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Sociedad Corrientes Martes 12 de octubre de 2009 
El Iberá en conflicto
Se profundiza el encono entre grupos heterogéneos que incluyen campesinos, ecoturistas y activistas contra la empresa Forestal Andina que avanza con apropiación de tierras de la reserva

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Corte rechaza queja de Forestal Andina
Ubicación del terraplén
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Los enfrentamientos continúan en los Esteros del Iberá. Grupos organizados mantienen oposición a empresas industriales que usan el agua y la tierra.

Entre acusaciones que revelan “dilación de justicia”, los que viven allí antes de que Iberá sea una reserva piden “preservación de la tierra” pero de su boca sale el testimonio que es “un llamado a la igualdad” para los hombres “más allá del dinero”, y un pedido de “protección” al Estado.

18 familias con su ganado, el puesto de un guardaparques y hasta un cementerio han quedado circundados por la tierra apropiada por Forestal Andina, ahora Estancias San Eugenio.

Los pobladores se sienten desnudos ante la empresa que avanzó con el terraplén que se pierde en el horizonte de la reserva a pesar de que la justicia correntina ordenó lo contrario en un litigio que llegó a la Corte Suprema.

El eje del conflicto se encuentra en los parajes de Yahaveré, a unos kilómetros de la ciudad de Concepción, donde se es patrón o peón. Los mayordomos se reconocen por sus cuatro por cuatro. La del guardaparques, cruza la del de el administrador de Estancias San Eugenio cuando vamos hacia “El Tránsito”.

De Concepción a Yahaveré casi todo el campo es de Forestal Andina. En medio ha quedado la continuidad de la Ruta 6 y los paso de tropa entre tranqueras que cierran los caminos tradicionales por los que los lugareños transitan. “Este es un problema tan simple como el de la convivencia en la ciudad, como si un vecino levantara un muro de alambre sobre la vereda”, dice el guardaparques.

Los lugareños cuentan que cerrado el territorio se prohíbe la recolección. “Luego vienen las presiones”, dicen. Muchos han optado por abandonar sus puestos habituales y se pasaron o se pasaron a organizaciones ambientalistas, asalariados en explotaciones de ecoturismo.

“No respetan las normas. Hay que respetar la convivencia. En el caso de propiedades tan extensas suelen ponerse puesteros. Eso ocurre en San Miguel, y se gestiona el libre acceso. La gente accede por acá a los parajes internos de Yahaveré. Familias con economía de la subsistencia”, se señala.

Reserva reglamentada

La reserva del Iberá fue creada hace más de 25 años pero hasta 2009 no fue reglamentada. En agosto fue decretada su norma regulatoria. Resta el presupuesto para ejecutarla. La regulación contempla entradas y salidas que aportan claridad a la convivencia y a los recursos, como el amparo, ante situaciones de conflicto.

“La ley dio amplias posibilidades a los pobladores”, dice el guardaparques. Walter Drews nació en los parajes y los describe como la palma de su mano. Nos encontramos en el Tránsito, una de las únicas propiedades a nombre del norteamericano Douglas Tompkins en los Esteros del Iberá, además de las miles de hectáreas de la organización vinculada Conservation Lund Trust.

Los pobladores trabajan con la organización al igual que el Estado. Lo mismo que el guardaparques en la vigilancia para protección de la biodiversidad aunque no coincide en algunas estrategias de acción propias del activismo.

Esta vez sobrevolará con periodistas las arroceras para mostrar en perspectiva la extensión del terraplén de Forestal Andina y los canales de extracción de agua de la arrocera. La organización también contrata guarda parques.

Drews dice que “el estado es lento” porque “así es la burocracia” pero confía en que “con el avance de la reglamentación y la aplicación de presupuesto las cosas se reviertan”. Celebra que su dependencia en la jerarquía tienda a ser controlada por mandos superiores. “Se ahorrará en trámites”, dice.

“Falta presencia, somos pocos, pero ahora el Estado no puede retirarse de las tierras porque sí no estaría incumpliendo la Ley”, observa. A la zona de los Esteros del Iberá sobre Concepción ahora hay dos gaurdaparques. Sus salarios se financiación con fondos de reparación de la represa hidroeléctrica Yacyretá. “Nuestro trabajo es vigilar”, señala y “aquí existen serios antecedentes”.

