Corrientes, martes 25 de febrero de 2020

Sociedad Corrientes
PARTE UNO

Mitomanías contemporáneas, por Alejandro Bovino Maciel

23-01-2020
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(Por Alejandro Bovino Maciel para momarandu.com) La sociedad en la que vivimos y sufrimos produce continuamente signos y símbolos, porque la mente humana se alimenta de ellos. Nos moriríamos sin el recurso del lenguaje, que es una colección de signos.

Desfallecería todo el arte, que está hecho de signos que nos envían a otra cosa: por ejemplo, veo en un cuadro la imagen nebulosa de un paisaje crepuscular, y puedo advertir que el artista me está invitando a ver ese ocaso como el final de algo que queremos con fervor. Puedo pensar en el final inexorable de mi propia vida, en el final de una relación amorosa, en el final de una promesa, pero ese crepuscular señala un final.

Escucho una cantante musitar con trémolos un pasaje de una canción y sé que está sufriendo, como el personaje al que interpreta. Hay signos y señales por donde se mire. Pero este posmodernismo siglo XXI produjo una multiplicación de mitos que están hechos de signos más complejos tejidos en una red invisible.

Los mass media fueron los promotores y alcahuetes e iniciadores de esta cadena de mitos sociales, y se podría decir que las redes sociales son las herederas directas de ese concubinato. Desde que aparecieron se disputaron al público más joven por medio de los celulares y las tablets. Todos hemos visto niños de 4 o 5 años ensimismados viendo videos de YouTube o enredados en las páginas de fotos de Instagram. Esos niños hoy son adolescentes, y prácticamente han desechado la televisión. Los agentes de publicidad lo saben y han retirado las propagandas destinadas a ese sector (entre 7 y 15 años) de la TV: saben que es gasto ocioso pagar publicidad para un segmento de edad que no está ya frente al televisor hace unos diez años. Los adolescentes desertaron masivamente para que las redes y videos los reciban con esta nueva galería de signos que quieren dar sentidos sociales a las nuevas consignas. Hay modernos líderes juveniles y no tan que reciben dinero por la influencia comercial que ejercitan en esta masa casi acrítica de mentes jóvenes hambrientas de mitos: triunfar como futbolista en las grandes ligas, como modelos de pasarelas, como actores y todo el mundo del jet set y la farándula que atraen como la luz a los insectos en la noche.

Los mitos son complejos porque operan subrepticiamente en nosotros. No avisan. Parecen mostrar una cosa pero están indicando otra. Vemos, por ejemplo, la imagen de una vedette envuelta en strass, pieles y plumas. Las piedras brillantes evocan lujo, belleza (porque difunden la luz, que es lo opuesto a oscuridad y atrae naturalmente a la criatura humana) y opulencia. Las pieles y las plumas, elementos blandos al tacto, trasmiten la idea de suavidad por medio de un cortocircuito sensorial: los ojos que nos muestran las plumas nos están enviando señales a las manos y el tacto, que son quienes ‘perciben’ la piel delicada de una mujer a través de esta sinestesia o suma de dos sentidos (vista y tacto). Aunque como espectadores en el teatro estemos a veinte metros de la vedette, por medio de la vista podemos acariciar su suavidad. Y de este modo dos o tres signos (las plumas, las pieles, los brillos) se entrecruzan para redondear una imagen ficticia de la mujer de belleza perfecta, que desde el escenario nos entrega su encanto seductor.

El mito de la diosa Venus encarnada en la Tierra se coloca así frente a nosotros, resulta tangible, no está en un cielo lejano sino acá, al lado, donde la puedo tocar y participar de su gracia.

El mito de la felicidad perdurable se repite en cada publicidad donde aparecen modelos bebiendo cerveza o conduciendo tal marca de automóvil. Usando el gancho de esta idea (la felicidad está al alcance de la mano) intentan vendernos desde desodorantes hasta seguros para vehículos. El perfume ocupa una escala superlativa. Es, desde ya, un producto suntuario. Los envases, la infografía que acompaña a la marca, el modo de vida que representan en los afiches y spots modelos y promotoras, todo debidamente falsificado se amontona en nuestras pobres vidas apabullándonos con promesas de glamour y superación.

Trataré de ir desgranando las mitomanías contemporáneas más cercanas. Nota a nota veremos las trampas que nos facilita nuestra propia mente utilizada en forma remota por ingenieros del márquetin.