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Cultura & Espectaculo Miércoles 29 de agosto de 2018 
SUS LIBROS EN EL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES

La faz política de Bonpland en cartas a caudillos y gobernadores del litoral
(Por Facundo Sagardoy para momarandu.com) Durante el último el II Congreso Patrimonio Cultural y Natural, el Museo Amado Bonpland recibió del Museo de Farmacobotánica “Juan Aníbal Domínguez” (FFyB-UBA) nuevos archivos del naturalista francés que, desde entonces, pueden disfrutarse en Corrientes.


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Momarandu.com entrevistó a su donante, el Dr. Marcelo Luis Wagner, (foto) profesor titular de la cátedra de Farmacobotánica de la UBA y director del Museo de Farmacobotánica Juan Aníbal Domínguez.

"Soy Marcelo Luis Wagner, profesor titular de la cátedra de Farmacobotánica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, y a su vez cumplo la función de director del Museo de Farmacobotánica Juan Aníbal Domínguez", se presenta el profesor apartado por momarandu.com luego de haber recibido una lluvia de aplausos en el recinto de conferencias del Museo de Ciencias Naturales "Amado Bonpland" sobre la costanera de la Ciudad de Corrientes.

Minutos antes, por su propio mandato, la institución que representa entregaba al Museo de Ciencias Naturales "Amado Bonpland" una serie de documentos nuevos del célebre botánico y naturalista francés, una de las más importantes figuras científicas en la historia de Corrientes, hallados en el inventario del Museo de Farmacobotánica “Juan Aníbal Domínguez” (FFyB-UBA)

El Congreso, que se llevó a cabo en mayo pasado, contó con la participación de destacados especialistas de ICOMOS, ICOFOM LAM, CECA LAC, ICOM, CEHAU, ADiMRA, EBAM, CPIAyA, CNMYBH y la Municipalidad de la Ciudad de Corrientes que debatieron sobre Centros Históricos, sus mecanismos de compensación y estrategias de sustentabilidad, Centros de Interpretación, Museos, Gestión de museos, Patrimonio Inmaterial, y la importancia de los estudios de impacto ambiental para la protección del patrimonio cultural.

El Dr. Marcelo Wagner disertó entre ellos invitado a charlar sobre la Gestión de los Archivos Bonpland dentro del Museo de Farmacobotánica de la UBA en la Sala Dos "Iberá".

"Uno logra amar a Bonpland realmente cuando lo conoce, si no se lo conoce no se lo puede amar, y yo creo que uno debe conocer su historia para amar lo que es, sino, nunca va a estar completo, nunca va a ser un hombre completo", expresa el Dr. Marcelo Luis Wagner, tras el acto de entrega.

"Yo creo que los correntinos lo tienen que conocer, los correntinos tienen fama de mucha identidad, entonces, yo creo que esto es para reafirmar su identidad, que es muy linda, aún más", completa.

-MOMARANDU.COM: ¿Cómo se llega desde el descubrimiento de los archivos hasta su intercambio?
-Dr. Marcelo Wagner: Acá -el II Congreso Patrimonio Cultural y Natural- me han invitado para que hablara un poco del famoso Archivo Bonpland, el cual llega a nuestro Museo, un poco fortuitamente, por la posibilidad de que un nieto de Bonpland -Pompeyo Bonpland- estudie en la Facultad Ciencias Médicas.

El Museo de Farmacobotánica fue fundado en 1900 por el farmacéutico Juan Aníbal Domínguez, sobre la base de sus propias colecciones obtenidas en trabajo de campo para catalogar la Materia Médica Argentina, y también mediante donaciones de distinto tipo. Inicialmente el Museo funcionó en el edificio de la Facultad de Ciencias Médicas situado en Av. Córdoba al 2124 que hoy es la Facultad de Ciencias Económicas. Luego se mudaron las colecciones a donde funciona actualmente dentro de la Facultad de Farmacia y Bioquímica Junín 956 1er piso, Buenos Aires.

"Ahí, conociendo un poco la trayectoria de Bonpland, rápidamente lo entrevistan -a Pompeyo- y hablan de la posibilidad de que existiera cierta documentación en manos de la familia", indica el Dr. Wagner.

