Corrientes, miercoles 08 de abril de 2020

Sociedad Corrientes
ESFUERZOS EN LAS CAPITALES DEL NEA POR EVITAR CONTAGIOS DE COVID-19

Corrientes y Resistencia, postales de dos ciudades bajo un régimen sanitario sin precedentes

19-03-2020
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(Texto y fotos Facundo Sagardoy para momarandu.com). Con apelaciones a tomar recaudos preventivos en todos los niveles, desde personales y familiares hasta públicos e institucionales, las ciudades capitales de Corrientes y de Chaco ingresaron a un régimen sanitario sin igual. Barbijos, guantes, lavado de manos y gel sobre calles casi vacías y controladas estrictamente por las fuerzas de seguridad municipales, provinciales y nacionales, es la postal que domina.

Bajo lluvia y entre temperaturas de más de treinta grados, la ciudad de Resistencia atardece el miércoles casi inmóvil y con la mirada fija en el COVID-19, que la semana pasada se ha cobrado la vida de uno de sus habitantes.

Sus ciudadanos no ven la niebla, el rocío o el movimiento de la circulación, solo al virus, presente en todo, aún estando ausente, una voz que percute imperativa con tono riguroso y sobrio, y responden al llamado de vaciar calles, caminos y espacios abiertos, comprar sólo en caso de urgencia o necesidad extremos y hacerlo en uso de barbijos y guantes, a un metro o dos de distancia de cualquier persona cercana a su espacio personal.



Los rieles de las vías férreas ya no sostienen el paso del tren, que, desde el martes, ha reducido su marcha hasta desaparecer de los pueblos chaqueños, todos ellos bajo emergencia sanitaria, sin autorización para recoger pasajeros hasta que así lo dispongan las autoridades sanitarias. Los andenes, también señalados sitios de reunión prohibidos, permanecen vacíos de usuarios y de personal de vigilancia y de mantenimiento.

En el centro de la ciudad, los chaqueños caminan solos o en pareja, casi sin más compañía que las calles y veredas abiertas a su solo y único paso. No hay música, no hay charlas, no hay bocinazos, sólo un tenue sonido de viento que abraza a la ciudad, bajo garúa y sol. 



Desde el martes, los servicios de transporte urbano, colectivos, taxis y remises, recorren la ciudad en la frecuencia de un día normal, pero con la mitad o menos de sus pasajeros a bordo. Y hoy jueves ya comienzan a desaparecer. Desde este miércoles a las cuatro de la tarde, los servicios de larga, media y corta distancia entre ciudades se encuentran totalmente clausurados.

Debido a ello, muchos pasajeros tuvieron que “hacer dedo” y pedir el apoyo de algún vehículo particular o decidirse por iniciar una pequeña odisea, y caminar distancias largas, de hasta veinte kilómetros o más, para llegar a sus hogares.

La peatonal Perón se encuentra desierta a casi toda hora. Las vitrinas de los comercios cerrados muestran precios de hace una semana, un detalle poco habitual para el escenario económico inflacionario que subyace al epidemiológico, que en mayor medida ahora se cierne en torno al costo de productos alimenticios y farmacológicos a precios, en ocasiones, al borde del fraude.



No hay espectáculos, publicidades o venta callejera. No hay estacionamientos abarrotados, desperdicios en las veredas, o el vaivén del paso apresurado que marca el pulso a toda capital.

Los patrulleros de policía han tomado las esquinas, las tropas de a pie los espacios entre cuadra y cuadra. Todo quien presuma indiferencia, es indagado por el personal a cargo del área. En todo espacio abierto, nadie permanece fuera del control que ejercen las fuerzas policiales y de seguridad municipal chaqueñas.

Las parejas no se besan, no se abrazan, no se saludan. La mirada, el gesto y la distancia junto a la palabra dominan las formas nuevas de un lenguaje neutro, en alerta y preventivo.

La obra pública y privada y la actividad bancaria, además del servicio y gran parte del comercio, también se encuentra casi paralizada.



No hay manifestaciones sociales ni reclamos ni marchas, intervenciones o leyendas nuevas que expresen queja alguna desde las paredes de los edificios del gobierno.

Las galerías de moda, de arte y edificios con oficinas con medios de comunicación dentro, también han cerrado. No hay clientes fuera ni empleados dentro cumpliendo tareas de limpieza o seguridad, como se ha visto en cierres masivos con origen en otros motivos.

Los automóviles estacionados en el perímetro del microcentro chaqueño no superan los cinco minutos de espera, sin ser abordados por personal policial en servicio que solicite continúe su marcha.



Las estaciones de servicio YPF, Shell y del grupo Petro han incorporado medidas de seguridad. Los operarios de los surtidores deben, desde este miércoles, usar obligatoriamente guantes y cobertores. Junto a ellos, también se encuentran sus supervisores de área, que han decidido abandonar las oficinas para que el personal reciba información de primera mano sobre todas las medidas de seguridad que se han dispuesto debido a la expansión de la pandemia mundial, y capaciten a los clientes sobre ello.

