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Cultura & Espectaculo Jueves 02 de julio de 2008 
Un poeta correntino de culto
(Por Darwy Berti, especial para Momarandu.com) Ni el uno que escribe, ni el otro que lee estas desordenadas líneas podrían hacerlo de haberse cumplido, en los mil últimos años, el precepto instituído en 1008 por el filósofo Abúl Alá ibn Abdullah al-Maarrí(973-1057).


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Ese sabio, tan leído por Borges y otros argentinos sin prole, preconizó hace diez siglos: “Esta injusticia que me hizo a mí mi padre, nunca se la haré a nadie”.

En Corrientes, Carlos Gordiola Niella, el poeta de “La aldaba herrumbrada” (1952), solía leernos, en su casa de la calle Paraguay 1026, las páginas que le sobrevivieron a Abúl Alá ibn Abdullah al-Maarrí.

Gordiola Niella, que siempre fue un escritor de culto, no se mostraba muy contento, entonces, que la humanidad ignorara, en todo este tiempo, el piadoso precepto del filósofo árabe, instituído hacía un milenio. La injusticia prolífica y fornicadora había triunfado tanto en el Oriente como en el Occidente.

Pero no es de su heregía albigense que queremos hablar hoy, sino del Carlos Gordiola Niella de culto. Así se mostraba este autor tanto para un poeta como Juan José Folguerá, como para un pintor como Juan Carlos Soto, y también para algunos periodistas como el presente.

Director del suplemento cultural del diario “La Provincia”, rector-interventor de la Academia de Bellas Artes “Josefina Conte”, al promediar la década del 50, Gordiola Niella era muestro poeta de culto en Corrientes y todos nosotros girábamos alrededor de su personalidad, con algo de arcángel y algo de Mefistófeles.

Quizá esa personalidad no esté mejor plasmada, antes que en otros de sus libros, como lo está en: “Con matasellos de Caá Catí”. Estos cuentos son mefistofélicos sin perder su aire caacatiano.

Ese aire de yerba maloliente.

Nosotros, los de entonces (que ya no somos los mismos), no sabíamos si Gordiola Niella, a semejanza de Borges, odiaba los espejos y la cópula, porque reproduce a los hombres, pero sí llegamos a saber que murió célibe.

Esta soltería le permitió engendrar algunas páginas dignas de culto. Páginas válidas.

Entre esas páginas válidas se cuentan algunas de Con matasellos de Caá Catí”, libro que, ahora, usted, amable lector, puede leer en la Biblioteca Correntina de “El Mariscal”, mientras toma su café.

Además, sepa usted que nuestro parroquial poeta de culto, Gordiola Niella, solía repetir la oración de otro poeta árabe: Albucim El Hadramí.

Este celebérrimo poeta del siglo XII, al verse acosado por los príncipes de su tiempo, que le llenaban de oro la boca y, por sus propios colegas, que le atormentaban con sus elogios, solía implorar: “Ojalá yo hubiese nacido muerto”.