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Opinion Corrientes Lunes 11 de setiembre de 2017 
A cien años de la gran revolución
(Por Arturo Zamudio Barrios) Los macabros esfuerzos del Imperialismo por destruir la revolución bolivariana no podrán impedir que triunfe este acto revolucionario calificable ya de terremoto político en un siglo aún por gastar en sus dos primeras décadas

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Ejercítese en aprender y así avivará la juventud en su vejez
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Organizaciones populares del mundo entero, lo han reiterado hace poco en Hamburgo y al referirse al recauchutado fascismo que anima al agresor, aseguran: “Esta vez, como dijeran los españoles en 1936, no pasarán… John Pilger, entretanto, periodista australiano, rubrica que la caída de Venezuela equivaldría a la de esa España pre franquista, cuyo final mostró la expansión del nazi-fascismo en Europa, tanto como el asesinato de Allende en Chile trajo consigo la aplicación del neo liberalismo en el mundo entero, mediante una sumisión cada vez mayor de los países capitalistas al dictamen del ocupante –sea tonto o leído a medias- de la Casa Blanca. Por eso, remata, si “Venezuela cae, la Humanidad cae…” Pero en Europa y América una y otra vez se repite: “esta vez no pasarán…”

Naturalmente, la amenaza de intervenir militarmente en el país sudamericano, habría de acarrear a Chosmky, su nota de mayor preocupación, aunque confíe en que algún factor lleve prudencia al energúmeno gobernante. “No esperemos –añade la publicación vasca “La Haine”- tampoco que se trate de contingentes armados hasta los dientes y mascando chicle…” No… la invasión ya ha querido despuntar, en verdad, y paramilitares de Uribe Vélez han sido pesquisados y detenidos por la milicia bolivariana. La desesperación, por lo tanto, de tales fracasos repetidos, es la que enloquece al benemérito empresario, y envía casi clandestinamente al Vicepresidente –la prensa norteamericana ignoró por completo el viaje de Pence- a buscar apoyo entre los “perros mansos”, como decía Kusinsky, es decir, los gobiernos latinoamericanos obedientes a las directivas de Washington.

De ahí también la enorme expectativa que rodeó la conferencia internacional de Maduro hace dos noches, y diez minutos más tarde, Rusia celebraba su pacifismo, así como la necesidad de darle curso en todas partes. “Porque no queremos desaparecer –había advertido el venezolano- y podemos sí, mantener un diálogo respetuoso entre ambas naciones…” Aunque sepamos que a Estados Unidos le asusta el programa del Socialismo Siglo XXI, y sus repercusiones, inclusive en la propia Estados Unidos.

Ahora bien, por muchas razones el camino bélico equivaldría a la peor ocurrencia que pueda brotar del torpe personaje, pues la gama de vínculos mundiales de Venezuela, contrasta con la casi absoluta soledad del posible agresor. Peor todavía…Recientemente, su negativa a atender la cuestión del cambio climático le acarreó los primeros castigos: la catástrofe “natural” en esbozo cayó sobre un territorio cuyo mandatario postergó de aquí a cien años, la toma de conciencia de quienes son el 6 por ciento de la población mundial y cerca del 30 de responsables en la contaminación del planeta. Lo que lleva a preguntarse: ¿vivirá Estados Unidos el siglo necesario para que, de acuerdo a Trump, perciba el país del Norte que el dióxido de carbono, o el agujero de ozono, están poniendo a la humanidad en peligro?

Por supuesto… la respuesta venezolana a la tragedia brutal de Texas, cuyos desaparecidos en Corpus Christi y Houston aún no han sido contabilizados, ha sido ejemplar: 5 millones de dólares para el pueblo de ambas ciudades y la reconvención al orangután –con perdón, claro, de los orangutanes- debido a que las sanciones impiden a la Revolución bolivariana acudir con todos sus medios en socorro de las regiones más castigadas. Aquél, sin salir de su despacho en mitad de la tormenta, se había puesto también generoso y enviado un millón. Anda, por supuesto, con la caja complicada la Casa Blanca: su actual inquilino había enviado una contribución similar a la del bolivarismo para fortalecer a la “guarimba” que la Constituyente desguazó, al desnudar las complicidades ocultas en el aparato de Estado.

Pues…Ya lo dijo el presidente ruso, evocando a Rosa Luxemburgo: la humanidad se debate hoy, entre la barbarie y el “Socialismo Siglo XXI”. De ahí la proliferación de estudios sobre la Revolución Rusa, cuando el “chavismo”, Cuba, las victorias de la Sociedad Civil rusa y el crecimiento imparable del Socialismo a la China, han puesto este libreto –leemos en el último número de “Contretemps”- en acelerada reescritura. Sin ignorar, empero, las complejidades del trance en nuestros días. Porque, escribe Edgardo Lander, no sólo estamos frente a la crisis del capitalismo, sino además ante la “crisis terminal del patrón civilizatorio que la modernidad impuso a lo largo de los últimos cinco siglos… “No es casual que el bipartidismo, la democracia representativa cuya representación es, en verdad, casi nula o “clase política”, como se la dio en llamar apenas las Monarquías cayeron en coma, reciben en todas partes un repudio que ya pudo haberles caído encima cuando, allá por 1914, las diputaciones se esfumaban bajo el tronar de los cañones.

Basta cotejar la esterilidad actual de los Parlamentos –el venezolano sólo ha hecho de quinta columna y el argentino, de charlatanería Inútil- con las muestras de participación, discusión y estudio conjunto, sin taparrabos ni disimulos, de la Asamblea Constituyente, popular y originaria de la República Bolivariana. Sin olvidar que la incertidumbre sobre este asunto, en los lejanos días de la Revolución Rusa, constituyó también uno de los factores que impulsaron el infortunado ciclo de la Dictadura de Stalin.

Ciertamente, no es un tema menor y la remoción institucional, como exigencia, ha acompañado toda la historia de luchas por el cambio de orden. Por eso, Gramsci, prisionero del fascismo hasta su muerte, no vacila en proclamar a Lenin como “activador de conciencias”. Algo, hoy, de imprescindible valía, cuando la lucha de clases se ha convertido en “campo de tensiones comunicacionales”, como dijera Maduro, y el protagonismo de los pueblos es vital tanto para el hallazgo de una alternativa a la vida, como para su misma preservación, puesta en interrogantes por el agónico capitalismo de nuestros días. Aunque si repetimos a la manera de Durruty en 1936: “no pasarán…”, una y otra vez y multánimemente, las locuras de Trump podrán hallar la cura psiquiátrica que les otorgue remedio.