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Sociedad Corrientes Miércoles 23 de marzo de 2003 
No olvidar para que la justicia sea posible
(Por María Laura Riba).¿Quién sale a juntar los recuerdos, dolidos desencuentros nunca olvidados, heridas oscuras que ni los pañuelos blancos pueden disimular? ¿Quiénes pretenden contar la historia de manuales obsoletos y seguir jugando a que todo está bien, que la justicia es justa, que la dictadura militar fue algo que ocurrió hace tanto, pero tanto tiempo?. Y el tiempo es, precisamente, lo que nunca ha sobrado.

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"Me siento miserable después de haber visto las tropas norteamericanas en el centro de Bagdad"
Combates en la capital por el control de palacios presidenciales
Atacaron el vehículo en que viajaba el embajador ruso
Alumnas de establecimientos locales convocan a una marcha contra la guerra
Una oleada de bombardeos de gran intensidad sacude Bagdad
Desde 1976, los sucesivos gobiernos militares, con su famoso slogan de “reorganización nacional”, se han encargado de acallar las voces disidentes, las que no pensaban igual, las que tenían otros ideales; pero también pretendieron silenciar el llanto de los hijos de los hijos desaparecidos, los nietos amados y buscados hasta por debajo de la indiferencia y de las negaciones. Y no siempre han salido victoriosos esos siniestros soldados de la patria, esos mentirosos paladines de la justicia; los reencuentros, felizmente, existen aún. Existen y permanecerán con vida.

La Ley de Obediencia Debida y el Punto Final han intentado hacer borrón y cuenta nueva de una página que ya está escrita bajo tortura y secuestro, bajo vuelos de la muerte y picana. Una página que fue y es dicha y que nunca ha podido ni podrá borrarse con el codo. Sin embargo, todavía vivimos en carne viva y los indultos del pasado pusieron a la Justicia en un papel que la desprestigia y la obliga, en nuestros días, a ser el blanco del descreimiento generalizado. Es una pena, los resabios autoritarios aún aprietan fáciles los gatillos y apuntan hacia una democracia que por escupir el pasado, se resbala sobre la fragilidad y la violencia.

En Corrientes, la mayoría de los desaparecidos pertenecían a las Ligas Agrarias, otros eran maestros rurales, otros conscriptos; pero todos ellos eran personas con proyectos, con sueños que cumplir, con familia, con vidas propias y no fueron simplemente esos NN marcados en una tierra sin tumbas de adioses despoblada. También existieron campos de concentración y personas responsables de los más horrorosos hechos de nuestra historia. Los nombres que no se deben descartar de la memoria, los hechos que deben permanecer en el tiempo, las ausencias colmando las fechas de todos los almanaques, la historia que se escribe con mayúsculas, la que no figura en el diccionario que imprime la soberbia de las dictaduras.

¿Quién puede atreverse a ignorar el pasado cuando la muerte, el desgarro, la desaparición, se siente respirar, cada 24 de marzo, sobre nuestra memoria, junto a los que, culpables, todavía sonríen en las fotos y salen de vacaciones, tienen hijos y nietos?. Los hijos y nietos de otros que, allá lejos y no hace tanto tiempo, supieron destruir.

No olvidar, para cambiar de una vez por todas, esta manía de andar colocando el estiércol en macetas elegantes para que nuevas plantas limpias germinen. No olvidar y llamar, por fin, a las cosas por su nombre, sin eufemismos ni dobles intenciones.

No olvidar, porque la Justicia, todavía, debe ser algo posible.