El dinero se trata con guantes y lejos del rostro, desde las manos del cliente hasta la cartera de recaudación.

En circulación, no hay más de tres automóviles por calle, en ocasiones, igual número de motocicletas delivery, servicio de compra-venta recomendado acorde a las medidas de prevención ordenadas por el gobierno provincial hasta el 31 de marzo.

El sanatorio Güemes, uno de los centros médicos que ha aceptado casos de COVID-19 entre sus pacientes, permanece abierto con guardias activas. El edificio de seis pisos mantiene sus ventanas abiertas y sus espacios ventilados. Algunos de sus internos, saludan desde las ventanas o graban videos con sus teléfonos móviles para matar el aburrimiento.



Entre Resistencia y Corrientes la autopista ha vuelto a revelar su reflejo rural; una senda provinciana con pasos para descanso, de cuatro calles y acceso rápido para camiones de carga con madera o alimentos y automóviles particulares en marcha a velocidad reducida que abrevian su tránsito. La distancia de encuentro entre vehículos es de cientos de metros, hasta de kilómetros en algunos tramos.

La intersección de accesos hacia las ciudades de Barranqueras y la Isla del Cerrito concentra las primeras demoras debido a que allí, desde el martes, es deber dejar sentado por qué y por cuánto tiempo cada quien, si es chaqueño o tiene domicilio en la provincia, se alejará de allí, esto debido a que los síntomas del COVID-19 afloran durante la primera quincena posterior al día de contagio y, según se explica, son las autoridades del sitio donde ha tenido origen las que deberían -y así lo desean- asumir su registro, vigilancia y tratamiento.

"¿Tiene domicilio en Chaco?", es la única e inofensiva pregunta que el personal policial de la División Caminera del Chaco ha agregado a su lista de pesquisas sobre documentos para libre circulación, interrogante, además, con respuesta precautoria inmediata: "Si usted lo tiene, debe volver pronto. No debe quedarse en otra provincia".



En este punto aún no hay testeos de agentes sanitarios, el personal policial sólo asiste a los conductores y recuerda algunas de las pautas que deben tener en cuenta debido a que es muy posible que las restricciones se intensifiquen.

Desde aquí, no hay más controles fijos hasta la Ciudad de Corrientes. De un punto a otro, la vigilancia recae sobre los móviles de Gendarmería: un grupo de efectivos y oficiales motorizados custodia a los móviles particulares en su trayecto, y si los hallan con capacidad para dar apoyo a quienes se encuentran atravesando esta distancia a pie, reclama, para seguridad de los transeúntes, transporte y solidaridad.

Bajo el Puente General Manuel Belgrano, en la explanada inaugural de la Ciudad de Corrientes, se hallan tres puntos de testeo sanitario equipados para medir la temperatura de los ingresantes.

Es deber de quien decida entrar a esta provincia dejar que los agentes sanitarios tomen sus muestras y las evalúen por el tiempo que requieran. El personal policial así lo solicita, y no hacerlo puede ser motivo de conflicto y consecuencias severas.



En Corrientes, el clima es diferente. Además de agregarse a los controles policiales los controles médicos, las iglesias permanecen abiertas, y en los espacios abiertos aún se pueden ver velocistas recorrer las calles y jóvenes sin compañía en uso de los paseos para recreo deportivo.

Tampoco aquí hay besos, abrazos, música o apretones de manos.

En la extensión entera de su peatonal Junín, hasta ayer, miércoles por la tarde, los comercios trataban créditos y obligaciones fiscales; para el resto de actividad, la atención privada permanece cerrada, al igual que la Casa de Gobierno y los edificios que albergan oficinas ministeriales, salvo el de Seguridad, el de Salud, el Palacio Legislativo y el Palacio de Jefatura.

"Las guardias en los puntos de acceso son permanentes y rotativas, aquí estamos nosotros, desde las seis de la tarde, junto a nuestro comisario mayor, cuidando de todo. El flujo del tránsito cambió, y los conductores entienden, algunos, otros no tanto, que debemos saber hacia dónde van y por qué. Pero deben saber que volver a sus domicilios es lo mejor que pueden hacer, gestionar sus licencias, cuidar su salud, y la de su familia. Mañana, cuando cambie la guardia, será lo mismo, con nuevas reglas, si las hay, como se ha dicho sobre el tránsito de pasajeros", expresa un oficial bajo el puente Gral. Belgrano a momarandu.com.

Para terminar, en plena lomada, una leve curvatura que la arquitectura del viaducto interprovincial exhibe para corregir la marcha sobre sus formas hacia la ciudad de Resistencia, la Gendarmería pide ayuda para Juan, un pasajero a pie, y momarandu responde.

A partir de ahora somos dos en marcha de regreso a la capital chaqueña, donde comenzó todo, hace menos de un mes, con un caso importado de Italia.