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Sociedad Corrientes Martes 21 de julio de 2008 
DIQUE Y SIEMBRA EN MERCEDES
Fundamentos encontrados entre biólogos por impacto de proyecto Ayuí
En una entrevista divulgada por la coalición de firmas que emprenden en Mercedes al megaproyecto agropecuario Ayuí, el biólogo internacional de organismos y evolución, Otto Solbrig, defendió al emprendimiento al cual entiende como un “círculo virtuoso en lo económico y social”. “Se trata de producción sustentable”, dijo el biólogo pero recibió críticas de especialistas de su mismo campo.

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La falacia de la escala
El proyecto Ayuí Grande, que se extenderá por más de 77.000 hectáreas, supone la eliminación de 137 kilómetros de bosques naturales bajo 8 mil hectáreas de un espejo de agua que se formará con el cause del arroyo Ayuí, que será desviado de su estado natural.

Preparado el terreno, los empresarios planean sembrar, entre otras, 23 mil nuevas hectáreas de arroz que implicaría 130 mil toneladas extra para la exportación correntina, y 5 mil de otros cultivos con el mismo destino, en un contexto internacional favorable dado el incremento del precio de los cereales.

La empresa supone a una inversión de más de 60 millones de pesos e involucra a las firmas privadas Pilagá, Tupantuva, Copra, del vicepresidente del Grupo Clarín, y Adecoagro, del financista húngaro George Soros.

Solbrig, renombrado referente internacional y profesor emérito de biología evolutiva de la Universidad de Harvard, es uno de los biólogos contratados por las firmas para llevar adelante a la auditoría externa del Proyecto Productivo Represa Ayuí Grande en el territorio correntino.

Solbrig señaló al proyecto como un “círculo virtuoso en lo económico y social, que atenúa al impacto ambiental” y remarcó que “es posible apuntar al cuidado del medio ambiente y la producción sustentable”

Solbrig consideró que, en términos históricos, el hombre está haciendo cada vez mejor las cosas, en función de que se está tomando conciencia de que no puede seguir haciendo las cosas de la forma en que se venían haciendo. "Ahora, este va a ser un proceso lerdo, porque hay que educar a los chicos, a la población, pero en el interior vamos transformándonos", reflexionó.

El especialista señaló que el proyecto Ayuí Grande no derivará en daños irreversibles. "Si yo destruyo una especie y la hago desaparecer del planeta eso es irreversible, pero si al suelo no lo trato bien, siempre puedo poner fertilizantes, puedo mejorarlo a futuro y recuperarlo”, explicó; agregando que esto último “es lo que han hecho en este proyecto”.

“Han estudiado los diferentes ambientes y animales y se ha dicho, vamos a tener un impacto: si; vamos a tener un impacto irreversible: no”, puntualizó.

A la vez el biólogo señaló que “no existen muchas compañías que estén dispuestas a dejar parte de su tierra como una reserva natural” en referencia a las 13.700 hectáreas en que las firmas prevén crear un área protegida “de administración privada” que receptará al impacto que producirá el uso de químicos industriales para la siembra y a la emisión de gases de las maquinarias.

Réplicas

Sobre las declaraciones de Solbrig, no esperaron las críticas. Entidades ambientales, locales y nacionales, que siguen al desarrollo del proyecto en Corrientes se pronunciaron con duras críticas hacia los fundamentos del especialista.

Entre los más duros pronunciamientos, el del doctor en Biología Adrián Monjeau, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, sindicó de “falacia” a los fundamentos Solbrig.

“Una gota no hace la lluvia, la emisión de carbono de una persona y su vehículo no calientan el planeta, ni derriten glaciares, ni una pisada, ni un soplido provocan erosión” contestó el biólogo del Conicet a Solbrig, quien aseguró que “el Proyecto Ayuí no terminará con ninguna especie”.

“Si miramos el mapa de Human FootPrint versus Last of the Wild, miles de "Ayuís" se pierden en base a falacias como las de Solbrig. Ese argumento del Dr. Solbrig desprecia la escala a la que ocurre el proceso de extinción: porque es un escenario tendencial que opera a escala continental”, señaló Monjeau.

“Ya lo escribí alguna vez: el enemigo es invisible por lo gigantesco. Las especies no se extinguen por un martillazo que justo pegó en la cabeza de una rana endémica. Se extinguen debido a una paulatina tendencia a la rarefacción de sus condiciones de habitabilidad por una sumatoria de casi infinitos impactos difusos en el tiempo y en el espacio”, sostiene el biólogo del Conicet.

El proceso de extinción ocurre en tiempos y espacios que no pueden medirse ni argumentarse como causales puntuales, eso es una falacia, es como mirarse al espejo para ver si estamos envejeciendo y responderse "no, estoy igual que hace unos minutos".