MOMARANDU.COM EN LAS LOMITAS
La discriminación, uno de los principales problemas del aborigen
|
(Por Amelia Presman) El transeúnte ocasional de la ciudad puede observarlo a simple vista. Los pilagás transitan las arenosas calles de Las Lomitas pero no permanecen en ellas más que para cumplir con algún quehacer puntual: el cobro de un plan social, la venta de sus productos, una diligencia pendiente.
|
|
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
|
Viven desde 1985 aproximadamente en unas 3000 hectáreas que el gobierno provincial les cedió a 14 kilómetros de la ciudad y esa distancia se vuelve casi inaccesible con las lluvias. El agua convierte la tierra en fango y hay que tener habilidad y un buen vehículo para poder avanzar. No hay luz eléctrica en ese tramo, no hay teléfonos ni señal para la comunicación satelital.
Los pilagás se movilizan de a pie o en bicicletas aunque por lo general, los días que se pagan los planes sociales (Jefes y Jefas de Hogar y Plan Familias) suelen trasladarse al Banco en camionetas que por supuesto cobran el trayecto. Además de los pocos ingresos que para cualquier hogar –no sólo para el aborigen- significan 150 pesos mensuales, los nativos se amañan con la venta de sus artesanías.
Las comercializan por poco dinero en locales de la ciudad y hay quienes se las compran para luego revenderlas en Capital Federal. Collares de semillas y cuentas, cintos de yica con hebillas de madera, carteras y monederos, vasijas de barro, animales de palo santo y tapices son algunas de sus producciones.
En el 14, como todos llaman al poblado de casas dispersas construidas en madera y barro, la gente se agolpa, curiosa, cuando un extraño ingresa. Las mujeres no hablan: observan, sonríen si algo es de su agrado. Los hombres son los que dialogan. Entre ellos utilizan su lengua materna, el pilagá, y el castellano es usado con los criollos y los blancos.
La energía eléctrica llegó hace escasos siete meses y el agua la obtienen mediante un molino. En el caserío se destaca un humilde rancho que hace las veces de templo. Los aborígenes son evangelistas y celebran oficios religiosos semanales, a los que acuden las diecisiete familias que habitan el campamento.
La comunidad pilagá considera que las enfermedades no pasan por lo bacterial o infeccioso sino por los “daños” que unos provocan en otros, aunque en caso de urgencias o de nacimientos acuden al hospital público de la ciudad. Allí no hay centros sanitarios.
Los niños aprenden el idioma nativo y la gran mayoría inicia el manejo del castellano al inicio de la educación formal, a los seis años. A la escuela primaria del campamento asisten casi todos, no así a la secundaria, porque deben ir hasta al pueblo. Es un pequeño grupo el que lo hace e inclusive, un mínimo porcentaje accede a estudios terciarios mediante la capacitación de de Instituto de Cultura Popular (INCUPO).
Momarandu.com dialogó con Juan Carlos Godoy, uno de los integrantes de la institución con asiento en Las Lomitas, Formosa, institución que lleva adelante capacitación de la etnia pilagá. “Realmente son pocos pero es todo un avance contar con agentes sanitarios en el hospital de Lomitas. Lo que sucede es que es innegable que el acceso a la educación se dificulta por la escasez de medios económicos y en el fondo, por la manera diferente con la que cada comunidad observa el mundo” dice.
Discriminación, abuso sexual para con las mujeres aborígenes, empleos mal pagos son algunos de los rasgos característicos que continúan caracterizando -como desde hace muchos años- la relación entre blancos y nativos.
Godoy también se refirió al sistema judicial que rige para los aborígenes. “Cuando los conflictos son menores, lo resuelven bajo sus reglas y normas, en el seno de la misma comunidad. Cuando se ven excedidos acuden a la Justicia “de los blancos”.
|