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Opinion Corrientes Sábado 04 de noviembre de 2017 
La UCR “M”
(Por Rodrigo Ocampo) En un nuevo aniversario del fallecimiento del Dr. Raúl Alfonsín, parte del pueblo argentino se encuentra desconcertado ante el presente que atraviesa el centenario partido de la Unión Cívica Radical (UCR), convidado de piedra dentro del frente Cambiemos, pero legitimador de las políticas más antipopulares de las últimas décadas que lleva adelante el Presidente Mauricio Macri

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Entre los movimientos y las corrientes que se suscitaron hacia el interior del partido fundado por el Dr. Leandro N. Alem, podemos recordar a la UCR Antipersonalista del año 1924; la UCR Renovadora, formada en 1945, luego integrada al proyecto del General Perón; más tarde, en la década del ´50, la UCR del Pueblo y la Intransigente.

Más acá en el tiempo, una UCR “Alfonsinista” que supo retomar el proceso democrático en nuestro país, recuperando algunos pilares fundamentales como el respeto por los DDHH y la lucha contra los monopolios hegemónicos que pretenden dirigir los destinos del país. Pero la memoria de los argentinos quedaría marcada a fuego con la UCR de la Alianza de Fernando De la Rúa, el “corralito”, la represión y los muertos en Plaza de Mayo, y un gran estallido social.

Aquí la novedad viene con la actual versión del partido: la UCR “M”. Así como el peronismo en los últimos años se identificó con la letra “K”, producto de los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner, la letra que quedará estampada como parte de la historia del radicalismo será la “M”. Porque han decidido permanecer Mudos frente a los acontecimientos y a las políticas neoliberales de Cambiemos, pero fundamentalmente porque quién los conduce es nada más y nada menos que Mauricio Macri.

De la mano de ciertos personajes nefastos como Ernesto Sanz o Ángel Rozas, esta versión nace en 2015 con el triunfo del frente Cambiemos. La UCR M tiene la característica de hacer silencio sepulcral ante las políticas que ejecuta Mauricio Macri. Se guarda todas las críticas en el bolsillo, y actúa como legitimador para convalidar el peor de los ajustes contra el pueblo argentino.

Volviendo a Raúl Alfonsín, el ex presidente sostenía con firmeza que concertar con la derecha era asumir una traición a la patria. Es por ello que sorpresivamente, ya en ausencia de quién para muchos es el Padre de la Democracia, su partido pacta con la coalición gobernante de Macri, en una clara y evidente traición a sus principios fundacionales, y con muchos de los personajes con los que el propio Alfonsín definió como enemigos del pueblo.

La UCR M termina como cómplice del ajuste económico más brutal que vivió el pueblo en los últimos 40 años de historia. Con porcentajes alarmantes de desocupación, con un crecimiento exponencial de la pobreza, tarifazos que afectan directamente al bolsillo del pueblo trabajador, y fundamentalmente, la complicidad de una farsa comunicacional que incluye el sostenimiento de libertades hoy cercenadas por el Estado.

Con este modus operandi, la UCR aggiornada a Cambiemos no ha dicho absolutamente nada respecto a la reciente desaparición forzada de Santiago Maldonado en plena democracia. Tampoco opinan de la violación de los pactos Internacionales ni de los fallos de los organismos de DDHH en torno al apresamiento ilegal de Milagro Sala, muy por el contrario, su principal quebrantador es una figura preponderante dentro del esquema, Gerardo Morales.

Tan grave como el silencio cómplice que ejercen ante la designación de Luis Miguel Etchevehere, ex Presidente de la Sociedad Rural Argentina, al frente del Ministerio de Agroindustria. Esta institución oligárquica, enemiga histórica de la democracia y particularmente de la Unión Cívica Radical, si recordamos aquella silbatina de los terratenientes contra Raúl Alfonsín.

Como parte de una nueva generación que se incorporó a la política al calor de los mejores años de la democracia, anhelo que los militantes de la UCR puedan reflexionar sobre lo que están viviendo. Los movimientos históricos no claudican, quienes traicionan son sus dirigentes cobardes. Será primordial entonces una militancia radical crítica y transgresora para poner en pie al partido centenario y retomar las ideas de Yrigoyen.