Corrientes, sábado 19 de septiembre de 2020

Cultura Corrientes
MITOS Y LEYENDAS GUARANÍES POR NUBE EDICIONES EN EL MUSEO VIDAL

Diana Mariel Aguirre y las leyendas del irupé, el carau y la mburucuyá

14-09-2020
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Foto: La leyenda del Mburucuyá, por Diana Mariel Aguirre. Ilustración digital 21 x 29,7 cm

La leyendas del irupé, el carau y la mburucuyá vuelven a la vida con la artista visual Diana Mariel Aguirre en la exposición online de Mitología Guaraní inaugurada por el Museo Dr. J.R Vidal y Nube Ediciones.

Además de Diana Aguirre, participan en esta muestra Eugenio Led, Agustina Magalí Aguirre, Manuel Artigue, Marcos Billordo, Emiliano Correa, Sofía Di Pietro, Jorge Efrén Silva, Sol Flores, Matías Gómez, Gerardo Mansur, Kevin Mayore, Darío Ojeda, Alexander Roa, Fabián Roldán, Bibiana Romero y Carlos Vivas.

La muestra puede apreciarse completa en https://museovidal.wixsite.com/corrientes

LEYENDA DEL MBURUCUYÁ

Mburukujá era una doncella española blanca y linda, llegada a tierras guaraníes con su padre, un capitán. No era mburukujá su nombre cristiano, sino el que le daba quien la amaba furtivamente, un aborigen guaraní. Mburukujá y su amante se veían a escondidas del capitán español, que no hubiese permitido jamás que ella se esposase con un hereje y enemigo. El padre eligió al que deseaba que fuese marido de su hija: un bizarro capitán que la amaba, aunque de ella solo obtenía desdenes. Ella se negó a aceptarlo porque no lo amaba, y aquello exasperaba al viejo capitán, autoritario y despótico. Y así, los desdichados amantes se veían cada vez menos, a la tarde y a escondidas. Ella no podía salir de noche, ya que no lograba burlar la vigilancia paterna; pero él sí, siempre oculto en las sombras. Sólo al amanecer, se iba sin verla, pero confiando a la brisa algunos melancólicos sonidos de su rústica flauta de caña. Una noche dejaron de oírse estos sonidos… Mburukujá lo buscó a la noche siguiente, pero en vano. Pensó que estaba herido, que luchó con alguna fiera en el bosque, pero jamás que la pudiese olvidar.

El amante no apareció. Desesperada por la angustia de lo desconocido, se volvió pálida y ojerosa, triste su mirada, muda en expresión dolorosa. A nadie podía hacer partícipe de su pena de amor. Al fin, un atardecer en que ella (como si aún aguardase) estaba mirando a lo infinito, vio aparecer entre los matorrales cercanos la figura de una vieja india. Era la madre del que bien la amaba y venía a narrarle su triste destino. Había sido asesinado por el padre de ella. Mburukujá se fue tras la india al sitio donde los restos mortales de su amado reposaban: una tumba aérea, según la costumbre guaraní, perdida en el bosque. Loca de dolor cavó una ancha fosa: depositó allí el cuerpo del que por su amor muriera, y sobre él se clavó el corazón (sangrante ya antes de ser herido) con una flecha que en tiempos mejores su amante le regaló. Y la pequeña flecha de plumas quedó sobre el corazón de la muerta con una flor exótica de él brotada. La vieja india (según antes se lo indicó Mburukujá), se encargó de enterrar los cuerpos y, tiempo después, ella fue la primera en ver asombrada, cómo de aquella sepultura brotaba una planta no vista hasta entonces. Era el mburucuyá. Y sostienen los actuales habitantes de la selva y el río que, si en ella se ven los atributos de la pasión, es porque Jesús aprobó el sacrificio de la doncella. 

LEYENDA DEL IRUPÉ


Foto: La leyenda del Irupé, por Diana Mariel Aguirre. Ilustración digital 21x29,7 cm. 

