Corrientes, sábado 19 de septiembre de 2020

Opinión Corrientes

¿Habrá cambios muy radicales tras la Pandemia?
Por Arturo Zamudio Barrios

09-08-2020
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¿Se acerca una Perestroika a Estados Unidos? Diersksens-Formento, al hablar de una posibilidad en EE.UU. de una“ Revolución de Colores” –esta vez, el amarillo- como las que sacudieron al Socialismo europeo en la década del 90, en algún momento insinúan también la de una a lo “Perestroika”rusa, cuyos efectos son conocidos. Lucién Séve, en esos mismos “perestroikas” días, sorprendía en Francia al revés de lo que Fukuyama en Estados Unidos calificaba como la victoria histórica –o a histórica- del capitalismo, como etapa nueva –cambio de formato- del nuevo orden en vigor, algo que hoy no deja dudas, aunque muchos no lo entiendan. Todavía quienes, con dolor en el alma por su parte, tanto como en su tiempo Nathaniel Hawtorne, desesperan ante el triunfo perenne del “sentido común” y pugnan en las ciudades del Norte sobre la alteración “leninista” que permita una vida diferente a sus pueblos, han partido de ahí en sus luchas, para descubrir a cada paso que el trance que vivimos es bastante más complejo que el pensado ayer que sería. Pues la bandera fabricada por Betsy Ross, en 1776, dicen en aquéllas luchas las organizaciones de Derechos Humanos, ha sido enarbolada por el “destino Manifiesto en defensa de la esclavitud”.
Ahora bien, en las redefiniciones que siguen al análisis de la etapa mencionada, algún pequeño mérito podemos también nosotros apuntar, mediante un libro de bastante difusión (“La Crisis de las Naciones”, Moglia, Corrientes), a la vista de una observación sagaz de Ilia Ehremburg: “no es igual manejar un auto arreglado que otro en ablande”. Por supuesto… la experiencia china posterior habría de mostrar la certeza de Séve y la NEP propuesta ya por Lenin en 1921 –poner cierto desarrollo capitalista bajo el control social de las fuerzas rectoras del socialismo- con todos sus conflictos y complejidades, abriendo el ciclo del Siglo XXI. Pues éste escapa en más de un aspecto hasta a estudios siempre certeros como los del “Observatorio Mundial de la Crisis”, cuando se les escapa, por ejemplo, el papel genuino de la propiedad colectiva y las modalidades que genera: Huavei, verbigracia, la industria inteligente que tiene loco al Departamento de Estado, es, fundamentalmente, una empresa “asociada”, como lo son las partes de mayor dinamismo de Shenzen y Guanghzou, “la nueva área de demostración del Socialismo chino”, con sus 13 millones de habitantes, sus “carros” y transportes eléctricos y una eliminación casi absoluta –lo señaló Petras alguna vez- del dióxido de Carbono. Pues, el Socialismo nunca fue “estatismo”, como creen algunos, sino el predominio (la devolución, en verdad, de su trabajo al obrero) de la propiedad colectiva en la sociedad.
Allí reside por ende lo más importante de “la ruta de la seda” y no en la atracción de Trasnacionales cuyo embotamiento en el recupero de la cuota de ganancia, seguirá tan dañino ahora como antes. Y sobre todo, que la acentuación de la crisis, ya iniciada en el 2008 y acelerada en nuestros días, empieza a obligar a los hombres –como dijera Sève- a pensar que ante los ojos tenemos, no sólo el derrumbe de algo ya vetusto, sino la posibilidad de lo que pueda sobrevenir. Mientras tanto,¿ la indispensable autocrítica iniciada a partir de los sucesos del Noventa, ha culminado ya..? Es visible que no si André Guèrin, en “L’humanité”-4/VIII/20-, por ejemplo, se atiene a los tres colores del PCF, entendidos el rojo, el blanco y el azul como cierta tradición, sin inquirir cuánto de inédito ha empezado a aparecer en el Asia –las llamadas particularidades del desarrollo chino- y detenerse en una escueta caracterización del choque entre dos potencias. ¿O es que el capitalismo en declive vería con buenos ojos un horizonte de cambios históricos?
