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Sociedad Mundo Domingo 14 de febrero de 2010 
HOMOSEXUALIDAD EN EL CINE LATINOAMERICANO
Un rostro en la oscuridad del silencio
Por: Jorge Luis Lanza Caride , para momarandu.com*) La representación de la homosexualidad en el cine latinoamericano en comparación con otras minorías ha sido un tema bastante abordado en la cinematografía de nuestra región, lo cual no significa que éste haya tenido el tratamiento adecuado desde sus múltiples expresiones: homosexualidad, bisexualidad, lesbianismo, entre otras posibles miradas.

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Tampoco existen abundantes textos que se acerquen a esta temática con sus evidentes complejidades y heterogéneas aristas. No es mi intención realizar un análisis sobre la historia del cine gay en la Latinoamérica, sino más bien realizar un modesto acercamiento sobre tan sensible tema, y de esa manera intentar demoler los múltiples estereotipos existentes en torno a algunos filmes que han abordado esta expresión de la sexualidad humana. He seleccionado para iniciar mi análisis la cinta No sé lo digas a nadie (1998), del destacado realizador peruano Francisco Lombardi (La ciudad y los perros, Mariposa negra), basada en la obra homónima del escritor Jaime Bayly.

A diferencia de otras cintas que muestran la exclusión e intolerancia que son objeto continuamente los homosexuales, No sé lo digas a nadie devela cómo el sujeto gay en una sociedad homofóbica se obligado en muchas ocasiones a reprimir su identidad, lo cual lo conduce como es lógico a experimentar un conflicto existencial generado por la exclusión y presión de una sociedad homofóbica e intolerante. Salir del clozet es el término que se utiliza en la jerga del mundo gay para identificar a aquellas personas que deciden asumir públicamente su preferencia sexual, he ahí la principal virtud de esta cinta que dramatiza la naturaleza de este conflicto.

Para Rufo Caballero: “El discurso de la película desnuda la condición social acerca de la homosexualidad como desvío y la necesidad de corregir esa aberración identitaria. No dibuja la sublimación de un gran amor homosexual, sino que relata la historia de un personaje al que los ultrajes y las decepciones no le permiten amar desde su condición y decide entonces convenir en el juego de la doble moral.”

No sé lo digas a nadie cuenta la historia de Joaquín, joven perteneciente a una familia acaudalada en el Perú contemporáneo, quien se debate entre dos caminos: defender su identidad gay con todos los obstáculos que dicha postura implica en una sociedad excluyente y homofóbica como la descrita por Lombardi en esta cinta, o sumarse al juego de la dualidad moral para satisfacer de se modo no sólo las expectativas de dicha sociedad, sino también las exigencias de una familia que defiende el patrón heterosexual burgués, esquema que siempre han defendido muchas sociedades en todas las latitudes de este mundo.

En ese devaneo moral Joaquín tendrá que sentir el peso de la exclusión mientras intenta vivir libremente su pasión sexual, su existencia roza los límites de lo socialmente aceptado.

Conmovedora resulta la escena en que Joaquín le revela a sus padres su preferencia sexual con toda la valentía que tal acto implica.

Otra cinta donde el abordaje del tema gay posee un matiz peculiar aunque no exenta de lugares comunes es El beso de la mujer araña (1986), del brasileño Héctor Babenco (Carandirú, Pixote), basada en la novela homónima del escritor Manuel Puig y la cual aborda la amistad entre dos seres totalmente diferentes pero hermanados por su confinamiento en prisión, uno es homosexual y vive sujeto a ese mundo de fantasía que ha inundado Hollywood en su mente, y el otro es un militante comprometido con la izquierda en el Brasil contemporáneo. La contraposición de caracteres viene a ser el toque que le confiere la originalidad a la cinta, al mostrar con un enfoque humanista la relación entre dos individuos distintos pero similares no sólo por encontrarse privados de su libertad, sino por formar parte de la diferencia, el primero por su orientación sexual y el segundo por su posición política.

Entre los grandes valores que posee la esta cinta se encuentra su originalidad al abordar la diversidad sexual a través de dos personajes con preferencias sexuales distintas, el sujeto gay y el heterosexual, relación que se consolida en condiciones límites de la existencia humana, y pese a las diferencias entre ambos seres prevalece la aceptación de esas diferencias.