“El terraplén es un ejemplo de cómo aquí suceden las cosas”, señala. Los pobladores dicen que en Yahaveré “cualquier empresario viene y hace o que quiere”. “Empresas que seguro tienen justicia porque tienen con qué pagarla”, señalan. “Usan los trámites jurídicos para avanzar o enlodar el terreno”, sostienen.

Choque en la Justicia

Sobre Conservation Lund Trust pesa la mirada de intereses en los recursos geológicos en el Iberá, que navega sobre el Acuífero Guaraní. Sorprende la realización de proyectos calificados en corto plazo. En la estancia el tema causa incomodidad o sonrisas.

Pero Tompkins también tiene campos productivos. Produce ganado, en tierras extensas. Se expande en generar ecoturismo, actividad que choca con la de las arroceras industriales, por ello comparte logística y reclamos con la cámara de empresarios en ecoturismo de Colonia Carlos Pellegrini.

Conservation Lund Trust además apoya la causa del poblador Bruno Leiva contra Forestal Andina por el terraplén. En "El Tránsito" un activista informa que el fallo se encuentra a la firma de los jueces de la Corte Suprema y que podría salir a fines de octubre.

El activista da como garantido el fallo favorable a Leiva. Se señala la paradoja de que si los abogados de la organización millonaria no hubiesen seguido el expediente no hubiera llegado hasta esa instancia. Otro señala que “hay que tener paciencia”.

Estancias San Eugenio además produce en tierras sobre otros parajes de Corrientes. Los peones dicen que los llevan y traen en grupos de un lugar a otro. Cuando ingresamos a la estancia un tractor llevaba un grupo de campesinos hacia la estancia. Dicen que para trabajos como el de "cercado" se convoca contratistas con cuadrillas de alambradores.

Sobrevuelo

El piloto es contratado por Conservation, no es activista. Detrás de los periodistas se sienta un guía que dice que las arroceras en tres meses consumen agua en cantidad suficiente para abastecer a Corrientes durante un año. Verdes tornasolados contrastan con amarillos pálidos. Apunta cambios drásticos en el paisaje al señalar una empresa que se alimenta de un canal en la Laguna Medina.

De pronto vemos los caminos dentro de las estancias. Una camioneta blanca corre bajó el avión. Detrás del vehículo tierra aprisionada se levanta. Rodean el camino lagunas redondas que se forman por la decantación del agua, más allá bancos de vegetación luminosa. El guía dice que el uso de agroquímicos de las arroceras, por su volumen, impactan sobre la ganadería y la biodiversidad del Rio Corriente.

Señala el Acuífero Guaraní, que en los Esteros se encuentra en zona de recarga, y dice que es posible la contaminación por infiltración.

Al sobrevolar la Laguna Fernández se nota que “la vegetación es dinámica” porque “se transforma en laguna con la crecida”. “Un ciclo necesario” y “delicado” que “hace al sistema”, dice el guía. Sobrevolamos el terraplén que desde el aire es una línea que se pierde en el horizonte. Vemos hacia abajo casas que dan a caminos cerrados.

Se señala que los conflictos por tierras ocurren porque no existe información precisa sobre qué es fiscal y qué es privado en Iberá. Hay un croquis de ubicación catastral que ofrece una guía pero no información oficial precisa. “Catastro es el dueño de la verdad al igual que el Instituto Correntino del Agua y el Ambiente”, se indica.

Atrapados

Hacia el inicio del terraplén se encuentra la estación del guardaparques, que ha quedado hace un mes encerrada 600 metros dentro del territorio de Forestal Andina. La tragedia del funcionario del estado no cobra extensión hasta que se dimensiona en temporada de crecida 1200 metros a nado ida y vuelta diariamente hasta la canoa.

Cuando fue alambrada Drews se encontraba en su interior. Tiene una habitación matrimonial, otra con cuchetas, un baño y una cocina comedor. Está alzada sobre pilares para que no la toque la crecida.

- Fue ridículo... me habían dejado encerrado. No hay ya ni respeto por la investidura del Estado. Ese día vino el encargado a decirme que el patrón le había dicho que no me abra. Me obligaban a usar el terraplén pero yo decías que ese no es un camino sino una estructura ilegal. Tenían que abrir el paso verdadero. Y no lo hicieron...

