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Sábado 08 de noviembre de 2003 
Francisco Madariaga, criollo del universo
(Por Rodrigo Galarza desde Madrid, septiembre de 2003) "El poeta es el balsero que cruza a veces a los hombres desde la ribera de la muerte a la ribera de la vida.¨


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Hace tres años que el poeta de ¨las brujas blancas¨ se fue galopando en la tarde, con dos luceros sangrándole los ojos y un ramillete de garzas recién bautizadas en el estero, volándole la boca como para acercar el infinito, como para beberlo de un sólo sorbo, qué cante nomás la liviana transparencia de quien tiene sentada a la belleza en la rodilla. Andan por ahí Luichos, Merlos y Eleuterios custodiando su ¨pequeño patíbulo¨.

Francisco Madariaga traía siempre consigo su aire de ¨aristoi¨, solemne defensor de los hombres descalzos de nuestras llanuras, descalzos en los espinillares del desamparo, descalzos ante Dios, "verdaderos poetas populares" .

Francisco Madariaga siempre estaba llegando del estero, con su elegancia felina, y su cortesía de inglés criollo. Vestía poncho gateado tejido con la más pura poesía, y de tanto en tanto andaba calzado en su cintura con una estrellita en forma de facón, por si hubiera que herir a la belleza, por si hubiera que desangrarla en los más simples, secretos e íntimos actos cotidianos. Podía hablar de poetas clásicos, contar anécdotas con Oliverio Girondo o Enrique Molina, y con la misma facilidad ensillar el roano y enancarse con un ánima, o violentar sus entrañas en un genuino sapucay (lo oí y vi hacerlo una noche en medio de cena cuando de pronto tocaron la Calandria de Isacco Abitbol).

Así andaba, sabiendo andar entre la gente, sabiendo beber del misterio de las almas, sabiendo ser guardián de la belleza y por eso sus ojos nunca se fueron de Jaguareté Corá, nunca cruzaron la frontera de la patria de la infancia. Vaya mi admiración y afecto a nuestro poeta que para siempre se ha quedado con nosotros:
Criollo del universo
se están llevando la tarde
el calor desprendido del ombligo
de una "bruja blanca"
salvaje trino este vino del poniente
esta "sangre de infinitud"
pájaros-luceros que sedientos de brillos
beben en el agua
la forma de un "sueño ultamarino"

se están llevando la tarde
en un carruaje de agua bordada con flores silvestres
soles incubados a punto de ser rubíes
de estallar sus campanillas encantadoras de ánimas

se están llevando la tarde
un caballo desata su último galope
y sus clinas al viento son llamas de infinito
lágrimas hacia el cielo
ángel
traspasado por el vendaval de la muerte

se están llevando la tarde
se están llevando la tarde
y mis ojos
heridos de distancia.