Corrientes, domingo 19 de septiembre de 2021

Opinión Corrientes

Memoria, centinela del alma

12-09-2021
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 Un 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende fue derrocado en Chile por un golpe de Estado, había sido electo por una coalición de los partidos Socialista (al que pertenecía), Radical (el partido de su padre y abuelo) y el Comunista, enfrentando a los conservadores.


La Argentina peronista tuvo una relación de complicidad con la dictadura de Pinochet. El gobierno de Allende tenía una buena relación con la URSS y fue derrocado con una clara participación del gobierno de Nixon, que utilizaba a los grupos de ultraizquierda para erosionar su poder. A veces veo en los muros peronistas un recuerdo amistoso a Salvador Allende o un repudio a Augusto Pinochet. Es divertido, porque Juan Domingo Perón nunca les hubiera puesto un me gusta. Es difícil tener un divorcio tan duro con su líder.


La dictadura tuvo el rechazo de los comunistas pro-rusos y el beneplácito de los maoístas por ese mismo motivo. Nuestro rol fue lamentable. Pese a ser -tal vez- el golpe más a tono con la embajada norteamericana de la época, Argentina se adelantó a USA para reconocer al nuevo gobierno por una semana.Hubo del otro lado de la cordillera miles de muertos y la preocupación de los gobiernos peronistas 73/76 fue la coordinación de la represión en ambos lados de la cordillera, se estaba gestando el Plan Cóndor.


En el plano público Perón se encuentra con Pinochet en Morón y este es condecorado con “La Gran Cruz de la Orden de Mayo al Mérito Militar” por el ministro de Defensa peronista, quien viajó a Santiago para premiarlo con la medalla en ocasión del primer aniversario del Golpe de Estado chileno.
Pinochet luego también tuvo un encuentro con Isabel Perón, en el que propició públicamente la coordinación militar para la represión de la guerrilla. Al principio fue escandaloso el maltrato a quienes se intentaban exiliar en la Argentina. Jesús Rodríguez, un estudioso de este tema, señala la existencia de 400 personas que se refugiaron en la embajada Argentina en Santiago de Chile el día del golpe. De estas, trescientas se encontraban varadas por la falta de autorización del gobierno argentino, pese a poseer el salvoconducto expedido por la Junta Militar. De cien que se intentaron exiliar en Ezeiza, se ordenó su expulsión del país.
Argentina votó en contra de las condenas a las violaciones a los derechos humanos en Chile en la ONU en los años 1974 y 1975, estas votaciones alcanzaron - a pesar de nuestro gobierno- a condenarlo. En ambos casos USA se abstuvo, o sea, éramos más favorables al golpe que la diplomacia norteamericana.


En marzo de 1974 un documento desclasificado del Departamento de Estado da cuenta de que “el Presidente Perón autorizó a la Policía Federal y a los Servicios de Inteligencia a cooperar con sus pares chilenos en la detención de los extremistas chilenos exiliados en la Argentina. Arreglos similares habían sido dispuestos con los servicios de seguridad de Bolivia, Uruguay y Brasil (…) Esta autorización supuestamente incluía el arresto de tales exiliados y su traslado al país de origen sin recurrir a procedimientos legales.”, la colaboración represiva fue innegable.

Diecinueve mujeres y cien hombres fueron detenidos ilegalmente entre 1974 y 1975, siendo dirigidos posteriormente a centros de detención clandestinos donde fueron torturados.
Chile por esos años atravesaba una crisis internacional a partir de las reiteradas denuncias de violación a los derechos humanos, y es por esto que la Dirección de Inteligencia Nacional Chilena (DINA) logró el apoyo argentino a fin de lavar la imagen de Pinochet, sostener que no había desaparecidos muertos en Chile y desvincular al gobierno de facto de todos los crímenes cometidos durante esos años, fue el operativo Colombo. En esa cooperación se facilitan 119 cadáveres de desaparecidos argentinos en el invierno de 1975 para ser utilizados, indicando que quienes realmente habían desaparecido en Chile, y sido torturados y asesinados, habían huido a la Argentina y se habían matado entre sí o en enfrentamientos con nuestra policía.


Por esto se sustituyó la identidad de los muertos por el terrorismo de Estado en Argentina, para difundir -falsamente- que habían sido asesinados en la Argentina por sus propios compañeros en suelo argentino, en vez, a fin de ocultar un sistemático asesinato de esos opositores, de que haya sido por parte del gobierno chileno. La ficción incluyó la aparición de una revista, llamada LEA, apadrinada por el gobierno nuestro, donde se explicaba la tesis y luego fue usada como fuente para toda la prensa chilena adicta al régimen para propagar el engaño (adjunto ambas). El 25 de noviembre de 1975 la Argentina concurrió a la creación de lo que se llamó después Sistema Cóndor, que fue la planificación del terrorismo de Estado a nivel internacional. Todo esto se continuó durante la dictadura militar en la coordinación del Terrorismo de Estado, aunque enfrentados en lo territorial por el Beagle, casi vamos a la guerra.
La dictadura chilena fue larga, y su derrota fue fruto de la decisión de los partidos chilenos de oposición de realizar acuerdos políticos duraderos, con las reglas de juego (plebiscitos) fijadas por la propia dictadura. En los últimos años de la dictadura la influencia Argentina fue inversa.

Alfonsín desactivó el conflicto militar con Chile mediante el plebiscitado acuerdo por el canal de Beagle y se esmero en propiciar la democratización de Chile, porque ningún país está preparado para tener una dictadura. La democracia es un valor universal, la democracia era un requisito fundamental para la paz y la estabilidad regional. Jesús Rodríguez explica: “Tanto en el caso chileno, como en el de otros países vecinos, Alfonsín contribuyó directa o indirectamente a dotar a las fuerzas opositoras a los diversos regímenes autoritarios de la región de instrumentos discursivos, recursos de análisis y justificaciones para la democratización”.

Alfonsín convenció que un derrocamiento armado de Pinochet era inviable y favoreció estrategias opositoras para recuperar la democracia desde la acción política, algo que los argentinos tenemos sobrada experiencia. La coordinación opositora fue exitosa y se transformó en una coalición de gobierno durante varios períodos con presidentes de diversos partidos de la coalición.

Tal vez, alguna vez entendamos que la democracia es un valor universal, que no tiene sentido negar la existencia de dictaduras en los países porque nos gusta su alineamiento internacional, a quienes eligen de enemigo, o sus políticas públicas. Ese día habremos madurado como sociedad.
David Pandolfi