Drews quedó tres días dentro sin víveres. Pidió ayuda, hizo denuncias, pero "las elecciones taparon la cobertura", dice porque eso le dijeron en la comisaría cuando pidió un rescate. Debió salir por otro rincón. Cortó el alambre. Dice que se arrepiente, porque dejó a los pobladores encerrados. "Ellos me hubieran ayudado",dice.

Detrás hay una arboleda y un camino hacia un pequeño cementerio que también ha quedado atrapado.

Allí hay cruces blancas de piedra y otras de metal. La circunda una reja oxidada. Al fondo se encuentra el inicio del terraplén. EL alambre va más allá y hasta la laguna ingresa entre la vegetación. Los pobladores deben pedir permiso para visitar a sus muertos.

Describen trampas como no tener a caminos para reaccionar ante situaciones de infarto en las que se requieren vehículos veloces, o absurdas como la de los alumnos que antes iban a caballo a la escuela, pero luego de que todo ha quedado dividido, se ven obligados a ir a pie bajo la noche.

Susy Leiva es una de las pobladoras encerrada junto a su familia. La tierra, que es el agua, se mueve debajo de su rancho de treinta metros cuadrados. Agua del Iberá con que hirvió la comida que sirve.

Cuenta que un oficial vino a avisarle que ayer le habían hurtado el ganado de tierra fiscal, y que debía ir a buscarlo del corral de Estancias San Eugenio. ¿Cómo si son tierras fiscales un privado puede retirar nuestro ganado?”, dice. “La policía parece para los gobernantes”, señala

Puesto de Forestal

Salimos del estero entre vegetación muerta por un portón de Estancias San Eugenio hacia el corral en que se señaló que estaban encerrados los animales. Un sitio con antena detrás del terraplén. Luego de un otros tres portones. Después del terraplén, se encuentra la casilla del peón. Un gaucho de bombachas azules, vigilado por dos acompañantes, salió a la galería sólo. Ruidos de radio.

- ¿Se pueden retirar los animales?, le preguntan.
- No. Reponde.
- ¿Cuándo fue el retiro?
- Ayer por la mañana. Nos dieron una orden.
- ¿Quién?
- No sé nada… - se mete.

Los pobladores prefieren retirarse.

En la comisaría

Recibe el comisario Miguel Ángel Colla de sport a los pobladores en su despacho. "¿Qué desean?", pregunta. “Venimos a hacer una denuncia por robo de ganado”, le dicen. Pronto otras brotan por maltratos y crimen contra el ganado. Las voces se elevan.

“Así es…así es…”, asegura Colla. El comisario dice a los pobladores que dos representantes de la empresa llegaron un día antes con una exposición y documentación de que esas tierras eran suyas. Los pobladores se miran. "¡Eso es fisco!", dice el guardaparques. Los pobladores piden que “actúe de oficio porque el interés avanza”.

Llega un oficial al que se le ha ordenado que tome testimonio a los pobladores. ¿Harán la denuncia?, pregunta. "¡Sí!", responden. Se dirigen hacia una habitación. El oficial no maneja el programa de carga. Los campesinos se miran. Una periodista se ofrece a escribirle la denuncia. “Confían en la señorita”, dice el policía. “Le dictamos”, dicen. "Le dicto", señala. Proceden.

Mientras en el despacho, el comisario y el guardaparques discuten sobre la denuncia de encierro que no avanza. “Pertenezco a una institución pública, estuve tres días encerrado, y no pasó nada. Qué pasa con las denuncias", dice Drews. "Todo fue elevado”, le responde Colla.

A su costado se encuentra el oficial Sandoval, que repite al comisario: "todos los reclamos son elevados". "Están con el fiscal o con el juez de turno", dice. "Averigue lo que pasa y se va a enterar", dice. ¿Qué pasa?, se le pregunta. "No sé, no avanza", responde. "Nosotros hacemos lo que nos dicen", señala. "¿Quién?", indagan. "No sé", responde. "Cree que nos gusta pasar por esto”, agrega. “Ustedes deben prevenir”, dice el guardaparque y sale de la habitación.

Sandoval dice que San Eugenio contrata cuadrillas de 20 personas y en un día cierra cientos de metros con alambre. "¿Cómo vamos a parar eso?", dice. “De un día para el otro aparecen los vallados”, señala. “Nosotros llegamos hasta la justicia, no hay recursos para hacer vigilancia, y la empresa actúa con expedientes que no podemos verificar”, sostiene.

*Informe Facundo Sagardoy desde Concepción.


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