Corrientes, jueves 28 de mayo de 2020

Opinión Corrientes

¿Pasa algo en el Coloso del Norte?, por Arturo Zamudio Barrios

19-05-2020
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“Norteamérica, hoy y mañana”, quizás tenga que traducirse el trabajo de Sam Gindin (“Una salida anticapitalista a la Crisis”, Contretemps revue, 2020) al volverse habitual entre numerosos obreros estadounidenses, un cotejo muy simple: cuando la Revolución de Octubre en Rusia, los pueblos habían sido acosados por la llamada “gripe española” o “catarro ruso”, cuya aparición diezmó a poblaciones ya empobrecidas –y ensangrentadas- por la absurda Gran Guerra. ¿Qué va ocurrir ahora tras este virus gestado por el maltrato de hombres y naturaleza sobre el que se irguieron la colonización, el racismo y, en fin, el capitalismo, aposentado sobre ellos? Gindin insiste en que la pasividad y el conformismo obrero, en un país cuyo poderío industrial ha sido enorme, le habrían favorecido en la comisión de todos los crímenes y agresiones características de su hegemonía mundial. Y quizás no haya total justicia en sus apreciaciones si tenemos en cuenta el pasado de quienes huían de la feroz guerra de clases, el paro y los frecuentes desastres de la Europa del siglo XIX.

Por eso, pese a la reserva conviene, para un análisis pleno, despojarse de algunos prejuicios generados en torno del país del Norte, enquistados ya en el sentido común. Michael Moore interroga a un obrero seguidor de Bernie Sanders y le formula un juicio acerca de la tradición democrática en Estados Unidos, algo que todos sus presidentes pontifican a voz en cuello. “¿Democracia…? le contesta el interrogado… ¿Con pobladores negros esclavizados hasta la segunda mitad del siglo XIX y un voto conquistado por ellos –es decir, el ejercicio de la ciudadanía- recién en el XX…? Sin olvidar la Ley de Lynch (recientemente ejercitada en Georgia1) o la discriminación de minorías aún no superada…, mientras cuadra más vale atender a lo que Oscar Wilde definió explícitamente: “salió de la Barbarie para marchar –el Coloso del Norte- directamente hacia la decadencia, sin haber pasado antes por la Civilización”.

De ahí que puedan notarse actos inusuales –advierte Gindin, sorprendentes hasta “para las maravillas de la Alicia de Lewis Carroll”, o “aprendizajes de socialismo”, según el discernimiento de H.W. Wells durante el diálogo con Lenin, en la estructura actual del capitalismo norteamericano. Como la orden presidencial a la General Motors para que vuelque su labor a fabricar “respiradores”, en lugar de automóviles, cuando, además, esta industria recibe ya los golpes de la tozudez presidencial frente a países petroleros como Venezuela, Rusia e Irán. Prueba de ello, el intento de golpe piloteado por mercenarios de Trump en la frontera colombo-venezolana, cuyo saldo fue de siete muertos, medio centenar de detenidos y un yate hundido. Toda una Segunda Playa Girón, pero esta vez venezolana y cuestionada por gran parte del Congreso, sin que la imbecilidad gobernante se haya inmutado por ello.

Mientras tanto, no pocos habitantes del mundo tratan de repensar el “día después”, sin la siembra de odio que oficialmente emana de todo el aparato bélico y administrativo estadounidense, manifiesto claramente en este despacho de sicarios y boinas verdes al país

bolivariano en oposición, obviamente, con el esfuerzo que exige la fenomenal crisis planetaria que nos acosa.

De tal modo, escribe Janine Gaspin Michel, de la Universidad de Rouen, cabría ver a la crisis de nuestros días en analogía con el período en que los dinosaurios, al desaparecer permitieron el surgimiento de animales más pequeños –mamíferos, por ejemplo- cuyo papel en el desarrollo de la vida ha sido innegable. De ahí lo imprescindible del debate de extensión planetaria, para que no todo se resuelva en condonaciones de deuda o socorro a los bancos, y lo positivo de la energía con que nuevas preocupaciones han brotado en el pueblo norteamericano, hasta ayer quizás alojadas en algunos círculos académicos. Pues, como escribiera Lucien Sève, en la realidad que vivimos no anida sólo el pasado y su expropiación de los seres humanos mediante el capital, sino buena parte de lo necesario para dejarlo atrás (“L’Humanité, 13/05/ 2020. ¿Equivaldrá el stablishment de EE.UU. y Brasil a los últimos saurios gigantes…?

Con criterio similar al nuestro se han expedido 150 primeras figuras del pensamiento, la vida política e intelectual de Francia y Europa adversas a una Unión Europea que permanece sin la “fuerte dinámica colectiva imprescindible para hacer de ella algo más que “una espera inútil”, sin haber sido hasta ahora sino un “libre mercado” de cuyos beneficios se apropian los bolsillos del 1%. ¿O no se entiende que la catástrofe emanada del mal trato de la naturaleza? El agotamiento de las tierras, el desalojo y la extinción de especies varias, la deslocación (traslado de empresas) y el paro consiguiente, tanto como el cambio climático y la locura de secundar al Pentágono y su política exterior, implican grillos sujetos al capital financiero cuya pervivencia día tras día arrastra nuevos sinsabores. Esta etapa a vivir, escribe el documento mencionado, debe hacer lugar a una enérgica acción colectiva y a convergencias partícipes de “una gran convención del mundo común”.

No otra meta se registró en América con las teleconferencias del llamado Grupo de Puebla, ante quienes formuló el Presidente argentino un juicio rotundo cuya síntesis, a la criolla, ninguna duda permite: “Barajar y dar de nuevo”. Sin ignorar, por cierto, las enormes dificultades abiertas frente a un continente –con una serpiente monroísta todavía en acecho, pese a los sitios ya liberados-, y aquélla ayudada a ratos por la minimización del peligro fascista. Porque… éste no brota sólo de la clase media pauperizada por la guerra ni desaparece porque el neoliberalismo restrinja la “estatalización” en beneficio del “mercado”. Es lo mismo que preferir los efectos letales de un obús a los de un misil, aunque cualquiera de ellos haga volar en pedazos la aldea. Pues el fascismo nace de la guerra de clases y tanto da que los sectores populares padezcan bajo la mano de gendarmes, policías o grupos parapoliciales, como bajo las garras de los “contratados” que el neo-liberal Trump usó en su esfuerzo disparatado de secuestrar a Maduro.

Pero ya San Martín solía decir que “para los hombres de coraje se han hecho las grandes empresas”. Y es la hora, como escribió Marx, de que los seres humanos analicen sus condiciones de vida y relaciones recíprocas de convivencia, si quieren sobrevivir… No son los grandes saurios los que pueden orientar el futuro, y el afán con que los socialistas norteamericanos estudian sus responsabilidades actuales tiene que ver con eso. No tendrán, acaso, las maravillas de Alicia cerca de las manos, pero sí de seguro un tipo de orden, basado en comunas y autogestión, que ponga fin a la opresión mafiosa que los sumerge día tras día en nuevos y desconocidos peligros.