Corrientes, martes 17 de septiembre de 2019

Opinión Corrientes

Sorteo famélico, por Hernán López

07-09-2019
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Así como nuestro código penal, como en otros países, contempla la figura del “hurto famélico” (acción registrable pero no punible o sancionable, dado que quién la realiza lo hace condicionado por una necesidad de subsistencia) el Gobernador de la Provincia de Corrientes, el Dr. Gustavo Valdés, generó de hecho, en Curuzú Cuatiá, la tómbola, la rifa o el sorteo impulsado y por ende no recriminable, ni jurídica, ni políticamente, de sacar un número entre varios, para tras este giro del destino, otorgar una caja de alimentos de primera necesidad, a una ganadora, a quién, socarronamente y tal como testimonia el vídeo en cuestión, le endilga el haber sido favorecida por su propio hijo, quién hubo de sacar el numerito que la habilitó como triunfadora.

En un abordaje teórico, la doctora en ciencias jurídicas de Guatemala, Hercilia María Sánchez Santos, tras el título de su tesina “El hurto de famélico y su importancia de aplicación en el derecho penal guatemalteco por generarse por un estado de necesidad” desarrolló como concepto principal qué el mismo se produce, por la acción o en todo caso inacción del estado, de no generar trabajo y dejar abandonada a su suerte a una gran cantidad de pobladores en estado de necesidad que los llevan a cometer estas acciones, en defensa natural, de sus respectivas subsistencias.

El gobernador de la provincia, más pobre, según datos oficiales, de un país depauperado, al hacer uso de una acción famélica, deslinda su responsabilidad institucional, dado que la pobreza en su provincia, por más que tenga en parte responsabilidad, no se la pueda adjudicar como atribuible a su única responsabilidad. En el afán, de comprender el acto que ha sido, duramente recriminado por sus detractores y por el concierto de la prensa fueras de la comarca que administra, podríamos arriesgar que el principal actor institucional, hizo uso del sorteo, de la suerte, como herramienta, justa y democrática, tal como la entendían los griegos que alumbraron la democracia, como también la demarquía, un sistema que consideraban aún mucho más correspondiente con los mejores valores que debía poseer una polis.

La demarquía era un concepto político, en donde por intermedio de la suerte, los ciudadanos griegos, ocupaban los diferentes cargos públicos, generando de este modo, que todos se debían preparar de la mejor manera para ello (es decir para gobernar, administrar o representar) dado que, a cualquiera, sorteo mediante, le podía tocar algún deber de estado.

Otros sin embargo, podrían arriesgar que lo famélico del gobernador, fue la acción misma, de poner como objeto sorteable la posibilidad de comer de sus gobernados, como también la de pasar una noche sin frío (también sorteó una frazada a tal efecto y declarando lo expresado), a decir del cantante “Manu Chao”, tal vez consideró que la “vida es una tómbola” y así como le tocó a él en suerte, ser ungido por el hombre fuerte para que lo suceda, pudo haber considerado que estaba haciendo lo mismo para con sus ciudadanos.

En ambos casos, el gobernador, tal como fue eximido por la mayoría de sus representados, y de la prensa que se alimenta de sus acciones y de sus declaraciones, de las que jamás recibe repreguntas o replanteos, no debe, por esta nueva figura que ha creado en el campo político, recibir recriminación, pena o castigo alguno.

Así como desde su cuenta oficial de una red de mensajería el hombre que ríe permanentemente, da a conocer los tramos de pago, como los de adicionales, de acuerdo al número de terminación de los documentos de los ciudadanos, podría utilizar el mismo mecanismo, para seguir sorteando cajas de alimentos y frazadas.

En caso de qué no lleve a cabo este procedimiento, o considerará privilegiados a los ciudadanos de Curuzú Cuatiá (en donde sí sorteó) o habrá desestimado este accionar. En cualquiera de estos dos casos, debiera comunicar, expresar tal decisión. Pero claro, como nadie pregunta, jamás se sentirá impelido a brindar una respuesta.

Ocurre, sucede, acontece, qué en ciertos muladares de occidente, como desde donde esto se escribe, el hambre famélico, además de generar, como vemos, sorteos famélicos, genera en verdad una sociedad, vertebrada por una cultura, de lo famélico en su más amplia acepción del término.