Pompeyo Bonpland fue hijo de Encarnación Ramírez y Amado Bonpland Cristaldo, hijo de Aimée -Amado- Alexandre Bonpland y Victoriana Cristaldo Miranda.

"Pompeyo Bonpland se sintió reconfortado por ese reconocimiento a su abuelo -continúa el Dr. Wagner- y se pone en contacto con su padre y gestiona, el padre, para que se entregue toda una serie de documentos al Museo de Farmacobotánica".

-M.:¿La gestión fue aprobada por su familia?
-Dr. Wagner: Lo que cuento fue, o habrá sido, en abril. En septiembre de ese mismo año aparece Amado Bompland con una especie de cofre donde se halla toda esa documentación.

-M.:¿Los archivos fueron inmediatamente incorporados?
-Dr. Wagner: Ante Bonpland -hijo- , Domínguez hace un estudio más o menos rápido para separar todo lo que es muy personal. Algunas cartas fueron devueltas a su familia, pero Domínguez se queda con las cartas de políticos, científicos, y con, digamos, lo que uno llamaría borradores y demás sobre distintas notas y comentarios que él hacía y tres o cuatro, cuatro en realidad, diarios de viaje escritos por él mismo.

-M.: ¿Qué nota Domínguez en esos archivos?
-Dr. Wagner: Amado Bonpland es una persona que realmente tiene la capacidad de escribir muy bien sobre su ambiente. Cuando uno lo lee, se ubica en el lugar. Por eso se puede decir que son, en esta región, los primeros registros climatológicos. Él también hace trabajos geológicos, de tipo paleontológico, hace trabajos botánicos y de biología, hace una taxonomía de las serpientes de la zona. Es increíble la diversidad con la que él se desenvuelve y los comentarios que da.

-M.: ¿Todo lo señalado finalmente es parte de estos archivos?
-Dr. Wagner: Al exponer en Corrientes consideré que era más que importante que se sepa de dos publicaciones que sacó el Museo, estamos hablando del año 1928 más o menos, para una de ellas, la primera precisamente, el primer tomo, que es de 1928, y resume los diarios de viajes de Bonpland, en los cuales trata en especial un viaje a Brasil desde el que vuelve y recorre Corrientes.

-M.: ¿Qué describe Bonpland en este viaje?
-Dr. Wagner: En esta oportunidad describe flora, clima, todo lo que él habla comúnmente. En el otro libro, la siguiente publicación, que es de 1939, Domínguez se preocupa un poco más de la faz política de Bonpland y recolecta todas aquellas cartas relacionadas con los caudillos, con los gobernadores de ésta área -litoral-, en la que, por entonces, se estaba con el deseo de formar la República de Entre Ríos, entre Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Eso es lo que se donó.

En la vasta obra que Bonpland legó se hallan destacados un herbario compuesto por 30.000 especies desarrollados en diversos tratados de botánica y en otras obras entre las que figuran algunas escritas en colaboración con Alexander Von Humboldt, en particular doce volúmenes de la obra monumental Voyage aux regionEs équinoxiales du Nouveau Continent -Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente- y otros dos de la misma obra correspondientes a la parte titulada Vue des cordillEres et monuments des peuples indigènes de l Amérique.

En esta obra magna participó también el botánico alemán Karl Sigismund Kunth, que vivió entre 1788 y 1850, quien en 1813 se trasladó a París para colaborar en la redacción de Mimosées et autres plantes légumineuses du Nouveau Continent y Distribution méthodique de la famille des graminées.

AMADO BONPLAND, EL SABIO FRANCÉS, QUE ADOPTÓ A CORRIENTES COMO SU HOGAR

Amado Bonpland fue un sabio francés, miembro de la expedición científica que acompañó a Humboldt a América del Sur, que vivió en la Argentina de 1817 a 1858. Fue médico y botánico, académico y gaucho de a caballo, agricultor e industrial, erudito y hombre sencillo.

Fue hijo de un médico y agricultor. Nació en La Rochelle el 28 de agosto de 1773. Estudió medicina en París, pero su vocación lo inclinó a las ciencias naturales, particularmente la botánica. Escuchó con fervor las clases de Lamarck, Desfontaines, Jussieu.