En ese sentido El beso de la mujer araña viene a ser un canto fílmico a la tolerancia desde una propuesta estética inédita en el cine de la región, es decir, el llamado cine dentro del cine, recuérdese que Molina, el protagonista de esta sublime historia, fascina a su compañero de celda con relatos emanados de clásicos de la historia del cine, a través de imágenes que identifican la fantasía cinéfila de este sujeto, recurso visto años después en los filmes Cinema Paradiso (1989), del italiano Giusepe Tornatore,

y Los soñadores (2000), de Bernardo Bertolluci.

De cierta manera el filme se antecede a la cubana Fresa y chocolate (1993), de los realizadores Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, debido a que ambas cintas apuestan por el respeto a las diferencias en sus diferentes variantes, no sólo la sexual, sino también la importancia de reconocer las diferencias de pensamiento, tan cercenadas en nuestro continente por dictaduras militares y gobiernos populistas.

El beso de la mujer araña no sólo trascenderá por la profundidad del tema, sino por el excelente desempeño de William Hurt al encarnar a Molina, cuya interpretación logra impregnarle a su personaje una intensidad dramática sin precedentes en la historia del cine gay, sólo comparada por Tom Hanks en Filadelfia (1992), de Jonathan Denme, la citada Fresa y chocolate, y Antes que anochezca (2000); de Schnabel, donde el varonil Javier Barden interpreta majestuosamente al escritor cubano Reinaldo Arenas, quien murió en New York en 1990.

Los filmes mencionados corroboran lo expuesto por los críticos Joel del Rió y María Caridad Cumandá al afirmar que “ a partir de los años ochenta, hasta adentrado el siglo XXI, no pasa un año sin que se estrenen diez o veinte cortos o cortometrajes, documentales o ficciones de tema gay, en una suerte de avalancha que ha conseguido poner de moda el asunto, según existe en los diversos países y culturas. La crítica internacional reconoce que por primera vez en la historia existe una presencia sustantiva de gays y lesbianas en las pantallas.”

Lamentablemente lo que más ha lastrado el abordaje de esta temática en la gran pantalla es la excesiva representación derrotista del gay al mostrarlo como sujeto usualmente asociado a la marginalidad, la exclusión, el sufrimiento y hasta la misma muerte desde la irrupción del flagelo del SIDA, enfermedad que indiscutiblemente ha causado más estragos en este grupo social por ser el más vulnerable.

Con la entrada del nuevo milenio aparecen cintas que exponen un tratamiento diferente y renovador en el abordaje del tema, tales como la mexicana Y tú mamá también (2001), del realizador Alfonso Cuarón, la cual contó con las interpretaciones de Gael García Bernal, Diego Luna y la española Maribel Verdú.

Aunque esta cinta se ubica dentro del llamado género road movies, su contribución al tema estiba en abordar la iniciación sexual de unos jóvenes pertenecientes a la cúspide social de la sociedad mexicana que en su afán por descubrir los misterios del placer sexual se enfrentan a sus propias dudas y confusiones desde un prisma psicológico que tiene su culminación en ese brusco e inesperado beso que ambos se dan en un inesperado desenlace, último encuentro que se produce en la vidas de los protagonistas de esta singular historia con aires postmodernistas, al recurrir a recursos narrativos rupturitas.

La colombiana La virgen de los sicarios (2000), dirigida por el franco iraní Barbet Schroeder e inspirada en la novela homónima del escritor Fernando Vallejo ofrece una mirada distinta en el abordaje del tema gay. Aquí la homosexualidad convive con la violencia y la marginalidad de la Colombia contemporánea. El protagonista de esta singular historia, Fernando Vallejo, luego de varios años de exilio regresa a su Medellín natal y encuentra el amor en un inescrupuloso joven sicario que no vacila un segundo para entregarse al crimen con la misma frialdad que se entrega al sexo con su amante devenido escritor y protector.

Una virtud de esta cinta radica en la capacidad de su realizador para mostrar la contraposición de caracteres. Por un lado Alexis se muestra despiadado y vulgar, y por otro compasivo y hasta mantiene una cuota de ingenuidad y candidez aún no perdida pese a la crueldad del medio en que se desenvue día a día.

Hay una escena paradigmática en este sentido, es aquella en que Fernando y Alexis se encuentran a un perro que agoniza en una pestilente alcantarilla de la urbe colombiana y éste es incapaz de matarlo haciendo evidente su compasión. La virgen de los sicarios tiene como antecedentes las cintas Los olvidados (1950), de Luis Buñuel, La vendedora de Rosas (1997), del colombiano Víctor Gaviria, las venezolanas Sicario (1993), de José Novoa y Huelepega, la ley de la calle, de Elia Schneider, filmes pertenecientes a una estética que se tornó retórica y excesiva en la cinematografía de la región en la década del noventa, recibiendo el calificativo de cine de la pornomiseria.

