Corrientes, viernes 23 de agosto de 2019

Opinión Corrientes

Corrupción, por Silvia Fantozzi

12-07-2019
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La corrupción es más vieja que la inundación. Y sus espectros son la ridícula herramienta para desarticular peligros y amenazas de posiciones creativas en los paisitos que intentan crecer, expertos en desarmar proyectos de bienestar.

Unos de los primeros casos de corrupción documentados fue el de la diosa Afrodita que le canjeó al pastor Paris la manzana de oro por la mujer más bella; Eva aceptó también comerse la fruta por la sabiduría que le prometió la serpiente.

En la historia antiquísima, lejos de los mitos, Heródoto refiere el caso de la hija del rey de Esparta, acosado por Aristágoras quien llegó hasta Cleómenes, el susodicho rey, a pedirle ayuda militar. Le pidió que hiciera salir a la criatura que estaba con él, la hija del rey que tenía ocho o nueve años. El rey le dijo que dijera lo que quisiera.

Sin más preámbulos, Aristágoras arrancó ofreciéndole 260 kilos de plata si accedía a satisfacer sus demandas. Como Cleómenes se rehusaba fue aumentando la cifra hasta 1.269 kilos. Momento en que la niña exclamó “Padre, si no te alejas de aquí, el extranjero acabará por sobornarte.” El rey se retiró a otra habitación.

Una más:

Aristófanes consagradísimo comediante, hace dos mil y pico de años, asesta: “¡Jueces, ustedes son como el culo, por más que se limpien siempre están sucios!”

Encontrar al corrupto de turno para que el partido pierda una elección es la fruta más hedionda y rancia. Todas nuestras instituciones lo son. Corruptas y rancias. Y mal que nos pese, funcionan.

Todos somos corruptos, aceptamos cosas inaceptables, por seguridad, miedo, comodidad, pereza, prestigio y todo lo que puede dar el vil metal. Y lo peor, corrompemos a nuestros hijos prometiéndoles cosas si hacen lo que deben. Y niñitos que casi no hablan aceptan sobornos por un terrón de azúcar como los caballos “si te portás bien” engorda a la criatura, al quiosquero y a las golosineras creando seres dependientes e inseguros. Futuros corruptos entrenados en familia.

Por estas razones endilgarle corrupción al enemigo es un bastón que mide la propia mugre.

SI en cualquier simplificación, como aprendíamos en matemáticas, se tachan los dos términos (el de arriba y el de abajo) queda uno. En el tema de robar los dos oponentes están iguales.

Enchufar “desprolijidades” corre la discusión seria de los temas importantes.

Los temas a tratar son la salud, la educación, ¿en manos de quién?, ¿de dos o tres empresas sin alma? ¿Quién se ocupa de la protección a los desamparados?, ¿seguirán empujando personas afuera del sistema del agua potable, del trabajo? O seguiremos con las campañas en Capital de juntar la caca de perro. Juro que eso dice la televisión, no necesito exagerar nada. En mi hamaca paraguaya, la mente sin metáforas, es arrasada por la limpia, impune realidad que barre cualquier decencia.

A la hora de votar la pregunta no es quién roba menos, ni quién ya tiene o tendrá más dinero. Sino qué proyecto de país se desea. Qué clase de dignidad necesitan los expulsados en su propia tierra. Qué electricidad se puede acercar, qué escuela con calefacción.

Más que refugios de comida y techo –las personas no necesitan beneficencia si tienen modos honestos de ganarse el pan de cada día– hacen falta planes para crecer y poder tener mascotas para alimentar y que caguen cada baldosa porteña.

Página de la autora del artículo: www.silviafantozzi.com.ar