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Opinion Corrientes Sábado 12 de agosto de 2017 
Historias infrahumanas: Barbarita Flores - Ailín Aimara
(Por Carlos Coria) Probablemente todos recordamos la criatura que por televisión nacional lloró de hambre, sucedió en el año 2002, en el programa televisivo en América Tv de Jorge Lanata Detrás de las Noticias, es el desamparo de vivió Barbarita Flores de ocho años que, entre llantos dijo a la cámara: “Me duele la panza de hambre”

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Queremos ser votantes, no “votontos”*
El derecho de resistencia a la opresión
La vergüenza de ofrecerse en la “góndola” cual saldos y retazos
Hacia un [E]stado de gratuidad
Venezuela, el fin de la política
(Foto: Ailín Aimara)

“La pobreza no es un mal ni una condición, sino un fracaso estructural del Estado como medio de realización de lo político. El sistema de la eticidad” - Georg W. F. Hegel

La historia de Barbarita recorrió el mundo como ejemplo del estado de crueldad al que se puede llegar cuando la herramienta “Estado” se convierte en el brutal, la niña que lloró de hambre provocó un cismo allá donde se cuece el destino de los argentinos, el centro-poder se sintió tocado en su fibra mas intima y salió a combatir para auto conservarse, a Tucumán, de donde es oriunda da Barbarita, al otro día llego de todo, lo que nunca llego es la dignidad humana que le fuera arrebatada, no solo a Barbarita, a todos los que habitamos este suelo patrio y administrado por asociaciones ilícitas.

No perder la capacidad de asombro, entre otras cosas, nos sirve como herramienta de defensa, es que un día te podés encontrar con situaciones que jamás hubieses imaginado que podría ser real, el caso de Barbarita Flores sin dudas, asume el podio de la desgracia humana, pero no, existe una realidad peor que el de la tucumana.

Trece años después de que Barbarita Flores anunciara por televisión abierta su dolor, el estrujamiento en las tripas que provoca el hambre, después de que el país conociera que compatriotas acudían a la escuela en estado de inanición la realidad se puso peor.

Los correntinos logramos construir de propia mano una realidad macabra que supera a Barbarita Flores, en textos anteriores dejamos entrever la posibilidad de crear la figura del pobrecidio (Hacia un [E]stado de gratuidad. Sobre la causa de los desposeídos, de la justicia social o de la lucha de clases.) como mecanismo o herramienta para combatir la pobreza, declarando, entre otras cosas, la gratuidad de la vivienda y los alimentos en Argentina al menos en el norte “africanizado” del granero del mundo que nada tiene que envidiarle a Ruanda.


Barbarita Flores

Ai¬lín Ai¬ma¬ra. es una niña de apenas 10 años (en 2015), padece labio leporino en estado crítico, vive en la más extrema pobreza al que una persona puede llegar, con una década caminado en este mundo no tiene Documento Nacional de Identidad, es mucho menos que un ente para el sistema, es un sin nombre, un muerto civil, una víctima más del “contrato social”, no puede asistir a la escuela porque carece lo básico de una persona de este siglo: su identidad, su madre es analfabeta, duermen hacinados los 6 hermanos en un pozo de mugre a 20 cuadras de la casa de gobierno provincial, pero todavía, hay politiqueros que impunemente hablan del futuro, cuando el presente de la mitad de los correntinos es la incertidumbre del plato de comida del día en curso. ¿Hasta dónde se piensa llegar? ¿Cuál es el punto final para esto? ¿Hasta dónde se piensa tensar la cuerda?

El Estado, creado y pensado, cobijado en un contrato social simbólico, inexistente por donde se lo mire, argumentando democracia que no es otra cosa que el reaseguro o garantía del cargo político para políticos, hacedores del inframundo, hacedores de montañas de seres en patas, piojentos, hambrientos, piltrafas parlantes a los que luego se los visita para que voten por ellos.

La dignidad de los seres humanos tiene que ser defendida de alguna forma, de cualquier forma, el extremo del absurdo no tiene fin, creer que hemos visto todo con Barbarita Flores, pero nos garrotea la realidad cuando Ai¬lín Ai¬ma¬ra llega a nuestras vidas es confirmar que vamos por mal camino hace largo rato. Para salir del pozo, primero, hay que dejar de cavar.