Corrientes, martes 17 de septiembre de 2019

Opinión Corrientes

¿Hemos perdido Democracia con democracia interna?, por José Miguel Bonet

21-08-2019
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¿Ha ganado Rousseau y ha perdido Montesquieu? Si en un Estado democrático los partidos son los sujetos efectivos de la acción política, debe preocupar el ejercicio de la democracia en su interior porque afecta sustancialmente a la democracia en todo el Estado.

Sin partidos no hay democracia posible, pero sin partidos democráticos tampoco. Ese es el grave problema de nuestras democracias.

Pero este problema no tiene soluciones sencillas y hay que andar con mucho cuidado, cuando parece que las hemos encontrado. La democracia presupone elecciones, ¿hay democracia en las primarias?: una parte. PASO significa “primarias abiertas, simultáneas y obligatorias”. Son elecciones internas de los partidos políticos pero donde votan todas las personas incorporadas al padrón electoral –por eso se las llama “abiertas”–, lo hacen el mismo día y con el requisito de la obligatoriedad.

La incorporación de ese régimen electoral al sistema legal argentino fue establecido a propuesta del gobierno de Cristina Kirchner en 2009, luego de una ronda de diálogos con la totalidad de los partidos, donde hubo consenso ampliamente mayoritario con las fuerzas políticas que entonces eran opositoras para establecer esa nueva modalidad de elección de candidatos/as. Para que pueda hablarse de democracia hay otro elemento sustancial: el control y la rendición de cuentas de los elegidos ante quienes les han designado.

En las primarias se procede a elegir un líder pero, muy difícilmente, este líder rinde cuentas a sus electores. ¿Por qué? Porque la relación se establece entre el líder y quienes le han elegido, sin órganos intermedios que encaucen y filtren esta relación. La estructura de un partido que elija por primarias a su líder es lo más parecido a una dictadura: el líder (caudillo) sólo dice obedecer al mandato que ha recibido de los afiliados (pueblo), pero éstos tienen muy poca capacidad de hacerle llegar su opinión durante su mandato, controlarlo y exigir responsabilidad por sus actos. El líder de forma casi automática se ha encargado de crear una estructura burocrática a su alrededor, escogida por él, que lo hace inaccesible. Ha sido elegido desde abajo, pero una vez ha llegado arriba no debe dar razón de sus actos hasta una nueva elección. ¡Tiene legitimidad de origen, pero no de ejercicio!

Antes, entre ese líder y los simples afiliados había un conjunto de órganos intermedios en donde, mejor o peor, se discutía el rumbo del partido, sus decisiones y la idoneidad de la dirección. Había lo que podría denominarse una democracia parlamentaria, indirecta, con sus órganos donde se expresaban corrientes diversas y se debatían todo tipo de cuestiones. Ahora, con democracia directa, hay obediencia ciega, no se puede ni chistar: los de abajo no tienen dónde discutir, la cúpula decide sin consultarles y, a la vez, arropa al líder supremo. Hemos perdido democracia en el ejercicio de la en democracia interna.

No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia nos recuerda Montesquieu quien era miembro de la nobleza francesa, al mismo tiempo que era admirador del sistema constituyente inglés, el cual consideraba personalmente el mejor sistema político, totalmente capaz de certificar la libertad de los hombres e impedir el despotismo de los gobernantes.

De aquí surge el aporte más importante de Montesquieu, el cual fue la separación de tres poderes que propuso como la forma de gobierno idónea. Estos tres poderes necesitaban mantenerse dentro de un régimen de contrapeso donde cada uno de ellos se contrarresta, pero a la vez se relacionan, garantizando así la justicia social y asegurando la obediencia de los gobernantes a los derechos de su pueblo.

Si hablamos de Rousseau, partimos de que sus ideales se fundamentan en la suposición de que los hombres tienen derechos naturales que deben ser respetados y salvaguardados por todos, pero éste, además, se fundamenta en una teoría que sugiere que la naturaleza humana característica empezó en un estado natural de situación perfecta, en la cual todos los hombres eran bondadosos, pero al constituirse la sociedad nacieron las diferencias y con ello nació el egoísmo. Esto ocasionó que los seres humanos olvidaran sus sentimientos honestos concedidos por la naturaleza, para cambiarlos por una actitud fría e ilegítima que los aparta de su bondad natural, Él habló de la voluntad general, la cual corresponde a una voluntad soberana, y se trata de que la voluntad de la comunidad actúa como un todo, y todos los individuos forman parte de ella; teniendo en cuenta que es casi imposible toda una población esté de acuerdo, se hace necesario implementar una ley o contrato de sociedad, donde quede establecido la voluntad de la mayoría, ¡¡para que los pocos en desacuerdo la acaten!!