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Opinion Corrientes Jueves 29 de mayo de 2019 
Ay Jair, Jair...
(Por Alejandro Bovino Maciel) Mantenernos en alerta acerca de cuanto sucede en Brasil, nuestro vecino más grande y socio económico principal, puede traernos algo más que información. No se oculta a nadie que el actual presidente del Brasil es un hombre de derecha, no siempre derecho

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Tampoco se nos pierde que su meteórico ascenso al mundo de la política y la presidencia, se lo debe a un atentado. Antes del atentado era un candidato más del montón, pero como las víctimas concitan atención y despiertan cierto sentido de solidaridad en la masa humana, el extraño atentado con un cuchillo Tramontina lo puso en el centro de la escena. Tampoco es un secreto que, tras cinco meses de gobierno, la gestión se ha desgastado a raíz de las intempestivas reformas que propone sobre la educación y las pensiones (jubilaciones). El pasado 16 de mayo y tras los anuncios de recortes en el presupuesto de educación (especialmente becas, que han conseguido sacar a miles de brasileños de las favelas violentas) que pensaba implementar la administración del gobierno, un millón y medio de docentes, alumnos y familiares llenaron las calles de las principales ciudades de Brasil en señal de protesta. Jair redobló la apuesta y, apoyándose en la derecha que pide mano dura, convocó un poco elusivamente a una marcha de apoyo al gobierno este domingo 26 de mayo. Aunque miles de personas acudieron al llamado por las redes sociales y los aparatos de propaganda del gobierno, no alcanzó ni a la tercera parte de la masiva manifestación estudiantil.

Como ya se sabía, el bolsonarismo llegó al poder apoyándose en una triple fuerza: los lobbys del Norte concentrados en la Embajada de EEUU que se sentían incómodos durante los gobiernos de Lula y Dilma (PT), los evangélicos que en Brasil tienen una andanada de seguidores hipnotizados por cierta forma de teocracia purista que cambia la Biblia por el Código Civil y los militares que conforman una especie de casta apoyada por fusiles. El problema, el grave problema parece ser el de los desacuerdos que existen entre los miembros de esta trinidad belicosa. Por ejemplo, los lobbys del Norte exigen privatizaciones a mansalva, tal y como lo hicieron en su momento con el olvidable gobierno de Menem y María Julia. Los militares de Brasil son verdaderos nacionalistas: creen con fe ciega que Brasil es un país poderoso que no debe pedir permiso a nadie para manejar su propia economía y por supuesto, ven con suma sospecha la entrega de recursos energéticos vitales a empresas extranjeras. “Petrobras es de Brasil” es el lema, ya que la petrolera ha sido la primera prenda que exigen los lobistas para el remate de los recursos. En este pequeño recorte ya vemos que un acuerdo entre lobistas y militares resulta virtualmente imposible. Si agregamos que el vicepresidente de Brasil es un general, y si ese general Hamilton Mourao, tiene el plus de ser un político nato que sabe negociar pero sin perder su centro, el acecho del juicio político al primer resbalón de Bolsonaro está sellado.

La batalla final se librará en el Congreso. El gobierno de Bolsonaro (Mourao no se expresó al respecto) quiere reformar el régimen de pensiones (jubilaciones) con recortes drásticos y eliminar muchas de ellas o los beneficios anexos. Lo gracioso del caso es que Bolsonaro cuenta con el 10 % de apoyo en el Congreso, lo que no le da quorum ni para empezar el trámite. Por esa razón, envió a sus seguidores de ultraderecha a manifestarse en las calles este domingo para presionar a los diputados. Como ya dijimos, la respuesta ciudadana fue tibia, si se compara con la masiva manifestación estudiantil del 16 de mayo.

Las recetas liberales del superministro de economía Pablo Guedes exigen la reforma previsional o, amenazó, dejará el cargo. Y no solo se valió de amenazas y metáforas meteorológicas: también se volvió adivino en un rapto de epifanía advirtiendo que esa ‘nube negra’ que tiene ahora el Brasil puede convertirse en una tormenta como la de Argentina o un huracán como el de Venezuela si no se aprueban sus medidas de recorte fiscal.

Todo hace pensar que las temidas amenazas son parte del cotillón de ese gobierno que se prepara para atropellar derechos, tal como lo hace cualquier derecha que se precie. Siempre cortar por el hilo más fino, aunque todo se caiga después.