Corrientes, jueves 14 de noviembre de 2019

Sociedad Mundo

El derecho a la luz de las estrellas (y a la oscuridad)

13-08-2019
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Foto: Vía Láctea sobre un mar de nubes desde Temisas, Gran Canaria.

Vivimos rodeados de pantallas. Pantallas que emiten luz, mucha luz. Móviles, ordenadores, tabletas, televisores, lámparas… El primer mundo vive entre incesantes y poderosas luces. Fuera, en la calle, farolas, vehículos y fachadas impiden conocer uno de los fenómenos más bonitos, gratuitos y sencillos del mundo: contemplar el cielo nocturno, repleto de estrellas y cuerpos celestes. Este año, se cumple un cuarto de siglo de la Declaración universal de los derechos de las generaciones futuras, que afirma lo siguiente: «Las personas de las generaciones futuras tienen derecho a una Tierra indemne y no contaminada, incluyendo el derecho a un cielo puro”.

El documento se firmó en la ciudad de La Laguna, en Tenerife, una de las islas amparadas por la llamada Ley del Cielo, creada hace algo más de 30 años. Gracias a esta regulación, pionera a nivel mundial, tanto la isla de La Palma, como la parte de Tenerife con visión directa desde La Palma, están protegidas de la luz artificial y del propio ser humano, empeñado en descubrir hasta la última sombra conocida.

Canarias quiere dar un paso más añadiendo en la futura ley de cambio climático la contaminación lumínica como uno de los aspectos más nocivos para el planeta. Porque no solo afecta a la calidad de los cielos, sino que es perjudicial para animales, plantas y para las personas, al afectar a los ciclos de sueño debido a la falta de oscuridad. Por tanto, si no se pone remedio, llegará, porque lo hará, el día en que niños y niñas crezcan sin estrellas, a pesar de vivir rodeado de millones de ellas.

La contaminación lumínica es una grave realidad en España, a la cabeza de la UE en gasto en alumbrado público. Según el Atlas Mundial de Contaminación Lumínica de 2016, elaborado por un equipo del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Contaminación Lumínica, el 60% de la población europea vive bajo cielos contaminados. Y un dato demoledor: la Vía Láctea permanece oculta a más de un tercio de la humanidad. 

Fuente: La Marea