Corrientes, viernes 22 de noviembre de 2019

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Cecilia Cabrera: lo mínimo, lo real y lo fantástico

07-09-2019
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La escritora chaqueña y actriz de Stand Up, Cecilia Cabrera, acaba de recibir el Primer Premio del Concurso de Microcuentos “Mitos y leyendas urbanas”. Momarandu.com acerca este texto y otros más, como así también la lectura del microrrelato “Medialunas calentitas” realizada por la propia autora.

El libro de microrrelatos de Cecilia, "La Rebelión de la Sombra", está a la venta en versión PDF o eBook. Para contactar con la autora, Cecilia deja su número de teléfono: 0362-154717200.

El jurado del concurso microrrelatos “Mitos y leyendas urbanas” estuvo compuesto por: Hemilce Isnardo, María del Rosario Nievas y Esteban González.

Este concurso se realizó con el propósito de incentivar la creatividad en 100 palabras. Los microcuentos recepcionados llegaron de gran parte del Chaco como así, también, de Corrientes, Córdoba, Entre Ríos, Buenos Aires y Misiones.

EL MICRORRELATOS GANADOR DE CECILIA CABRERA
¿CUESTIÓN DE PERCEPCIÓN?

Mariana golpeó con su ojo el puño de Sebastián. Los bordes de sus cuencas le hicieron sangrar los nudillos, ella insistió y arremetió con el otro ojo hasta impactar en el mismo puño. Elevó la apuesta y dio un golpe seco con su abdomen a la rodilla derecha del infiel. No le importó que fuera la rodilla lesionada hace unos años. Cuando llegó el turno de enfrentar los pies de su esposo, se tiró al piso y utilizó su espalda, intermitente contra cada pie. La lucha le borró la imagen de su marido horquetado con la morocha en la mesada.

OTROS MICRORRELATOS DE CECILIA
DESPERTAR DESNUDA

Hoy amanecí desnuda y fresca en la cama. Me despertó la claridad que entraba por la ventana. Había decidido disfrutar un poco más de la suavidad de las sábanas, pero de pronto sentí humedad y dolor entre mis piernas y eso me despabiló. Aunque lo que me desesperó fue no reconocer las paredes de la habitación.

MEDIALUNAS CALENTITAS –el leído por su propia autora-



Hoy me desperté tempranito y me fui a comprar facturas calentitas para desayunar con mi mamá.
Cuando llego a su casa, ella me abre la puerta, nos vamos a la cocina, me sirve el café con leche y me pregunta: ¿Vos te das cuenta de que no existís, ¿verdad? Yo la miré sorprendida y me quedé muda. -Sí, hija, vos insistís en desayunar, pero ¿te das cuenta de que ahí no hay ninguna tasa? ¿Te das cuenta de que estás masticando aire?... Me dejó estupefacta, hoy el perfume de las facturas era más rico que de costumbre. Me dejó muda su negación de lo evidente. De pronto se levantó ensimismada y salió diciéndose a sí misma: - Otra vez estoy hablando sola... tengo que ir al médico. Y de pronto desaparecí.


PUÑETAZO
El puñetazo de Juan fue seco y sonoro. La sangre de Elena salpicó la pared de la Catedral.
El cura, horrorizado, gritó: “¡Mi pared!”


EL RELOJ DE PARED
Recién le cambié las pilas al reloj de pared y las agujas comenzaron a girar hacia la izquierda… la cama comenzó a desarreglarse, mi taza de café a llenarse, y vos volviste a entrar caminando de espaldas. Voy a esperar hasta ayer, porque volveremos a estar juntos.
Y aparecerás de debajo del camión, de pie y con expresión sorprendida.

UN CUENTO MÁS LARGO: "CENICIENTA QUIEREN QUE LA LLAMEN POR SU NOMBRE"
Cenicienta llegó a la fiesta y, de inmediato, llamó la atención del príncipe. La sacó a bailar y sintieron que había mucha química entre ellos, como si se conocieran desde siempre. La conversación fluía sin dificultad y se hacían reír uno al otro. Pero cuando faltaban unos minutos para las doce, ella huyó hacia su casa.

No pudo dormir de la emoción. Planificó lo que haría la próxima noche. Si el árbol de avellano la había ayudado para la primera noche, sin dudas la volvería a ayudar. Nunca había visto tanta gente junta ni se había divertido tanto.

La segunda noche de fiesta, el príncipe la sacó a bailar ni bien la vio atravesar la puerta. Bailaron un rato, hasta que ella le pidió que le mostrara los otros ambientes del palacio porque era la primera vez que estaba en un lugar así.

Recorrieron los largos pasillos, entraron a las distintas habitaciones y él le contó una breve historia sobre cada una. Cuando ya había conocido la biblioteca, la cocina, la sala de lectura y la sala de juegos, Cenicienta quiso conocer los aposentos del príncipe.

Mientras conversaba con él, se dio cuenta de que, si con sólo pedir un deseo pudo conseguir el vestuario para la fiesta de gala, podía pedir lo que quisiera y lo conseguiría con sólo quererlo. Se acercó a él, y lo besó. Se abrazaron y se tiraron en la cama. Ella se sintió plena, lo quiso y lo tomó. ¡Y lo gozó!

Al sonar las campanas de las doce, se despidió de él y se fue. Salió apurada para que no la vieran perder el encantamiento que la dejaría en harapos y sin móvil. Se paró en seco y lo comprendió todo. Sintió que quería seguir disfrutando de la fiesta, y que encontraría la forma de lograrlo. Entró en los otros aposentos, hasta que encontró uno femenino. Buscó allí un vestido y un par de zapatos. Se cambió y volvió a la fiesta.

Le resultaba incómodo el corset y un vestido tan abultado, pero necesitaba pasar desapercibida por lo que decidió soportarlo. En seguida la sacaron a bailar otra vez. Fue una noche espléndida, conoció mucha gente nueva y bailó hasta el cansancio.

Cuando se sintió satisfecha de diversión, le pidió a un grupo de chicas que ya se iban que la acercaran a su casa.

Al llegar, la recibe su madrastra con cara de pocos amigos. -¡Cenicienta! ¿Estas son horas de llegar? ¿Quién te dio autorización para salir? ¡El desayuno debería estar listo!

La joven miró a la madrastra con calma pero con firmeza. -Si querés desayunar, el personal de servicio está en la cocina. Yo me voy a dormir porque estoy cansada. Y, por último, ¡mi nombre no es Cenicienta!