En Rochefort estudió cirugía naval. Fue destinado por la marina al puerto de Tolón y asignado al navío Ajax. En París fue admitido en el círculo de amigos del médico y profesor Jean-Nicolas Corvisart des Marets, un hombre de gran prestigio y primer médico de Napoleón Bonaparte. Entre ellos figuraba el naturalista y viajero alemán Alexander von Humboldt.

Junto a von Humboldt fue citado por Napoleón a participar de una expedición científica a Egipto entre los años 1798 y 1801 pero su barco nunca partió.

Desde entonces, comenzó a recorrer a pie con Alexander Francia y España, guiado por el estudio de nuevos especímenes, piedras, plantas, animales. En España, el ministro Luis de Urquijo les dió paso a América Latina y hacia donde sus costas partieron desde La Coruña, a bordo de la corbeta de guerra española Pizarro, en 1799.

Una vez en Cumaná, Venezuela, bajó hacia el noroeste de América del Sur, recorrió la cuenca del Orinoco al Perú, el Chimborazo y al Cotopaxi, México, Cuba, subió hacia Filadelfia y Washington y regresó a Europa.

De aquellas aventuras, Bonpland y von Humboldt entregaron al Museo de París cuarenta y cinco cajones con unos 60.000 ejemplares de plantas herborizadas, hasta entonces casi desconocidas por la ciencia.

Por su trabajo Bonpland recibió una pensión aprobada anual de tres mil francos, recomendado a Napoleón por Lamarck, Jussieu y Desfontaines.

Luego de ver su desempeño, la emperatriz Josefina lo nombró intendente de la Malmaison, castillo situado en la población de Rueil, en el departamento del Sena y Oise, a orillas del primero de estos ríos y cerca de París, donde ella residió desde 1809.

En 1815 apareció el primer tomo de la monumental obra Nova genera et species plantarum -Nuevos géneros y especies de plantas-, cuya publicación tardó diez años en completarse.

En 1814, 1815 y 1816, Bonpland realizó varios viajes a Londres, donde trató a Bolívar y a otros patriotas sudamericanos, entre los cuales se encontraba Bernardino Rivadavia, quien le habló con entusiasmo del porvenir de los países del Plata.

A fines de 1816 se embarcó con su esposa Adelaine, su hija Emma y dos jardineros. Arribó a Buenos Aires en 1817, junto a su biblioteca, semillas, 2.000 plantas, 500 pies de vid, 600 sauces y 40 naranjos y limoneros.

Se estableció en el llamado "Hueco de los Sauces", donde hoy se encuentra la plaza Garay, e inició en ese lugar sus plantaciones.

En octubre de 1820, sin su esposa, decidió dirigirse a la zona de las viejas misiones jesuitas, entre los ríos Paraná y Uruguay, donde crece espontáneamente la yerba mate, en la entonces República de Entre Ríos, que abarcaba también las actuales provincias de Corrientes y Misiones.

En esta zona, Bonpland estudió la flora y resolvió fundar un establecimiento agrícola para dedicarse al cultivo de la yerba mate.

En el año 1821, la recién creada Universidad de Buenos Aires lo nombró profesor de materia médica, pero él no acudió a hacerse cargo de la cátedra, pues en Corrientes había logrado la confianza del Supremo Entrerriano, Francisco Ramírez, quien se entusiasmó ante la perspectiva que podía ofrecer el negocio de la yerba mate.

SANTA ANA, SU PRIMER DESTINO EN EL ALTO PARANÁ

Bonpland se estableció en Santa Ana, donde hace su codo el Alto Paraná, casi frente a la ciudad paraguaya de Encarnación.

Gobernaba en esa época el Paraguay el doctor José Gaspar de Francia, quién creyó que Bonpland era un espía. Además, consideró que ese territorio de las Misiones donde estaba instalado pertenecía al Paraguay. Pero, sobre todo, no podía permitir que nadie conspirara contra el monopolio paraguayo de la yerba mate.

