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Opinion Corrientes Jueves 20 de diciembre de 2017 
Una mancha fantasmagórica “que no pasará”
(Por Arturo Zamudio Barrios) Un personaje pintoresco de la vida argentina, Castells, dijo alguna vez que debajo del burgués asustado siempre anida el fascismo. Los hechos, hoy, le dan plenamente razón, cuando ya no tiene lugar en ningún lado la vieja aseveración del nipo norteamericano, Fukuyama, quien daba al capitalismo un triunfo histórico sobre la experiencia socialista

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Y aunque el mirar hacia atrás puede sabernos desagradable, conviene siempre pasar por el trago amargo: en ese momento, década del 90, muy pocos tuvimos el atrevimiento de pensar las cosas al revés y confiar en el futuro cuya negación era, a la larga, el dictamen de Fukuyama. Mientras tanto la crisis del orden en deterioro, el capitalismo, empezaba a mostrar sus purulencias a granel: Huntinton hablaba de guerras entre religiones, en el mejor estilo medieval, y sin teoría alguna la familia Busch iniciaba su ofensiva sobre Medio Oriente. El resultado lo vemos en nuestros días a las claras: la puja por el petróleo y otras riquezas naturales, habría de arrojar a millones al Mar Mediterráneo, convirtiéndolo en lo que el europeo llama, macabramente, “maremortum”.

Pero lo más grave residía en el ver mal lo que de cierto había en los países que habían derrotado al fascismo unas décadas antes. ¿Había sido superada, en verdad, la tentativa socialista y hasta sus viejos baluartes se volvían al capitalismo? Eduardo Galeano nos arrojó sus refutas de un modo pintoresco: “Quienes lloran la muerte del socialismo, dijo, se han equivocado de cadáver”.

Y, en verdad, si no hubiese madurado ya para entonces la sociedad civil en Rusia, los crímenes de Yelsin acaso hubiesen triunfado, y si no hubiera estado China, con sus complejidades en relación con los “dos sistemas y dos desarrollos”, acaso el heroísmo cubano nos pareciese, a la larga, inútil. Mientras tanto, en pequeño, y casi como si fuese el embrión de algo que puede tarde o temprano crecer, los kurdos sirios y la Chiapas de México, mantenían esa estricta atención a cualquier cosa inédita cuya eficacia haya que buscar esmeradamente. La idea de Ocalan –como se lee en Contretemps último- consistía en montar una Confederación “cuyas redes de Consejos administrativos se elegían popular y democráticamente, cara al aire, en villorrios, ciudades y hasta cuarteles demasiado poblados”. No muy lejos de los actuales Poderes populares de Cuba y Venezuela, o los que han empezado a articularse también en México, cuyas autodefensas, Comités de Autogobierno y el llamado CID, despliegan sus fuerzas por todas partes. Hoy lo sabemos y nos emociona: el punto de partida de lo que nace en el desastroso país de hoy, el más antiguo de la América española, o sea, el más antiguo del Nuevo Mundo , brotó en el sitio de aquella aldea de “La Vera Paz”, fundada por Fray Bartolomé de las Casas ante la ironía desdeñosa de encomenderos y canonjías. Y François Huttart habría de recordarlo tácitamente, con vocablos muy actuales: “El mayor deber del cristiano es hacer la Revolución”, en tanto las ideas de autodeterminación empalman en todas partes con formas institucionales basadas en la cooperación, la solidaridad y la fraternidad, como las que instrumentan los Comités de Apoyo a la República de Mallorca, generados por la adhesión al referéndum catalán violentamente agredido por el gobierno español.

Se comprende, por consiguiente, que la vieja mancha del fascismo haga esfuerzos por recuperar legalidad. A tiro limpio, por ejemplo, la Gendarmería y la Federal sitiaron el otro día, con su “orden”, el Congreso argentino donde un grupo “muy legalista” trató de trampear el quorum, mientras el ilustre Amadeo, intermediario en la compra de armas para la Bullrich (¿en aras de la soberanía quebrada muy pronto con el hundimiento del Ara San Juan en la Zona de Exclusión británica?), justificaba el maltrato a los diputados por desobedecer la Ley. ¿Pero alguien pensó que un viejo fascista como Eduardo Amadeo podía defender otra legislación que la del garrote?

Por supuesto, el burgués asustado durante el acrecentamiento de la lucha de clases intenta, como decía Castells, de afianzar su poderío a lo Trump, aunque ya el tiempo le haya mostrado otra cara… y esto al precio que sea, cuando el movimiento anticapitalista se multiplica desde Estados Unidos a la decrépita Cultura Occidental.

¿Espera el viejo racismo de Estados Unidos y la Unión Europea tomar la iniciativa de su propia destrucción? Pues… Rajoy no tiene el monopolio de la locura y su comparsa argentino… ¡Bueno! hasta ahora inimputable, tal vez le sirva para algo… Sin embargo, el Ku Kluk Klan o los evangelistas de Washington que aguardan la pronta “parusía” (también le llaman Apocalipsis o Juicio Final) quizás los induzcan a celebrar represiones como la del viernes pasado, sin recordar lo que cierta vez dijo un General golpista, Lanusse: “que las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas”.

De todos modos, hay una realidad saludable: el país de la ambigüedad, cuyos teóricos o legisladores no se animan a llamar las cosas por su nombre, han tenido que cambiar de lenguaje. Y las fuerzas de seguridad se han vuelto lo que son: represoras, al servicio de los núcleos más perversos de la Oligarquía empresarial. Pues el único capitalismo serio es éste, cuya inclusión no es muy diversa: los medios de vida para los pocos ricos del sistema… y la indigencia o el cementerio, para las mayorías... Sin ignorar, en cambio, lo nuevo en una átona vida como la de los argentinos y su declamación democrática: también el híbrido organismo de la Legislatura se ha partido en dos, y cabe mencionar un incipiente sector de representantes populares en ella.