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Sábado 08 de noviembre de 2003 
El mito del dragón emplumado (*)
Era hombre y mujer el soberano andrógino: el rey de la Creación, el mendigo del espacio y del tiempo; hombrehombre + mujermujer yeguapotrillo-huecomonolito.

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(Por Martín Alvarenga) .HombreMujer MujerHombre que gateaba como un bebé en un prolongado gaeteo de cincuenta millones de años sin saber cómo alzarse sobre sí mismo: sólo veía confusamente, describía, interpretaba y soñaba en línea recta hacia el horizinte, pero cuando una dulzura le asomó en la boca supo que la aventura el riesgo y la invención eran su espacio, pero cuando despertó en forma abrupta por un destello ese espacio fue en ascenso en descenso en zigzag, fue uncauce que separó sus aguas haciendo temblar el horizonte. Ahí también supo que la rutina y la parálisis se empeñaban en seguir reteniendo su espacio.

Se arrastró, se arrastró, se arrastró, fue rodando su humanidad hasta herirse el mentón, el vientre y los tobillos, y cuando abrió los sentidos pudo palpar el horizonte en el interior de su pecho que se ovillaba en una idea y esa idea buscada se encarnó en el miedo y con ese miedo pudo volverse loco cuando se espantó de su humanidad, de su rastrea, risueña y piadosa condición de tipo necesitado de un andador para andar, de un triciclo para triciclear o de un helicóptero para danzanear.

Cuando le entró el pánico de la eterna tarea, de la repetida sumisión a su pusilánime forma de arrastrarse, miró el cielo tomándolo fuertemente por los bordes y se convirtió en un dragón de mil espejos que relampagueaba, derrochando espejismos en un vuelo voraz por el cielo interior, que por fin había capturado en un gesto de rebeldía, ternura y desesperación.
(*) Del libro "Los Fantacuentos", Ediciones del Valle, Buenos Aires, 1998.