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Opinion Jueves 27 de agosto de 2009 
¿Para qué sirve la televisión?
(Por Cristóbal Sánchez Blesa*)En las Facultades de Comunicación Social enseñan que la televisión debe buscar un equilibrio entre información, formación y entretenimiento. De acuerdo a este planteamiento teórico, las cadenas realizan propuestas de programación que incluyen un contenido educativo y de orientación social importante.

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Ninguna cadena presenta un proyecto exhibiendo como puntos fuertes de su programación exclusivamente concursos, programas del corazón, fútbol y telenovelas. Por el contrario, argumentan acerca de la importancia de fomentar las culturas plurales, programas e información que respondan a una realidad social, fomento de actitudes éticas y valores humanos, etc. Sin embargo, la puesta en práctica de la programación, cuando una cadena inicia emisiones, deja mucho que desear.

Hace tiempo, los profesores y los manuales de periodismo enseñaban que una Televisión, fuera de capital público o privado, era "un servicio público". Como tal, debería ser un canal por el que transitaban mensajes y contenidos para todos, incluidas las minorías. Si vamos más allá, los Medios deberían buscar la cercanía de minusválidos sensoriales (pongamos por caso los sordos) o minorías étnicas y culturales. La televisión, como servicio público, debería volcarse en el fomento de una democracia social y participativa, por ejemplo, mostrando la labor y las posibilidades de asociaciones de los barrios, o promocionando el deporte de base, o el trabajo sencillo y sin pretensiones de los voluntarios de las organizaciones humanitarias. Esto no implica convertir a las televisiones en boletines informativos de las ONG o de las instituciones. Muy al contrario, un servicio público debe incluir los valores éticos y las actitudes de solidaridad en su línea editorial con la misma naturalidad que durante mucho tiempo han incluido su afinidad por una ideología, por un partido, o por un gobierno, sin necesidad de dedicarle programas especiales. La búsqueda de la justicia, de la solidaridad o de la pluralidad es una actitud, una tendencia que se manifiesta transversal y sutilmente a lo largo de toda la programación.

Es evidente que la Televisión no es un erial en cuanto a contenido social o formativo. Existen programas, profesionales o campañas que se distancian de la línea del "pan y circo", mostrando propuestas atractivas e inteligentes, provocadoras de pensamiento alternativo y de nuevos horizontes. Pero son islas en medio de un océano proceloso de misses, balones y telenovelas.

Estamos a punto de sustituir en el inconsciente colectivo el concepto de "servicio público" por el de "empresa privada". Pronto se verá como normal que la televisión nos muestre sólo aquello que suponen los directivos que es rentable para los accionistas, olvidando que los accionistas intelectuales y cordiales somos los espectadores. De momento, estamos a tiempo de exigir que las Cadenas de Televisión, en especial aquellas que se gestionan con dinero público y emiten en abierto, no nos tomen por ignorantes e incluyan en su programación contenidos orientados a mejorar la calidad de vida y la dignidad de los espectadores.

* Periodista