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Cultura & Espectaculo Corrientes Sábado 29 de noviembre de 2003 
Bayer con Momarandu.com
“Sábato nunca tuvo que irse del país”
(Por Ángeles D´Aveta).- "El intelectual tiene el deber de no esconderse en la torre de marfil, de estar en la calle junto al pueblo" dice Osvaldo Bayer. El notable escritor habló con Momarandu.com tras la presentación del libro "Gramsci para principiantes", de Néstor Kohan. Polémico, habla de un tema recurrente en su obra: el anarquismo, y repasa anécdotas con Rodolfo Walsh: "Era muy tímido, pero había que verlo cuando discutía".

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"Me considero un socialista libertario", dice el único autor que se animó a radiografiar el anarquismo en la Argentina contemporánea. "Para ser anarquista me hace falta, todavía, recorrer algunos kilómetros hacia el cielo".

Bayer sostiene que algunos de los nuevos movimientos sociales, tienen "algunos ingredientes del anarquismo. El movimiento piquetero, por ejemplo, pero muchos grupos ya dejaron de serlo al aceptar los liderazgos de Alderete y D´Elía y los planes sociales".

De visita para presentar el libro "Gramsci para principiantes", de Néstor Kohan, con ilustraciones de Rep, "esos dos bárbaros", Osvaldo Bayer habló con Momarandu.com.

La presentaciones, realizadas en la Librería de la Paz en las sucursales de Corrientes y Resistencia, convocaron una importante cantidad de público motivadas por la presencia de Bayer.

El libro "para principiantes que quieren seguir aprendiendo" es definido por el escritor como una herramienta muy útil en la formación de las nuevas generaciones.

Maltrecho por el rigor de una temperatura a la que no está acostumbrado, –vive la mayor parte del año en Alemania–, se desgrana en definiciones y anécdotas. Habla con el cuerpo, como quien le cuenta historias a sus nietos, con la sencillez lejana a cualquier intento de adoctrinamiento.

LIBROS PROHIBIDOS

"El intelectual tiene el deber de no esconderse en la torre de marfil, de estar en la calle junto al pueblo", dice. Si lo dijera otro podría parecer una frase trillada, sin embargo en Bayer la afirmación es toda una definición de vida, pagada con cárcel, exilio, libros censurados, quemados y prohibidos.

Entonces, surgen Borges y Sábato "y los intelectuales que colaboraron con la dictadura a quienes tanto criticamos".

Bayer se incorpora, de golpe se intranquiliza. Se acuerda del famoso almuerzo de Sábato con Videla. "El general Videla es un general culto, dijo Sábato luego aquella vez. Videla podía ser culto, pero también asesinaba escritores..."

Bayer toma posición y continúa marcando diferencias: "Sábato dijo de Soriano y de mi que éramos comunistas, para tratar de impedir todo debate, para cerrar toda discusión". Y continúa: "Sábato nunca se tuvo que ir del país, nunca se le prohibió nada que haya escrito, es un intocable en Argentina. A mí, sin embargo, me prohibió hasta Lastiri (Raúl, ex presidente provisonal). ¡Hay que ser desgraciado para que te prohíba Lastiri! (risas)".

Luego, recuerda que los primeros tomos que salieron de la "Los Vengadores de la Patagonia Trágica " –uno de sus libros más leídos, llevado al cine por Héctor Olivera– fueron quemados "en nombre de Dios, Patria y Hogar. ¿Qué tendrá que ver Dios con los pobres obreros asesinados en la Patagonia", se pregunta tratando de explicar el desatino.

MATAR AL TIRANO

Pero no es su única discusión: matar o no matar al tirano. Ese fue un debate que hizo época hace unos años entre Bayer y su par chaqueño Mempo Giardinelli.

Surgió de un artículo –"Matar al tirano"– que publicó Bayer. En el cuenta cuando el anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens "hizo uso del sagrado derecho de matar al tirano" al arrojar una bomba al coronel que había autorizado la masacre de peones y obreros que reclamaban mejores condiciones de trabajo en los campos del sur del país, durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen. El episodio fue tomado de uno de los capítulos "Los Vengadores de la Patagonia Trágica".

Estalló la polémica: Giardinelli replicó ese artículo con otro que se llamó "No matar al tirano (ni a nadie)".

Bayer, casi una década después sigue reivindicando su escrito, pero agrega, "es complicado cómo resolver los grandes problemas de la violencia. Es muy lindo predicar el pacifismo, pero hacen falta debates más profundos en torno al tema".

Y concluye: "A pesar de todo hoy compartimos almuerzos. Ya nos dimos un abrazo".

NUEVAS GENERACIONES

"No hay recambio intelectual, la dictadura diezmó todo. El golpe fue demasiado terrible", sostiene. Señala que a diferencia de otras épocas en la que los referentes en el periodismo podían ser Soriano o Walsh, "ahora lo son Marcos Aguinis o Magdalena Ruíz Guiñazú", los nombra y no hace falta ahondar en detalles.

Pero no cierra la puerta a la esperanza: "Hay muchos jóvenes que se están formando". Menciona en tal caso la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo con la que colabora: "Es uno de los espacios de gestación de pensamiento más importantes del país hoy en día".

Las anécdotas regresan. Recuerda cuando volvió del exilio, del desplante de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de la que había sido uno de sus socios fundadores. Él acababa de llegar de Alemania y le advirtieron sobre la falta de pago de las cuotas durante ocho años, el tiempo que tuvo que estar lejos del país. "Les pagué ipso facto y me retiré para siempre", relata.

SOBRE "HIJOS" PREDILECTOS

De una larga lista que incluye títulos como "Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia", "Los Vengadores de la Patagonia Trágica", "Los anarquistas expropiadores", "Radowitzky, ¿mártir o asesino?", "La Rosales, una tragedia argentina", "Exilio" (en colaboración con Juan Gelman), Bayer elije el primero de ellos.

"Me debe pasar como con los hijos, uno ama al que tuvo más dificultades". El libro sobre la vida de Di Giovani fue prohibido y además nunca llegó al cine, como otras de sus obras.

Revela que, en realidad, Leonardo Favio "un gran director, pero que está totalmente loco", tuvo dieciséis años el guión en sus manos. Tiempo en que Bayer vivió episodios tan insólitos como llamadas del director de "Gatica" a la madrugada para comentar ideas sobre nuevas escenas o desde Colombia a Alemania para hablar de tomas que se podrían filmar en la Costa Azul de Francia, donde por otra parte, Di Giovanni nunca había estado.

RESCATAR DISCUSIONES

Ahora en pleno auge de la globalización, a los 77 años, Bayer prepara un libro sobre la década del 60. "Quiero que no se pierdan las discusiones que manteníamos con Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Haroldo Conti".

Uno puede imaginarse la ronda y en medio de ella los anteojos inmensos del escritor de "Operación Masacre", "Rodolfo era muy tímido, pero cuando discutía se enojaba mucho, se ponía todo rojo, con esa cara de angelito...". La nostalgia se instala, aunque risa mediante, dice: "Tenía que llamar con cuidado a lo de Rodolfo porque podían atender chicas distintas", cuenta gracioso.

También recuerda a Urondo, "su muerte tan trágica", con quien trabajó en la redacción de Clarín: "Estábamos en escritorios contiguos".

El libro reunirá, una parte más que valiosa de la historia del país y Lationamérica contada desde las discusiones de algunos de los militantes-intelectuales más lúcidos. Esos que la dictadura arrasó.