Corrientes, viernes 23 de agosto de 2019

Opinión Corrientes

Seguridad, por Silvia Fantozzi

18-07-2019
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( Por Silvia Fantozzi).El mundo nunca fue, es ni será un lugar seguro.
El infantil refugio del vientre materno es una fantasía explotada por mercaderes que hacen del mundo un lugar mucho más peligroso. Y llenan sus bolsillos o las urnas vendiendo seguridad.

En épocas pasadas las gentes que debían atravesar el bosque para ir a otra aldea se despedían de los parientes casi deudos porque era sabido que quizás no regresarían jamás. Bandoleros y animales salvajes arremetían contra cualquiera que se aventurara.

Los santos de los caminos como imágenes, velas o cultos regionales, del tipo Gauchito Gil, acompañaban a los viajeros que atravesaban montes y espinillares.

Desde sus inicios cualquier cosa viva corrió entre pterodáctilos y lluvias de fotones, intentando sobrevivir.
Muchas personas dicen, “antes se dormía con la puerta abierta”. En mi infancia pueblerina eso no sucedía, y cada tanto aparecía alguien apuñalado o mujeres golpeadas, que claro nadie era diagnosticados de femicida. Aunque muchas veces, el hogar era también un sitio peligroso.

En las estadísticas, el violador nunca es un sátiro desconocido apostado en la penumbra sino algún pariente cercano, vecino o guardián, portero, o encargado del cuidado de niños. Da más miedo pensar eso y encubrir crímenes privados que salir a pedir más policía o gendarme, prefecturero o brigada anti algo.

Todas las personas desean seguridad, en sus parejas, en sus negocios en cualquier micro emprendimiento, en la peluquería o que el panadero use una buena balanza, eso no es malo. El problema es cuando ese deseo se convierte en exigencia. Y los aprovechadores de turno prometan algo que no se puede cumplir.

Infelizmente, caperucita, nadie puede darte seguridad sobre nada. Ese sueño imposible y esa promesa tramposa, estaría arrasando áreas que sí pueden y deben garantizarse, el derecho a la salud, la educación y la igualdad de oportunidades.

Como diría Dorita: Para que quiero un policía en la esquina en la puerta de casa y adentro del baño si no tengo nada para que me roben.

Acusar a los más desprotegidos de todos nuestros problemas es otra treta bizarra y ruin. Tanto como montar grandes entretenimientos hollywoodenses, obscenas ofertas de vuelos a Dubái en la parada de los colectivos burlándose del refrán –envase de la sabiduría popular, vox dei– “No se debe contar monedas delante de los pobres”. Por otro lado, ellos se contienen; los ladrones grandes no. Siempre son voraces y asesinos. Pirá añá de guante blanco.

La seguridad es el engañapichanga de los encubridores de sus propios desperdicios.