Corrientes, viernes 22 de noviembre de 2019

Sociedad Corrientes

Qué causa una diferencia del 500% entre dos marcas del mismo medicamento

08-09-2019
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(Por Fernando Marcópulos) La presión de la industria, las estrategias de marketing dirigida al médico y al farmacéutico y sobre todo la explicita y abierta apuesta de los CEOs de las corporaciones que manejan la industria farmacéutica, respecto a la ganancia y el lucro como fundamentos y objetivos indiscutibles de su existencia, ponen en riesgo la ética de la relación médico-paciente.

En nuestra formación académica, muy poca fue la importancia de la relación COSTO-EFECTIVIDAD del tratamiento. Siempre fue un problema “de otro”. Si es en el sistema hospitalario, el problema es de quien gestiona los recursos del estado. Si en la practica privada, el problema es del paciente o de su sistema de cuidado (Obra Social, prepaga o mutual).

Los estímulos a la investigación y a la difusión por parte de las asociaciones profesionales y científicas, omite casi imperceptiblemente evaluar este ítem cuando demuestra la “pertinencia” de una novedad farmacológica, haciendo hincapié en resultados parciales de efectos mínimos, casi pasando desapercibido el impacto de esa novedad en la “efectividad clínica”. Siendo la efectividad clínica el objetivo final de cada innovación y la relación “costo-efectividad” la medida del esfuerzo que deberá hacer nuestro paciente para cumplir con su tratamiento.

En la práctica se dan situaciones de distorsión del precio del medicamento que tienen que ver SOLO CON EL MARKETING. La popular creencia de que “lo mas caro” debe ser “lo mejor” puede ilustrarse con el ejemplo de mi primo y su peluquería canina. Uubicado en el microcentro porteño, estaba a punto de cerrar debido a los costos y competía con sus pocos vecinos bajando los precios y utilizando productos específicos de primera calidad. Asesorado ante la desesperación de ver peligrar su fuente de trabajo, implementó una nueva “estrategia de marketing”. Cuadruplicó los precios poniéndose por encima del resto de sus competidores y bajó el costo de sus productos, utilizando detergentes y suavizantes adquiridos “a granel” en mayoristas. Hoy mantiene su negocio, aumento sus ganancias y trabaja mucho mas tranquilo que antes.

¿Por qué sería distinto en la industria farmacológica si sus responsables en foros de negocios explicitan su objetivo principal?
La manufactura en nuestro país es de las mejores del mundo. TODOS los laboratorios compran sus principios activos en “La India”… y con solo revisar los manuales farmacéuticos en línea, nos encontramos con ejemplos como estos:

CORTIPYREN B
Gador
meprednisona
Corticosteroide
8 mg comp.x 20
$538.09
(22/08/2019

Frente al mismo medicamento

DELTACORT
Cassará
meprednisona
Corticosteroide
8 mg comp.x 10
$54.00
(24/04/2017)

TEMAX
Sidus
amlodipina+atorvastatín
Hipolipemiante Antihipertens.
10/10 mg comp.x 30
$1,143.08
(16/08/2019)

Contra su similar
AMLOC PLUS**
Pfizer
amlodipina+atorvastatín
Hipolipemiante
10/10 mg comp.x 30
$211.07
(30/06/2018)

¿Qué puede provocar una diferencia del 500%? Diez comprimidos de meprednisona a $ 59 y veinte del mismo medicamento cuyo principio activo fue adquirido en el mismo lugar que el primero, con un nombre más viejo y conocido, a $538. La misma asociación de un hipolipemiante y un antihipertensivo, a $211 o a $1143 dependiendo del nombre en la cajita. ¿No será tiempo de analizar en nuestras sociedades científicas la relación COSTO BENEFICIO? ¿No valdrá la pena, por compromiso con nuestros pacientes empezar a estudiar las causas de estas diferencias?

Yo estoy de acuerdo en pedir cobertura del 100% en medicamentos de uso crónico, pero si regalamos nuestra birome a los comerciantes de la salud, no esperemos después que la sabana alcance para nosotros… los “regalitos”, los congresos y los premios por prescripción, deben compensar por lo menos las pérdidas de ingresos y la jubilación, de tal manera que la “deslealtad” con el paciente y la viveza de los profesionales que afecta los ingresos de todos sus colegas, justifique la decisión de
sentarse en el sillón de los traidores. No sea que por creerse vivos estén tirando del carro de otro, como el burro que persigue sonriente la zanahoria que tiene al alcance del hocico.