"El irupé (victoria cruciana) es una planta acuática que se cria en las aguas profundas y tranquilas del Paraguay y de la Mesopotamia argentina. Sus hojas, que pueden llegar a medir hasta dos metros de diámetro, están dotadas de un reborde de unos seis centímetros que impide que el agua las penetre y puedan sostener grandes pesos, por lo que es común ver a las aves reposando en ellas y aún a pequeños mamíferos, especialmente en los períodos de inundación. La parte superior de las hojas es de un verde brillante, mientras la inferior es rojiza y está surcada por una red de nervaduras. Las hojas están sostenidas por un largo peciolo que las une a un rizoma sumergido. Las flores son grandes y de pétalos blancos que poco a poco van tornándose rojizas con el correr de los días. El fruto recibe el nombre de 'maíz del agua' y contiene numerosas semillas que pueden comerse tostadas.

Según algunos autores, 'irupé' significa 'plato sobre el agua'; para otros, y esta es la etimología que reputamos más acertada, viene de 'pe' (chato), significando lo chato que trae el agua.

La leyenda dice así:

'Érase una doncella bellísima que se enamoró de la luna. La cuitada languidecía con su amor sin esperanzas, mirando al astro de la noche esparcir su pálida luz desde la altura.

Un día, llevada por la fuerza de su pasión, se determinó a buscar a su celestial amante. Subió a los árboles más altos e inútilmente tendía los brazos en busca de lo inalcanzable. A costa de grandes fatigas trepó a la montaña, y allí, en la cima estremecida por los vientos esperó el paso de la luna pero también fue en vano.
Volvió al valle suspirosa y doliente, y caminó, caminó para ver si llegando a la línea del horizonte la podía alcanzar. Y sus pies sangraban sobre los ásperos caminos en la búsqueda de lo imposible.

Sin embargo, una noche, al mirar en el fondo de un lago se vio reflejada en la profundidad y tan cerca de ella que creía poder tocarla con las manos. Sin pensar un momento se arrojó a las aguas y fue a la hondura para poder tenerla. Las aguas se cerraron sobre ella y allí quedó la infeliz para siempre con su sueño irrealizado.

Entonces Tupá, compadecido, la transformó en irupé, cuyas hojas tienen la forma del disco lunar y que mira hacia lo alto en procura de su amado ideal.

LEYENDA DEL CARAU


Foto: La Leyenda del Carau, por Diana Mariel Aguirre. Ilustración digital 21 x 29,7 cm.

Esta leyenda es una de las más populares de la Provincia de Corrientes junto al Pombero y el Lobizón. Carau fue un muchacho apuesto y muy buen bailarín, aparte de guitarrero y cantor que vivía en compañía de su madre, para quien eran todos sus cuidados y desvelos. Pero cierta vez que ella enfermo seriamente, Carau agoto sus esfuerzos para atenderla con medicación casera, y al no tener mejoría resolvió marchar al atardecer al pueblo más cercano, distante barias leguas del rancho. En el camino encontró un baile donde se acercó por curiosidad, pero enseguida se confundió con los bailarines, atraído por una muchacha muy bella, que a su vez coqueteaba con el teniendo, en cuenta que sobre sobresalía entre todos, por su postura y elegancia.

Olvidando por completo la enfermedad de su madre, continúo bailando toda la noche hasta que de madrugada un amigo le trajo la noticia que su madre avía muerto. ¡No importa mi buen amigo! respondió Carau “hay tiempo para llorar!” Sin embargo, atormentado por el remordimiento salió del baile para hacerse cargo de su madre muerta. Cuenta la leyenda que durante mucho tiempo peregrino por el pago sin hallar consuelo. La ropa oscura que usada desgastada y desteñida por el tiempo y la intemperie se hizo trizas transformándose después en plumas, los brazos se volvieron alas y el cuerpo adquirió la forma de un ave se largó y vivir por los esteros. Además, se cuenta que la muchacha que lo retuvo en el baile también se convirtió en ave, tomando la forma de la pollona, y lo acompaña al carau en su constante peregrinar.