Y aquí vale la anécdota para engastar un déficit esta vez muy cercano: el de quienes hemos pujado años con escaso éxito en esta parte del mundo, sin tener mejor comprensión de lo que nos aqueja, dificultad todavía latente. Ya hace tiempo, recuerdo, durante una reunión de lo que hoy llaman “pensamiento alternativo”, un compañero me dijo en tono de chanza: “Siendo correntino, estás, por lo tanto, atado a la unidad del país como promotor del “Pacto Federal”. “¿Te parece...? Yo creería que el Pacto nos dejó fuera a nosotros, y hace muchísimo…”. Antes inclusive –añadimos aquí- de que aquel Bartolo desafinado, cuyos descendientes se disputan ahora a zarpazos la fortuna mal habida, arrojara, como escribe Julio José Chiavenatto, “Cadáveres coléricos a las aguas del Paraná”, en espera, naturalmente, del resultado que obtuvo: la difusión del cólera entre quienes no aprobaban sus crímenes “nas populaçoes ribeiriñas, informa el Duque de Caxías a Pedro II, “principalmente ás de Corrientes, Entre Ríos e SantaFé.. “(Genocidio Americano: A Guerra do Paraguai, editora brasiliense, 1979”...) ¡”Que cargue con su conciencia quien crea a semejante energúmeno el benemérito de la Argentina moderna!
Porque, tiempo después del episodio contado, nos hemos ocupado no pocas veces del asunto al entender ágrafa gran parte de la historiografía sudamericana, indígena o nó. Una profesora de Mérida, en el debate que enriquece el libro de Meabe-Saguier, comentado alguna vez por nosotros (“Metanastasis”, Anales, Corrientes, 2009) advirtió que el discurso histórico dominante está alimentado y motorizado por determinadas condiciones materiales de vida y no sólo por ideas subjetivamente existentes en la cabeza de los grandes héroes…Así, los países de América Latina, a cuya balcanización siempre se alude, realzando el papel de Inglaterra, han sido forjados como “Estados Naciones impuestos desde fuera”, centralizados y establecidos, a semejanza de aquel cuya bandera patentó Betsy Ross sobre la cabeza “anti federalista de Daniel Shays”, sin importar las pomposas constituciones “federales y democráticas” sobre las que pretendían asentarse. ¿Podemos hoy, cuando la Pandemia pone al desnudo el descalabro institucional, económico y social del capitalismo en los cuatro confines y la urgencia sí, de comenzar a debatir la idea de lo que le suceda, sin ignorar para nada las singularidades de cada lugar, tal como lo expusieran ya hace tiempo Mariátegui y Fidel Castro, es decir, el peso de aquellas incomprensiones sobre el desarrollo político de cada uno de nuestros países?
¿Podemos, por ende, desconocer nuestros vínculos con el destino del mundo con la misma abstracción usada para “escribir (si a eso se puede llamar escribir) los “Relatos” sobre cada país, en muchos casos más parecidos a la Ciencia Ficción o a las novelas románticas del siglo XIX que a historias verdaderas…? Cuando, además, la realidad nos pone en un aprieto: por un lado, ningún cambio podría darse hoy sin tomar en cuenta los derechos soberanos que cada Estado tiene sobre su existencia y, por el otro, el que una antigua inclinación hacia la nación impuesta, también ha de ejercer su presión sobre cada una. El camino distinto vendría a ser, por consiguiente, bastante de síntesis, con modelos, acaso, como el de China cuyas características estudió James Petras a fondo, provisto como está de una centralización al modo en que lo pensó Marx, es decir, como dominio del pueblo unificado que le permita ser también el más descentralizado entre los considerados “Países centrales” por su concentración de riqueza. Y no nos asombraría que éste sea el meollo mismo del asunto tanto como el más imperioso de los desafíos… El más urgente de resolver si se quiere.