Otras cintas que revelan otras realidades del mundo gay son las brasileñas Carandirú, del realizador Héctor Babenco, y Madam Satá, de Karin Ainouz. Precisamente la cinematografía brasileña es la que mejor ha abordado el tema en la región desde una mirada satírica pero no maniqueísta.

La historia de Carandirú está ambientada en el mundo carcelario revelándonos a la vez aristas no muy exploradas por los realizadores latinoamericanos, como la presencia de las relaciones gay en una superpoblación penal terriblemente masacrada en la década del noventa y demolida poco tiempo después como estrategia del mismo gobierno brasileño para evadir evidencias de su responsabilidad en ese trágico suceso ocurrido en una zona de la realidad convertida en reservorio de exclusiones.

Carandirú constituye el rostro oculto de la sociedad brasileña, imagen que eluden sus gustadas telenovelas, especie de postales para turistas. La representación de la homosexualidad en la cinta elude esos enfoques simplistas y caricaturescos que han caracterizado otros filmes realizados anteriormente en relación al tema, al mostrarnos los matices inherentes que posee el no menos complejo micromundo carcelario, desde la homosexualidad asumida en el personaje de Lady Di hasta la bisexualidad latente en Barba, quien por un lado acepta tener relaciones sexuales con otros compañeros de celda y lo vemos luego junto a su esposa e hija el día de la visita. El travestismo como parte de esa otredad también está abordada en el filme, con la materialización simbólica de un matrimonio gay, algo sin precedentes en el cine latinoamericano.

En el caso de Madamae Satá nos encontramos que el protagonista del filme es un homosexual que se mueve entre el submundo marginal, con toda la violencia que éste trae aparejado, el travestismo, y cierta dosis de dignidad reunidos en un personaje totalmente distinto a los interpretados por otros actores que han encarnado el sujeto gay, pues entre los disímiles valores estéticos que posee el filme, nadie puede cuestionar que resalta la excelente interpretación del actor Lázaro Ramos al encarnar a esta peculiar figura que vivió en la década del treinta del siglo pasado, época donde los homosexuales eran totalmente discriminados, siendo la homosexualidad reprimida la válvula de escape para algunos, expresión de la sexualidad que continúa hasta hoy con toda la supuesta liberación que la postmodernidad pregona. “Las figuras del negro, el preso, el homosexual, la prostituta y el emigrante, son algunos de los principales emblemas de la alteridad que marcan a diario el entorno latinoamericano. Si antes no era tema central, hoy en día no puede concebirse buena parte del cine brasileño, ni de casi ningún otro lugar del mundo, sin el sujeto de la alteridad como centro.

La aceptación de la otredad requiere de un pensamiento multicultural y plural. En la actual condición postmoderna la otredad ya no será más ese rostro oculto y silenciado, sino todo lo contrario, ese rostro que se ha revelado contra todas las formas de exclusión que ejercieron los totalitarismos hegemónicos del siglo XX, ya no son voces que sufren en silencio, sino voces que han adquirido identidad propia. No aludo sólo a los gay, travestís y lesbianas, sino un grupo más amplio conformado por negros, emigrantes, drogadictos, marginales, entre otros. Para un estudioso del tema como el crítico de cine cubano Frank Padrón: “La otredad erótica ha encontrado en el arte, la fuerza centrípeta que los destapes postmodernos y las legitimaciones científicas le han aportado, dentro de tales revisiones y revisitaciones, el cine ha sido como siempre, un prodigioso testigo de excepción.”

LAS RELACIONES LESBICAS

El tema de las relaciones lésbicas ha sido el menos tratado hasta la fecha en la cinematografía de la región, generalmente desde acercamientos tímidos que no abordan de manera explicita esta expresión de la diversidad sexual (...) tendencia que podemos apreciar en los filmes de corte biográfico Frida, naturaleza viva (1985), de Paúl Leduc, pero no sería hasta la versión de Frida, de Juli Taymor, que vemos profundizar en esta arista de la vida de la gran controvertida pintora mexicana.