El 8 de diciembre de 1821, a la medianoche, una fuerza de quinientos soldados paraguayos cruzó el río y entró a sangre y fuego en las plantaciones de Santa Ana. Incendiaron los ranchos y el yerbal, apalearon a los peones indefensos, mataron a diecinueve de ellos y apresaron a sesenta y tres. Bonpland, aunque no se resistió, fue herido de un sablazo en la cabeza y luego atado con cadenas y llevado preso a la otra orilla del río, hasta Itapúa, cerca de Encarnación.

Nueve años duró el cautiverio de Bonpland en tierras paraguayas, hasta donde llegó el pedido de clemencia de muchas personalidades mundiales, entre ellas Bolívar, que escribió a José Gaspar de Francia. Pero el prisionero de nada de ello se enteró. Confinado en el sur del país, en Santa María, departamento de Misiones, practicó la medicina y la farmacia, además de dedicarse a la destilación de esencias y favorecer el progreso de la cultura en aquellas tierras.

Descalzo, hablaba guaraní con sus pacientes, cultivaba la tierra, y vendía su miel sentado en el suelo de las recovas de Itapúa.

Pasaron nueve años y un día del mes de febrero de 1831, sin ninguna explicación, Bonpland fue liberado y conminado a abandonar rápidamente el territorio paraguayo. Al año siguiente llegó a Buenos Aires, después de deambular por el sur del Brasil. Tenía entonces 59 años. En ningún momento se quejó de su cautiverio; hablaba con bondad del dulce pueblo paraguayo y aún se entusiasmaba, como cuando joven, al descubrir las bellezas naturales de la zona subtropical.

En Palermo se entrevistó con Rosas y no encontró en él simpatía hacia su obra. Desde Europa lo reclamaban; sabía que allí le esperaban honores, pero Bonpland había tomado ya su decisión y nunca abandonaría esas tierras en que había echado raíces.

Se instaló sobre el río Uruguay y fundó un establecimiento en San Borja, en Brasil, y otro sobre la costa argentina, cerca de Paso de los Libres, en un lugar que llamó Santa Ana, como la destruida colonia misionera. Cuando Urquiza se pronunció contra Rosas, Bonpland se unió al caudillo entrerriano. Lo visitó con frecuencia en su palacio de San José y aportó sus conocimientos botánicos para el magnífico parque. Asistió después, como médico, a los soldados del Ejército Grande.

BONPLAND, CRUZ DE HONOR DE FRANCIA, CABALLERO DE LA ORDEN REAL DE PRUSIA, DIRECTOR DEL MUSEO NATURAL DE CORRIENTES

La vejez de Bonpland en las costas del río Uruguay no fue sólo contemplativa. Por el contrario, el sabio emprendió nuevas tareas, ensayó la cría de ganado ovino, visitó periódicamente la ciudad de Montevideo y reanudó su correspondencia olvidada.

Se escribía con Berón de Astrada, Paz, Lavalle, Madariaga, Ascasubi y Valentín Alsina. Se había casado en segundas nupcias con una criolla, con quien tuvo tres hijos correntinos: Carmen, Amado y Anastasio, nacidos, respectivamente, en 1843, 1845 y 1847. Años después un nieto, Pompeyo, se recibió de médico en Buenos Aires.

Su país natal acordó dar a Bonpland una pensión vitalicia y la Cruz de la Legión de Honor. La Academia de París lo nombró académico. El rey de Prusia lo designó caballero de la orden real del Águila Roja. Europa lo reclamó y lo cubrió de honores, pero Bonpland se quedó en el Plata. Aceptó del gobernador de Corrientes, el doctor Juan José Pujol, el cargo de director del Museo de Historia Natural de la capital provincial.

A los ochenta y cinco años enfermó en su establecimiento de Santa Ana, y falleció el 11 de mayo de 1858.

Cuando supo de la muerte del sabio, su amigo, el gobernador Pujol, ordenó que sus restos, embalsamados por pedido espontáneo del pueblo, fueran remitidos a la capital de la provincia para darle sepultura.

Antes de ser enterrado, el cuerpo embalsamado de Amado Bonpland fue velado en una habitación a la calle en la ciudad de Paso de los Libres.

Se cuenta que, como homenaje, los amigos y vecinos dejaron puertas y ventanas abiertas y la estancia iluminada.

Fuente: Datos históricos, Genealogía Familiar. Archivo Genealógico Digital.