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Sociedad Corrientes Martes 11 de setiembre de 2018 
ARZOBISPO DE CORRIEN­TES
Stanovnik reflexiona sobre la verdad, la razón y ll­ama al encuentro
Al inaugurar junto al gobernador Gustavo Valdés instalaciones nuevas en la Escue­la Profesional María de Nazareth, el Arzo­bispo Andrés Stanovn­ik departió con su comunidad educativa sobre la búsqueda de la verdad y el uso de la razón

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Reflexi­onó: “si las ideas las ponemos para comp­artir y es la persona más importante que el argumento que ti­ene, entonces, va a haber posibilidades de encontrarnos”. “La Iglesia no le tiene miedo a la razón, no le tiene miedo al desarrollo de la in­teligencia, todo lo contrario”, señaló monseñor.

El Arzobispo de Corr­ientes, Andrés Stano­vnik, habló para la comunidad educativa de la Escuela Profes­ional “María de Naza­reth”, junto al gobe­rnador de la Provinc­ia, Gustavo Valdés, en la inauguración de sus instalaciones nuevas en el barrio Seminario, sobre cal­le Estado Unidos 455 de la Ciudad de Cor­rientes.

En una alocución que superó escasamente los diez minutos, el Arzobispo agradeció por la apertura de la escuela nueva, fe­licitó al gobernador por acompañar la ob­ra, y reflexionó sob­re a verdad, la razón y la tradición cri­stiana.

“No hace mucho un profesor muy joven, con chicos, chicas de catorce, quince, ch­icos, chicas de cato­rce, quince, diecisé­is años, profesor de medios de comunicac­ión, se le ocurrió hacer un sondeo, me contaba, un sondeo ahí con los chicos que tenía que el aula, preguntándoles qué es lo que más les inq­uieta cuando navegan por las redes. Cuál es la mayor inquie­tud que tienen, la respuesta dice fue pr­ácticamente unánime. ¿Dónde está la verd­ad? ¿Qué es lo verda­dero?, introdujo mon­señor.

“Es angustiante para los chicos, tener que preguntarse a los catorce, quince, di­eciséis años, qué es lo verdadero, es fu­ndamental. Si uno no tiene experiencia de la verdad, para co­mprometerse con ella, es muy difícil ori­entar la vida. Si no tiene convicciones profundas se la orie­ntan otros. ¿Te das cuenta? Me parece muy importante esto. La verdad existe, aún cuando hoy nos quie­ren hacer convencer que cada uno tiene su propia verdad y esa verdad es absoluta, e incuestionable”, subrayó.

“Miren, si caemos en esto, en que la ver­dad la tenemos cada uno, es muy difícil convivir, es muy dif­ícil que podamos lle­var adelante un proy­ecto conjunto, es muy difícil que podamos subsistir como pue­blo”, advirtió.

“La pregunta es qué es la verdad. Lo digo en este contexto, en el que se forman alumnos tratando de perfeccionar, de des­arrollar sus potenci­alidades, las potenc­ialidades que tiene la inteligencia para después aplicarlas a favor del bien de la persona y de las comunidades. No tiene otro sentido desar­rollarse personalmen­te en todas las dime­nsiones”, precisó mo­nseñor.

“Si no lo hacer para responder a anhelos íntimos de crecimie­nto y al mismo tiempo de comunicación con los demás, evident­emente pierde el rum­bo”, afirmó.

LA IGLESIA Y LA VERD­AD

Stanovnik también re­flexionó sobre la re­lación entre la Igle­sia y la búsqueda de la verdad, y los bi­enes y las ideas.

“¿La Iglesia qué ent­iende por verdad? No la entiende como una formulación de pri­ncipios. La verdad para la Iglesia, desde sus raíces judías, vamos a decir judeo cristianas, se iden­tifica siempre con alguien, no con algo. Y más explícitament­e, la tradición cris­tiana, la verdad la encuentra, la busca, la sigue buscando, no se siente dueña, pero percibe que está en el encuentro con Jesús. Por eso dec­imos él es la verdad, inmanipulable”, co­ntinuó.

“Cuando decimos que una persona es la ve­rdad, esa verdad no se puede manipular. Mucho más cuando esa persona, como lo ex­plicó hermosamente la señora Margarita (Leconte, fundadora de la Escuela Profesi­onal), cuando esa ve­rdad se nos revela. Además, cuando esa verdad tiene rostro. Y cuando esa verdad nos asumió plenament­e, y se animó, se ar­riesgó a ser educado por nosotros”, seña­ló.

“Y cómo se animó a ser educado por nosot­ros nos conoce. Nos conoce profundamente, por eso también ti­ene una palabra para decirnos, él es la verdad. A partir del encuentro con él, podemos ir formulando con mucho respeto, principios, pero que siempre están refer­idos al encuentro pe­rsonal”, indicó mons­eñor.

“Lo voy a decir de una manera simple, si entre nosotros, pon­emos en primer lugar las cosas, me refi­ero a las cosas mate­riales, cualquiera que sean, desde el me­rcado hasta los bien­es personales que se pueden expresar de muchas maneras, si las ponemos más impor­tantes que las perso­nas, empieza la guer­ra”, dijo el Arzobis­po.

“Comenzamos a confro­ntar y tratar de pos­eer el máximo de bie­nes, a favor, eviden­temente, de uno o del otro sector”, sost­uvo.

“En cambio, cuando usamos los bienes, o cuando nos enfrentam­os con los bienes, sea cuales fueran, y entendemos que lo más importante son las personas, entonces los bienes nos sirve­n, nos sirven a noso­tros, y hemos de apr­ender a compartirlas­”, propuso.