Otra cinta donde se aprecia el tratamiento lésbico es en la argentina Yo, la peor de todas (1990), de la desaparecida María Luisa Bemberg, sobre la vida de la poetisa mexicana Sor Juana Inés de La Cruz, cuyas relaciones homeróticas hasta la realización de este filme había sido un aspecto inédito en torno a su vida.

En los últimos ya se aprecia mayor visibilidad en el abordaje del tema, en cintas como la brasileña Nosotras que nos amamos tanto ( 2001), de Daniel Filho, las argentinas La ciénaga ( 2001), de Lucrecia Martel, Tan de repente (2002), de Diego Lerman, Leonera (2008), en la cual su realizador Pablo Trapero se sumerge en el universo carcelario femenino al mostrarnos la relación entre dos mujeres ávidas de afecto y unidas por la hermandad en un medio tan hostil como las cárceles para hombres, La reina de la noche (1993), del mexicano Arturo Ripstein y Mariposa negra, del peruano Francisco Lombardi, aunque ésta última la homosexualidad femenina no es su tema central, sino más bien se deriva de la historia de una muchacha que para lograr su objetivo de vengar la muerte de su novio en el corrupto Perú del gobierno de Alberto Fujimorí accede a tener una relación lésbica con tal de penetrar el reducido círculo de Vladimiro Montesinos, quien fuera el Ministro de Inteligencia de Fujimorí hasta la caída de éste luego del sonado caso de los vladivideos. Mariposa negra, al igual que otros filmes realizados por este gran cineasta peruano, devela una sociedad asfixiada por la corrupción política y la degradación moral, aspectos que han sido constantes en su obra.

Aún así el tema lésbico continúa siendo muy poco abordado por nuestros realizadores, los cuales muchas veces ya sea por tabú o falta de dominio del asunto no lo enfocan con la profundidad requerida. Quizás la explicación del exiguo tratamiento que éste ha tenido en el cine latinoamericano se deba a una cuestión de género, pues la gran mayoría de los cineastas en nuestra región son hombres, y sería necesario mayor presencia de mujeres realizadoras en la gran pantalla para que así la perspectiva en el abordaje del tema lésbico sea desde la propia óptica de la mujer, lo cual no excluye que los hombres puedan ofrecer una visión correcta e inteligente en sus propuestas fílmicas.

Indudablemente, “todavía la imaginería fílmica sobre la homosexualidad se mantiene sujeta en estos países al signo de lo escabroso y la mayoría de las obras resultantes continúa aferrada a la timidez, los circunloquios, las fobias más o menos solapadas de sus realizadores.”

Pese al avance manifestado en los últimos años en el abordaje de la temática gay en el cine latinoamericano, ésta aún continúa lastrada por estereotipos y clichés en su tratamiento. El tema demanda aún de un abordaje más serio y riguroso, desde la condición postmoderna con toda la alteridad que ésta implica.

Notas:

Caballero, Rufo. Un pez que huye. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2007 p. 74-75

El lector que desee profundizar más en relación a esta cinta lo remito a mi otro ensayo titulado En el lente del otro: la imagen de Cuba en el cine norteamericano, que forma parte de un libro inédito que lleva por título Cine Cubano: una radiografía crítica. sociedad.

Cumaná, María Caridad, del Río Joel. Latitudes del Margen. Ediciones ICAIC, La Habana, 2008 p. 112

Recomiendo al lector de este articulo el visionaje del documental El celuloide oculto (1995), de los realizadores norteamericanos, basado en el libro de Vito Russo, el cual muestra los estereotipos que han acompañado históricamente el tratamiento del tema gay en el cien norteamericano a lo largo de su historia.

Véase el libro Un pez que huye, del ensayista y crítico de cine Rufo Caballero, quien realiza un minucioso análisis de los citados filmes.

Recomiendo al lector-cinéfilo que desee profundizar en el tema del travestismo, dada la complejidad del asunto, la lectura del ensayo El cuerpo del otro: Sida, androginia, travestismo y homo-bi-transexualidad en el cine contemporáneo, que aparece en el libro Más allá de la linterna. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001, del crítico y ensayista Frank Padrón Nodarse.

Zarza, Zaira. De héroes y heroínas: los personajes del cine brasileño contemporáneo. En: Revista Cine Cubano, No. 172 / abril-junio 2009 pp. 95

Más allá de la linterna, Ob, Cit. pp. 39-40 // Latitudes del Margen, Ob, Cit, p. 113 Profesor y crítico de cine


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