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Opinion Corrientes Martes 26 de mayo de 2003 
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Un Mojito Cubano
(Por María Laura Riba). Anunciaron que Fidel Castro realizaría un homenaje al General San Martín. En consecuencia, la plaza San Martín, en Buenos Aires, se atormentó de medios periodísticos. Es que donde quiera que va, Castro llama la atención y nadie quiere perderse detalle.Entonces todo se transforma en un cóctel, en un auténtico mojito cubano. Con un poco de jugo de limón y ron, la televisión devuelve imágenes, a veces, inexplicables.

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Una oleada de bombardeos de gran intensidad sacude Bagdad
Es que no se sabe bien si lo que está viendo pertenece a una espalda o al bronce de alguna estatua o, simplemente, ha ocurrido que el camarógrafo cayó al suelo y nadie atina a levantarlo. Pero el trabajo es el trabajo y el pobre continúa filmando los bolsos aplastados de las movileras, también aplastadas, o la calvicie incipiente de algún otro periodista que, quizá, esa misma mañana, ha intentado, inútilmente, disimularla ante el espejo del botiquín, con un flequillo ininteligible.

Lo mismo ocurre con las radios. Al mojito se le agrega soda y azúcar y el dial comienza a correr. Se trata de atrapar a la información. No es fácil. Alguien jadea en el micrófono. La respiración entrecortada sorprende, hasta que, por fin, con cierto alivio, una periodista aclara que está tratando de llegar a Fidel. Algo imposible, por cierto.

Pero el líder cubano se toma su tiempo y respira. De impecable traje oscuro, sentado y firme, señaló que a pesar de que está acostumbrado a realizar largos discursos, está ves sería breve. Y lo fue. Se alegró de ver a un Buenos Aires con clima de festejo y dijo tener "la profunda convicción de que este gran país, junto al resto de los hermanos de América Latina, tendrá éxito y juntos venceremos". También recordó al Che Guevara y no pudo evitar conmoverse al mencionarlo y señalar que también le debe a él, "una gran parte de esta emoción y de este recuerdo". Enseguida levantó su mirada hacia la gente y dijo "gracias... infinitamente, gracias". Mientras tanto, quienes se habían congregado en las inmediaciones, no cesaban de aplaudir y de gritar "¡Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda!" y las banderitas argentinas y cubanas daban color a los trajes oscuros de los custodios, que no sabían bien hacia dónde mirar primero.

La gente continuó gritando y vivando a Castro. Una periodista se apresura, celular en mano, e ironiza, "a ver.., acá hay una señora con un tapadazo de piel... ¿vino a ver a Fidel?". A su lado, alguien llora y dice "qué te parece lo que siento... la emoción de mi vida".

Y el zapping se vuelve inevitable. Se pretende captar cualquier otra imagen que sea más clara. Y entre tanto apretar el botoncito rojo que cambia los canales, inevitablemente, se llega a Crónica y ahí estaba Fidel. Parecía una imagen más cierta y cuando se podía imaginar que se rescataría alguna de sus palabras, la escena, de pronto, se interrumpe por el consabido cartelón colorado y las letras catástrofe. La música trágica de fondo y la noticia terrible se lanza al aire. Esa noticia que fue más importante que el propio Castro en Buenos Aires, esa noticia trascendental que, quizá, haya hecho trastabillar al propio mandatario cubano, señalaba: "Asaltaron al humorista "Sandy": le robaron piernas ortopédicas". Patético.

Versos Sencillos con más Mojito.

Luego, Fidel Castro se dirigió al Rosedal de Palermo para recordar a José Martí, pero nadie pudo escuchar una sola palabra de lo que dijo. La televisión, nuevamente, se alteraba en formas y colores inexpugnables, mientras que los micrófonos radiales sacaban al aire un "correte che, dejame laburar, ¿no ves?" y enseguida un "¡ay!", de algún cronista vencido en la batalla.

"Cultivo una rosa blanca, / en julio como en enero..." se mezcla con el hielo del mojito y todo se sacude. Alguien dice, "Castro está colocando la ofrenda floral junto al jefe porteño Aníbal Ibarra". Por unos instantes, Fidel Castro intentó acercarse a los periodistas para hablar, sin embargo, fue inútil: una masa amorfa y descontrolada trataba de llegar a un Fidel dispuesto, pero mareado, sin duda, después de tanto mojito mediático.

"Y para el cruel que me arranca / el corazón con que vivo, / cardo ni ortiga cultivo: / cultivo una rosa blanca...", se apura a recitar Martí desde el recuerdo, sin que nadie lo tome en cuenta; sólo Castro acomoda las flores y queda en silencio. El griterío se hace cada vez más fuerte y un "¡Fidel, querido, el pueblo está contigo!", aumenta y se expande.

Después... qué importa del después.... todo continuó siendo un gran mojito cubano. Todo muy batido. Quizá le faltó el toque final: dos gotas de bítter, algunas hojitas de menta o alguna que otra hoja de hierbabuena. Es que Martí insiste, "Yo quiero salir del mundo / por la puerta natural". Y Fidel Castro, también.