Corrientes, viernes 23 de agosto de 2019

Opinión Corrientes

Abuelas nodrizas, por Alejandro Bovino Maciel

01-08-2019
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Foto ilustrativa

(Por Alejandro Bovino Maciel) En estas últimas décadas se fue haciendo cada vez más real la emancipación de la mujer del yugo doméstico al que estaba casi condenada por las costumbres patriarcalistas de una sociedad que asomaba al siglo XXI con resabios religiosos y sociales del siglo VI a. de C.

Por fortuna todo este esquema irracional de sumisión femenina que H. Ibsen ya adelantara con el estreno de la obra “Casa de muñecas” en 1879 se fue diluyendo lentamente gracias a la lucha incansable de miles de mujeres obreras, operarias, amas de casa y proletarias. También las sufragistas de clase media empujaron los resabios machistas y se manifestaron públicamente en defensa de los derechos ciudadanos.

Pero si el siglo XX fue la lucha por liberar a la mujer, me parece que se nos avecina otra lucha para liberar a las abuelas que, por orden de las circunstancias, han quedado al cuidado y crianza de los nietos en este ajetreado siglo XXI.

Cuando la mujer debió salir al mundo del trabajo quedaba vacante la función del cuidado de los niños que, como todos sabemos, necesitan atención, supervisión, ayuda, control y asistencia de un mayor hasta que adquieran una mediana autonomía, lo que no sucede antes de los 6 a 10 años, con suerte. Esa vacante la ocupan en gran medida las abuelas. No he visto hasta hoy un solo abuelo varón auxiliando esta tarea, más allá de sacar a pasear por la plaza a los niños.

Amigas y pacientes a quienes atiendo me cuentan con resignación que desde temprano en la mañana pasan los hijos o nueras a “dejarles los chicos” cuando se van a trabajar. Los retiran por la tarde al salir del trabajo. Todos comprendemos que es más práctico, genera más confianza, asegura más cariño que los pequeños permanezcan con sus abuelas, aunque parece que nadie piensa seriamente en las abuelas. Una de mis conocidas me dijo “yo crié a mis hijos sin ayuda de nadie, no es justo que también deba hacerme cargo de mis nietos a los 60 años”. Todo un ciclo de responsabilidades recomienza con cada bebé que va creciendo, junto con las necesidades de cuidado permanente a cargo de una mujer que ya no tiene las fuerzas, la paciencia ni las expectativas de vida que tenía a los 20 o 30 años cuando le tocó ser madre. Ni qué decir si en lugar de uno son tres o cuatro niños a cargo en la guardería familiar. Otra amiga me decía “prefiero dejar a mis hijos con la abuela antes que con personas extrañas”. Le pregunté si lo había conversado serenamente con su suegra y me respondió “ella aceptó”. Insistí, porque sabía por otras fuentes que la señora en cuestión no estaba muy feliz de tener que hacerse cargo permanentemente de los dos nietos pequeños, pero mi amiga prefirió “dar por sentado” que si aceptó es porque está contenta. Nuestra mente nos regala continuamente las explicaciones que necesitamos para sentirnos tranquilos.

Todo esto es muy nuevo, muy de moda. Pero no olviden queridas lectoras, estimados esposos de esas lectoras: no tardará en hacerse oír las voces de esas abuelas agremiadas que si bien consiguieron salir del encierro del gineceo en el siglo XX, las volvieron a entrar en la guardería familiar en el siglo XXI.

Todo esto no tiene vigencia para aquellas abuelas felices de estar al cuidado de uno o 99 nietos. Dios, si existe, les conserve la paciencia y la felicidad. Pero sé que hay muchas abuelas que ya comienzan a murmurar una palabra que viene inscripta en el ADN humano: libertad.