Corrientes, viernes 23 de abril de 2021

Cultura Corrientes

Don Ortega y Gasset profético, por José Miguel Bonet desde Mburucuyá

07-04-2021
COMPARTIR     
Foto: José Ortega y Gasset. 

Hace noventa años acuno el concepto de ‘hombre-masa’, un individuo hecho de prisa, que no escucha nada pero lo opina. En medio de la revolución digital y en un momento de auge de los populismos, que además lo padecemos,algunos pensadores y filósofos revisan este concepto.

José Ortega y Gasset alertaba en los primeros compases del siglo pasado de que el hombre medio había perdido el uso de la audición. «¿Para qué oír, si ya tiene dentro cuanto falta? Ya no es sazón de escuchar, sino, al contrario, de juzgar, de sentenciar, de decidir. No hay cuestión de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus opiniones». Desde los años veinte del siglo pasado hasta los de este han cambiado muchas cosas, pero aquellas palabras del filósofo siguen plenamente vigentes: ese individuo «hecho de prisa, montado sobre unas cuantas abstracciones e idéntico de un cabo a otro de Europa» que describía en La rebelión de las masas, su ensayo cumbre, se resiste a partir. Y sigue muy presente en las evocaciones recurrentes de muchos pensadores contemporáneos cuando se refieren al ser humano moderno: concretamente, al que vive con los cinco sentidos pendientes de una pantalla del tamaño de su mano en la que verter sus opiniones sin filtro.(ethic)

Victoria Camps. Catedrática de Filosofía Moral y Política

El término de Ortega sigue vigente, aunque hayamos dejado de utilizarlo. Es la contrapartida del individuo al que ha dado lugar la ideología liberal: libre, racional, individualista. Pero, lejos de tener criterio propio y ser capaz de distanciarse de la masa, es un individuo sin individualidad. Dicho de otra forma, el que debería ser un individuo autónomo no es más que una masa informe que se deja informar por los medios de comunicación de masas. Nuestra sociedad tiende a hacer homogéneos e indiferenciados a los individuos. Mientras que a lo largo del siglo XX, en Europa, el ‘hombre-masa’ se refugió en el fanatismo ideológico y en los fascismos, hoy lo hace en las distintas versiones de populismo, que le proporcionan una seguridad que no es capaz de buscar por sí mismo.

Actualmente, las redes sociales potencian la capacidad de manipulación y de difusión de lo peor que han tenido tradicionalmente los medios de comunicación de masas. Aunque se presentan como herramientas para una participación más amplia de los individuos en la opinión pública, esta se fragmenta cada vez más en grupos que se confirman en sus propias creencias. El ‘hombre-masa’ no ejerce como ciudadano porque se deja llevar por la masa, y las redes aumentan esa capacidad de influencia.

«El ‘yo social’ necesita ser refrendado continuamente por el resto de la red»
José Antonio Marina. Filósofo, escritor y pedagogo

Para Ortega, el gran fenómeno del siglo XX es el advenimiento de las masas al pleno poder social, que, en principio, puede entenderse como el triunfo del ideal democrático: supone un gigantesco aumento de las posibilidades vitales de todas las personas. Pero a ese ‘hombre-masa’ que domina la vida pública no le preocupa nada más que su bienestar y, a la vez, es insolidario con las causas de ese bienestar, por lo que muestra una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia: estos dos rasgos componen la psicología del niño mimado.

Una de las características del concepto orteguiano es que carece de sentido crítico y glorifica la opinión. Es lo que hacen todos los populismos. Me gusta distinguir entre democracia difícil –que se funda en el afán de encontrar soluciones justas a los problemas– y democracia fácil –basada en las preferencias personales–. El ‘hombre-masa’ desea esta última. Por otro lado, las personas responsables pueden entrar en un peculiar estado, que denomino ‘estado de masa’, y mientras se encuentren en ese estado, perderán su identidad, sufrirán un contagio emocional y se hallarán en estado de sugestión.

Las nuevas tecnologías están favoreciendo un fenómeno análogo, pero nuevo, que denomino vivir en estado de red. Los rasgos principales de esas personalidades reticulares que están demasiado tiempo en ese estado son la dependencia de la red o la hiperactividad conectiva, la impulsividad en la respuesta, la dificultad y el poco interés en distinguir lo real de lo virtual –que ha dado lugar a la posverdad– y una difuminación del yo personal y de la intimidad a favor de una hipertrofia del ‘yo social’, que necesita estar continuamente siendo refrendado por el resto de la red.

«El ‘hombre-masa’ actual sería un tipo acelerado que no sabe en realidad a dónde va»
Ana Carrasco Conde. Filósofa y directora de la revista ‘Kritches Journal 2.0’

Nos pueblan pobres abstracciones, como dijo Ortega, pero también vivimos más pobres de experiencia, más incapacitados para poder pensar y disfrutar, más ciegos ante otros puntos de vista, más polarizados, más presas de la ilusión de la singularidad cuando somos más homogéneos e intercambiables en una especie de indiferencia basada en lo cuantitativo, más acelerados… Parafraseando a Ortega, el ‘hombre-masa’ actual sería un tipo acelerado que no sabe en realidad a dónde va, incapaz de focalizarse en una tarea porque siempre tiene más que hacer, presionado por otros que, como él, van acelerados. Es un tipo competitivo e individualista que ha olvidado lo común, y que, egocéntrico, busca al otro para ser reconocido por lo que parece y no por lo que hace. A él se debe la preocupante situación de un frenesí perpetuo y de la necesidad de introducir novedades, que nos pasen muchas cosas o, al menos, que lo parezca porque en realidad cada vez disfruta menos de las experiencias.

Pero hoy, en realidad, cada ser humano vive en su mundo y lo que creemos que es más grande es en realidad más pequeño: con las redes sociales, las cámaras de eco y filtros burbuja, pensamos que tenemos acceso a todo lo que sucede, pero en realidad refuerzan nuestros propios prejuicios y nos hacen el mundo más pequeño. Cuando las redes se emplean no como lugar de encuentro humano entre personas, sino como lugar de exposición social de aquellos que solo buscan reforzar su posición y no estar solos consigo mismos, encontramos un uso que refuerza al ‘hombre-masa’ y perjudica al tejido social al atomizarlo. En ellas, cada uno se eleva a sí mismo como fuente de autoridad, tomando su fuerza del reconocimiento a través de los que piensan como él y el enfrentamiento y ridiculización del diferente. Así, el ‘hombre-masa’ se enquista y construye su mundo en torno a sus opiniones que aparecen como verdades que hay que respetar.

Y de esa abstracción del hombre masa, l José Ortega y Gasset que tenía un vínculo muy especial con nuestro país. Tenía la sabiduría para mirar desde afuera y detectar aquellas cosas en las que fallamos, los errores repetidos y las actitudes incorregibles. Hace ya 82 años, pronunció una frase que aún retumba en nuestros oídos, mezcla de reto y de aliento: “¡Argentinos, a las cosas!”.

En 1939, Ortega y Gasset visitaba la Argentina por segunda vez. En esa visita, entre otras cosas, dictó una conferencia en la ciudad de La Plata (Buenos Aires). Allí pronunció por primera vez aquella frase que se volvería célebre y que habla de algo que aún nos habita: la tan vendita grieta de hoy.

Más tarde la incluiría en su libro Meditación del pueblo joven:

¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas, directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal.

Para el hombre masa Argentino 2021 serian dos oersonas,uno Jose Ortega y el otro Jose Gasset.