Corrientes, martes 25 de febrero de 2020

Opinión Corrientes

El shopping de la costanera

18-01-2020
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(Por Alejandro Bovino Maciel para momarandu.com) Si en el pasado la humanidad tuvo que luchar contra los cataclismos, pestes y calamidades colectivas que creía enviadas por los dioses coléricos, en la Modernidad —lo dijo el filósofo John Stuart Mill— el hombre y la mujer deberán luchar contra la omnipotencia del Estado que siempre estará acechando para socavar la libertad individual. Para bien o para mal.

Esto lo comprobamos a diario. El sistema político/social mundial está en eclipse cuando no en colapso. Una brutal huelga de trabajadores (ya no decimos obreros, porque la masa crítica del trabajo en el siglo XXI va más allá de las fábricas y factorías mecánicas como en el pasado) tiene paralizada a Francia, una nación emblemática en cuanto a la lucha del pueblo por su libertad. Desde hace dos años los “chalecos amarillos” pusieron en asueto la tranquilidad expresando masivamente y en la calle el descontento con el sistema político francés. Hay conflictos en EEUU que han llevado al presidente a las puertas del juicio político de la mano de la presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso, Nancy Pelosi. Hay conflictos en España que está tratando de armar un gobierno de coalición hace más de un año, con idas y vueltas. Hay conflictos en Gran Bretaña que no termina de concretar el Brexit (salida de la Unión Europea) y aún no sabe qué sucederá cuando lo consiga. Hay conflictos sociales de todo color en Oriente próximo, y guerras, y amenazas sociales desde los migrantes más pobres a quienes los países del llamado “primer mundo” miran con recelo y desconfianza cerrándoles las puertas en las narices. Hay conflictos en Ecuador, Chile está en pie de guerra porque allí las manifestaciones se dan en medio de crudas represiones de los carabineros. En medio de toda esta conflictiva general también empiezan a crearse nuevos grupos que buscan la solución por fuera del sistema político clásico de la democracia representativa. Justamente, lo que se discute es la representatividad. ¿Qué es un representante, por ejemplo, un diputado, un concejal? Es una figura que, hipotéticamente, retiene en sí el poder de decisión sobre asuntos de la vida pública que un conjunto de ciudadanos depositó en las elecciones. Ahora conviene preguntarse, ¿por qué razón lo que este funcionario electo decide debe ser necesariamente lo que desea la mayoría? La mayoría lo ungió, es verdad, pero al día siguiente de asumir el cargo, este funcionario o funcionaria empieza a tomar decisiones políticas que afectan necesariamente la vida de los demás al ser medidas comunitarias. Y esas decisiones, claro está, no pueden dejar felices al 100 % de sus electores ya que ante cada situación la mitad de ellos prefiere el sí y la otra mitad el no. Pero el representante es uno solo y debe optar por sí o por no, defraudando a un gran número de sus propios votantes que se sienten ignorados o traicionados cuando la decisión no coincide con sus propios deseos.

He visto una foto en la que publicaron los nombres y rostros de los concejales correntinos que el 19 de diciembre dieron el “Sí” para autorizar la construcción del Shopping “Costanera Sur” con 8 votos positivos del oficialismo radical/cambiemos y la abstención de la oposición que, supongo, será minoría y se negó a convalidar el debate. No obstante, hubiese sido más claro el voto negativo de los opositores, solo para aclarar las respectivas posiciones ante la opinión pública.

Esto se erige como un claro ejemplo de la trampa de la representatividad. Esos 8 votos positivos seguramente fueron avalados por la convicción de cada concejal acerca de los beneficios que traería para Corrientes la apertura de un shopping. Ignoro si se hicieron estudios de impacto ambiental, urbanismo, medio ambiente, integración de unas instalaciones invariablemente artificiosas como son estos monumentos al consumo en todos los sitios del planeta, y otros considerandos. Más allá o más acá de todos los fundamentos, cuando una mega empresa constructora se obsesiona con un sitio y hay capital para instalar el shopping, inevitablemente termina ganando la pulseada, por aquello que ya nos decía Quevedo: “poderoso caballero es don dinero”. Esto es fácil de entender. Lo que no me resulta tan fácil de entender es cómo 8 (ocho) personas terminaron decidiendo por toda la población de Corrientes que, según los datos, cuenta con 352.646 habitantes.

Y en nombre de la democracia, el sistema republicano y la representatividad constitucional, el himno, la escarapela y etc. etc. 8 personas decidieron que sí o sí el monstruo de plástico será una realidad en medio de esa maravillosa Costanera Sur que la naturaleza nos regaló a todos los correntinos.