POYECTO DE LEY
Diputados busca que el guaraní sea patrimonio de la humanidad
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La Cámara de Diputados de la Nación declaró la importancia de que el Poder Ejecutivo Nacional promueva la postulación, ante la UNESCO, de la lengua guaraní como patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. En el poyecto, impulsado por la diputada Araceli Ferreyra, se asegura que "el guaraní es una clara muestra de cómo la oralidad es vehículo de sistemas de valores y expresiones culturales".
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Desde el proyecto en cuestión, el pedido se enmarcaría en la adeshión, efectuada en julio del 2006, a la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial -adoptada por la XXXII Conferencia general de la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, el 17 de octubre de 2003-.
En esta Convención se caracterizó como "patrimonio cultural inmaterial" a los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, y espacios culturales que les son inherentes, que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.
Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado, constantemente, por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia. Infundiéndo así, un sentimiento de identidad y continuidad, y contribuyendo a promover el respeto por la diversidad cultural y la creatividad humana.
Del mismo modo, uno de los ámbitos en que se manifiesta esta forma de estar en el mundo, es en las tradiciones y expresiones orales, incluído el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial.
Es por ello que "la historia de la lengua americana precolombina guaraní es una clara muestra de cómo la oralidad es vehículo de sistemas de valores y expresiones culturales, y constituyen un factor determinante de la identidad de grupos e individuos", sostienen.
Las conclusiones del proyecto resaltan que en abril del 2000, en la Declaración de las Segundas Jornadas del MERCOSUR sobre el Patrimonio Intangible celebrada en la ciudad de Ayolas -Misiones-, junto a representantes de la región, el hermano país del Paraguay resolvió proponer a la UNESCO la declaración de la lengua guaraní como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.
En dicha ocasión, los fundamentos fueron que el idioma guaraní fue preservado y transmitido fundamentalmente por las mujeres-madres guaraníes en el primer momento del mestizaje en el período de la conquista, es actualmente la única lengua vernácula de la región hablada en el Mercosur que tiene reconocimiento oficial, y es, después del griego y del latín, el que más vocablos aportó a la botánica, por la gran extensión de la territorialidad del grupo Amazónide, del cual es parte el guaraní.
Asimismo, en la Convención de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial se especifica que el Patrimonio Cultural Inmaterial -PCI- es tradicional sin dejar de estar vivo, se recrea constantemente y su transmisión se realiza principalmente por vía oral, y que muchos elementos están amenazados debido a los efectos de la globalización, las políticas homogeneizantes, y la falta de medios, de valorización y entendimiento que conducen al deterioro de las funciones y los valores de estos elementos y a la falta de interés hacia ellos de las nuevas generaciones.
Por ello, los diputados argumentan que "entendiendo que, como parte de nuestra competencia como participantes de una cultura, asumimos el peligro de la desaparición de las lenguas y de la necesidad de salvaguarda de la diversidad lingüística y cultural, en el caso de la lengua guaraní debemos: crear capacidades locales para la salvaguarda del mismo, promover las políticas lingüísticas adecuadas para su revitalización, y movilizar la cooperación internacional para su salvataje y revitalización".
La diputada Ferreyra finaliza afirmando que "como nacida y criada en el territorio de asiento de la lengua guaraní, y a través de los hechos históricos e investigaciones arriba citados, propongo esta declaración como una vía de reconocimiento de una lengua de resistencia cultural que se ha permitido sobrevivir en los pueblos guaraníes y en el mestizaje de nuestro zona rural y de las periferias urbanas que han levantado a este país".
UN POCO DE HISTORIA
Los reyes de España, como parte del proceso de evangelización, ordenaron que "hubiesen escuelas de doctrina y de leer y escribir en todos los lugares de indios". Este decreto real, al que se le prestó por lo general en América un acatamiento sólo nominal, fue cumplido con rigor por los misioneros jesuitas, dedicándole la atención necesaria que permitió fundaciones de escuelas y centros de formación de distintos niveles.
En todas las reducciones funcionaron escuelas de indios de primera enseñanza, donde los varones de seis a doce años aprendían a leer, escribir y hacer operaciones matemáticas elementales. Las niñas de la misma edad tenían escuelas separadas donde aprendían a leer, escribir, hilar y cocinar.
El castellano se enseñaba para lograr la unidad lingüística en todas las posiciones españolas. Los jesuitas hablaban correctamente el guaraní utilizando la lengua como el mejor medio para llegar a los naturales. Los hijos de los líderes aprendían algo de latín.
Se publicaron libros en guaraní sobre gramática, catecismo, manuales de oraciones y hasta un diccionario. Las reducciones contaron con imprentas en Loreto, San Javier y Santa María La Mayor.
Uno de los primeros libros en edición guaraní fue el Flos Sactorum del padre Rivadeneira en edición guaraní. Fue muy rica y variada la producción bibliográfica, conservándose todavía la mayoría.
El jesuita Antonio Ruiz de Montoya (1584-1651) fue un enamorado de la lengua guaraní, y en pos de su estudio dedicó el resto de su vida, caminando por la vereda que había iniciado Bolaños en Alto Perú. El interés que mostró Montoya más en estudiar el guaraní que en enseñar otros conocimientos, es de grandísimo valor, ya que le tocó trabajar con algunas etnias guaraníes en el tiempo que sus lenguas no conocían de las impurezas que más tarde fue adquiriendo del español.
La obra impresa de Montoya acerca del guaraní está compuesta de tres libros: Tesoro de la lengua guaraní (diccionario guaraní-español), Arte y Bocabulario de la lengua guaraní (compendio gramatical y diccionario español- guaraní), y Catecismo de la lengua guaraní. Los dos primeros han sido pilares de referencia imprescindibles a quien quería adentrarse al estudio de esta lengua, y lo sigue siendo incluso ahora, 360 años después.
Es muy probable que Montoya haya conocido los trabajos del también jesuita José de Anchieta (1534-1597), un libro de gramática y diccionario de la lengua tupí, publicado mucho antes, pero esto no le resta mérito alguno. Incluso hasta hoy uno puede consultar a Montoya para resolver dudas de etimología, o quizás para desempolvar vocablos arcaicos en vez de crear neologismos innecesarios.
Tras los debates teológicos de la Compañía de Jesús con otras corrientes clericales y la política de las monarquías de la península ibérica con respecto a la Encomienda de Indios, en España se extendió la idea de que los jesuitas habían sido los instigadores de los motines del 1766 y de que tenían el propósito de acabar con Carlos III para imponer a un monarca que mostrase total obediencia al Papa. El año siguiente, la Compañía de Jesús fue expulsada de los dominios españoles. Y en 1773 fue extinguida.
Como registro de esta etapa se puede encontrar la versión de "Arte y bocabulario de la lengua guaraní" de Antonio Ruiz de Montoya, editada por UNESCO, considerada por esta organización obra maestra de la literatura tradicional y contemporánea y también se trata de una obra capital en la historia de la lengua guaraní. Esta versión facsimilar de la edición publicada en Madrid en 1640, tiene una interesante trascripción que la acompaña como instrumento auxiliar de acceso al texto, de autoría del investigador correntino Silvio Liuzzi, que actualmente se dedica al estudio de la lengua en la etapa jesuítica en el CELIA/Centre National de la Recherche Scientifique, París/Francia.
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