la Lengua Guaraní, editado en 1952, traduce así a esta palabra “Guara”: -prefijo-. Origen, procedencia;
“Guara”: -sustantivo-. Casta, raza.

Quise mostrar hasta aquí, cómo su religiosidad pautaba toda su vida y todas sus expresiones culturales, como sus “guau” y sus “ñembo’e jeroky”.
Sus “ñembo’e jeroky”, como aquí en Corrientes sus “chamame”, que se realizaban los días de lluvia, y sus “sapukái”, que se realizaban los días de eclipse. Y lo natural de su práctica sólo podía desarrollarse en el ámbito intimista familiar de sus pequeños “guara”.

Por todo lo dicho hasta aquí, donde resaltan sus valores esenciales, los nombres superficiales, adjudicados a nuestro original chamamé, están exponiendo de por sí un desconocimiento de sus fundamentos de vida y de la etimología del lenguaje religioso, de la cultura guaraní correntina que lo originó.

Por el contrario, también hasta hoy existen en las ruinas de los pueblos jesuíticos, tallados en las piedras de sus grandiosos templos, ángeles tocando las “mbaraka”, que era el instrumento religioso guaraní por excelencia, con el cual dirigían sus “ñembo’e jeroky” (rezos - danzas guaraníes), sus antiguos sacerdotes, o “ava paje”, abriendo preguntas sobre un ya posible especie de “ecumenismo” antiguo en la época misional.

De los “rezos - danzas”, también ya cuentan los libros del Antiguo Testamento, ciento cincuenta salmos cantados, con acompañamiento de arpas, flautas, salterios (uno de los instrumentos que ejecutaba el Padre Antonio Sepp, cuando llegó en 1691 a Yapeyú), tambores, címbalos y trompetas, y también hasta hoy se sigue danzando en la catedral de Sevilla, el día de “Corpus Christi” el baile de “Los seis”, mostrando a través del tiempo una similar actitud de gratitud hacia Dios, en culturas tan distintas y tan distantes.

Hasta aquí mis palabras para fundamentar mi desacuerdo con tantas definiciones que considero equivocadas demostrando, además, un desconocimiento mínimo de todas las condiciones que rodean, sustentan y atesoran una cultura expresada a través de un antiquísimo y sagrado lenguaje religioso para nombrar lo más querido, como lo es este género musical exclusivamente correntino: “nuestro milenario Chamamé”.

El Chamamé guaraní correntino era originalmente una o distintas formas de sus “ñembo’e jeroky” o “rezos - danzas”, que era su natural manera de orar en comunidad, ya sea como expresión de rogativas, de gozo o de gratitud.
“Ñe´ẽ”, con acento pronunciado nasalmente, significa: idioma, palabra (palabra - alma, en lenguaje religioso). Mbo’e: es un verbo activo, que significa literalmente: “hacer la palabra”, “crear el verbo”.
“Jeroky”: como verbo negativo conjugado, significa: bailar, danzar; y, como sustantivo: baile, danza.
Esta palabra deriva además de jere: verbo conjugado que significa: girar, volver, tornar, rodar, dar vueltas. También, jerére (adverbio), significa: alrededor de.
“Okuy” (verbo): gotear, llover (“o”: contracción del verbo activo “mbo”; y “ky”: gota. “Mboky” u “oky”, significan: “gotear” o “estar goteando”.
“ñembo’e jeroky”: “Cuando llueve, danzan en ronda, creando la palabra - alma (rezando)”.

Y el “Chamamé” era originalmente un “ñembo’e jeroky” de nuestros guaraníes correntinos. Su significado lo podemos encontrar en la misma etimología posible, junto a todo lo verídicamente relatado, y a sus relaciones religiosas profundas, ya que para el guaraní, la lluvia era un bien divino, enviado por “Tupã”, para “refrescar el alma”, lo cual significaba el firme propósito de lograr el equilibrio natural de un espíritu bondadoso, sin dejar de advertir, también, su efecto benefactor para sus sembradíos.

La palabra guaraní “chamame”, viene etimológicamente de:
“Chã”: contracción de “che” (mi) y “ã” (alma); “ama”: (lluvia); “mẽ”: (estar).
Y de acuerdo a su antigua manera de traducir su pensamiento, de derecha a izquierda, ver: Avañe´ẽ: hablar del hombre - Tupã mba´e: lo que es de Dios - Yvoty ára: el tiempo de la flor, la primavera; Jasy tata: fuegos de la luna (las estrellas); Ára tiri: grieta en el cielo (el rayo); Jaguarete: auténtica fiera (el tigre); Jaguari: el arroyo de las fieras; Arasaty: la punta de la guayaba; etc.; la palabra guaraní “chamame” significa: “estar en la lluvia con el alma”.
También las reuniones de los consejos tribales se registraban los días de lluvia, para escuchar lo que Tupã, el “dios de la lluvia”, les podía transmitir a través de ella. Por eso se denominaban “amandaje”: “lo que dice la lluvia”. Tupã ru ete, tiene también a su cargo todos los mares y sus ramificaciones. Y las lluvias que envía ayudan, no sólo a sus sembradíos, sino que especialmente, “refrescan” el alma, las palabras -almas-, las plegarias cantadas cuando danzan, de los “py’a guasu” (corazón grande).

*Dr.Jose Miguel Bonet, Responsable de la Catedra Libre del Chamamé de la Unne Bibliografia Pocho Roch