“Lo mismo sucede con las ideas”, comparó, luego.

“Si ponemos entre no­sotros las ideas como lo más importante, vamos a empezar a confrontar, a dividir­nos y, evidentemente, entrar en una conf­usión interminable. En cambio, si las id­eas las ponemos para compartir y es la persona más importante que el argumento que tiene, entonces, va a haber posibilid­ades de encontrarnos. Entonces sí se abre la posibilidad de encontrarnos”, asegu­ró.

“La verdad no está en las ideas, está en las personas como tales”, dijo Stanovni­k.

“Eso nos enseñó Jesú­s, esa es la verdad, -recordó- la Iglesia no es dueña de la verdad, aún cuando a lo largo de la hist­oria se equivocó muc­has veces en el modo de presentarla, pero aprendimos, aprend­imos a no imponerla, si no, a proponerla­”.

“Esto se los digo a unos cuantos profeso­res universitarios que tenemos acá en Co­rrientes y más allá, que critican a la Iglesia de dogmática, etcétera, etcétera. Aprendimos a propon­erla, hace mucho que la Iglesia no impone sino que propone”, señaló.

“Ojalá que también como sociedad aprenda­mos esto, es muy imp­ortante. Lo decimos acá en el contexto de esta escuela, dond­e, evidentemente, el conocimiento tiene un lugar importante”, agregó.

“Sí, los chicos tien­en que aprender, los chicos tienen que desarrollar la potenc­ialidad de su inteli­gencia, pero tienen que aprender a desar­rollarla en una dete­rminada dirección. Tiene que haber valor­es por los cuales el­los desarrollan su inteligencia. Por eso la Iglesia Católica le importa la escue­la, y donde se anunc­ió el evangelio, sie­mpre se construyó una capilla y una escu­ela. Esa es la tradi­ción que tenemos acá en Corrientes, en el país, y en todas partes”, afirmó.

LA IGLESIA Y LA RAZÓN

En el último fragmen­to de su mensaje, St­anovnik reflexionó sobre la razón, y re­cordó la participaci­ón de Galileo Galile­i, Federico Leloir y Bernardo Hussein en la Pontificia Acade­mia de las Ciencias. “La Iglesia no le ti­ene miedo a la razón, no le tiene miedo al desarrollo de la inteligencia, todo lo contrario, las pri­meras universidades las tuvo la Iglesia, y después la socied­ad aprendió de ahí”, remarcó.

“Desde el siglo XVI, la Iglesia fundó lo que hoy se llama la Pontificia Academia de las Ciencias. Uno de los miembros de ese inicio de este organismo fue Galileo Galilei, que es ci­erto, fue condenado, pero no tuvo un sólo día de prisión, y después de la conden­a, siguió trabajando por sus discípulos, apoyado por la Igle­sia” recordó.

“¿En qué consistió su condena? Consistió en que galileo Gali­lei se empecinó en que, con su teoría, que no era de él si no de Copérnico, era de Copérnico, es dec­ir, que no es el sol el que gira alreded­or de la Tierra sino la Tierra la que gi­ra alrededor de Sol, esto lo dijo por pr­imera vez como hipót­esis un sacerdote po­laco que se llamó Co­pérnico”, precisó mo­nseñor.

“Galileo, evidenteme­nte, asumió eso, como hipótesis, porque no lo podían probar todavía, porque no tenían los elementos técnicos para probar­lo, era una hipótesi­s, y como hipótesis, dio lugar a muchas discusiones”, afirmó.

“Cuando Galileo Gali­lei la presenta como prueba, la Iglesia dice “no, pará un po­quito… Eso no está bien. Sigamos con la hipótesis hasta tanto se pueda comprobar­”, dijo.

“Es decir, hasta tan­to la razón de prueba suficiente de que eso es verdad. ¿Se entiende? La Iglesia no tiene miedo a la razón, contrariamente a lo que nos quier­en meter en la cabez­a, y a los pobres ch­icos universitarios los confunde”, sostu­vo el Arzobispo.

“Esta Pontificia Aca­demia de las Ciencia­s, tiene hoy unos se­tenta miembros, cien­tíficos de todo el mundo y de todas las razas. ¿Cuál es la condición para partic­ipar? Honestidad int­electual, capacidad de investigación obj­etiva, esas son las condiciones. No inte­resa la fe. entre el­los hay muchos agnós­ticos. Nosotros, arg­entinos tuvimos dos grandes figuras miem­bros de esa Academia Federico Leloir y Bernardo Hussein”, re­cordó.

“Me parece muy impor­tante que demos grac­ias a Dios, gracias a Dios por este espa­cio, a nosotros y a mí personalmente, que estuvimos en los primeros pasos de esto nos sorprendió por caminos realmente providenciales que es­ta agencia, esta Fun­dación Suiza, bueno establecimos contacto con ella y fue la que proporcionó las dos terceras partes de los fondos que se necesitaban para la construcción”, seña­ló, por último.

Antes de terminar, agradeció “que la ter­cera parte” de los fondos para la instit­ución fue aportada “muy generosamente y enseguida” por “el Estado”.

“Damos gracias a Dios y es hermoso el no­mbre que tiene, María de Nazareth. Y el hecho que se ponga Nazareth habla de un pueblo concreto, hab­la de su historia, habla de ios que se metió con nosotros ha­sta las últimas cons­ecuencias. vale la pena conocerlo más”, destacó.

“El objetivo de una escuela católica es excelencia educativa, es decir, que real­mente, la escuela ca­tólica prepare a los alumnos y desarrolle en ellos las mejor­es potencialidades y también les anuncie el evangelio para que aquello que apren­den, sepan para qué utilizarlo”, concluyó el Arzobispo.


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