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Cultura & Espectaculo Sábado 21 de junio de 2003 
Giovanna Mazzotti con Momarandu
"Todo lo demás es lo de menos"
(Por María Laura Riba). Giovanna Mazzotti es socióloga. Está en Corrientes, por esos breves e intensos momentos que provocan los viajes y las palabras.Pero Giovanna Mazzotti, de sonante nombre itálico, es mexicana, de Veracruz y no sólo es socióloga. Giovanna se ha vuelto en un vuelo, poeta.

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Se encuentra aquí dando un curso de "Organizaciones para el Nuevo Milenio", sobre organizaciones en vías de desarrollo sustentable, a través del Centro de Estudios Sociales de la Universidad del Nordeste.

Giovanna, quien vive en un inmenso país tan lleno de fridas y murales, tan azteca y de zócalo, tan mariachi y colorido, dice que "así son nuestros países, tan llenos de quién sábe qué".

Su libro, su primer libro de poemas, de edición de autor, una bella edición artesanal, "El instante de la gracia", es intimista, trasciende lo femenino y se mete con la literatura. Es un libro de amor. Libro dulce y cruel. Semejante en el sentir a los sentires de los otros, a los que ponen el ojo en cada uno de sus versos y se atreven a sacudirse cuando leen: " Se me antoja hacer la noche en pleno día / aullarle a una luna de cien watts / desconocer tu rostro con mis manos / y ahogarme en el espejo / con tu imagen invertida". Porque, vamos, quién no se ha querido, alguna vez, ahogarse en todos los espejos de las ausencias.

Cuando se le dice que su libro roza la ternura o la dulzura, ella comenta que "Yo lo siento crudo y sangriento". Quizá porque Giovanna sabe bien que el amor también puede ser crudo y sangriento, aunque se hallen "Tus dulces / y desesperadas ganas de amarme. / Yo te quiero".

Es difícil escribir poemas de amor sin caer en lo cursi, en lo meramente anecdótico y trivial. Sin desparramarse en esas comparaciones fáciles de metáforas gastadas y lugares comunes. Sin embargo, Giovanna Mazzotti lo consigue y sabe de qué lado ubicarse a la hora de escribir versos de amor: "mi límite es si es cierto o no es cierto. Es cuando no estoy contando una mentira. Quizá el lugar donde realmente me desvisto". Y aquí no habla de quedarse en ropa interior sino de darse vuelta como una manga y dejar asomar la visceralidad, ese interior que, aunque se lo demore y se lo pretenda arrinconar para que no estorbe, finalmente estalla y no hay regreso: "Toma mi nombre en prenda / y libérame, / gana entre mis brazos / la mejor de tus derrotas".

No hay orden para sus escritos, es decir, no posee una estructura a la cual ceñirse a la hora de escribir; sin embargo, su mejor aliada es un "ordenador", su ayuda cibernética: "Escribo un poco como me va saliendo. De pronto me sale una idea, pero donde yo lo plasmo es en la computadora. Tengo una relación muy íntima con la computadora, ella no me va a interrumpir, a menos que diga "error interno".

Otra cosa muy diferente es el libro en sí, como objeto, ya publicado y listo para ser leído. Ella lo explica de este modo: "el libro es un proceso bien diferente al del escribir; participa otro tipo de necesidad, se juntan otras series de voluntades. Se hace más una experiencia colectiva; es colectivo cuando se llega a hacer un libro, sobre todo artesanal, edición de autor. En la decisión de la publicación intervienen un montón de factores: amigos que me dijeron "ah, mira, a mí se me ocurrió que podría ser esta la portada, con cierta unidad a los textos"; alguna otra dijo, "órale hay que trabajarle y ponerle esto" y otro "yo te doy el dinero para la impresión". Son un montón de voces en donde la decisión de publicar ya no fue casi mía. De hecho, yo siempre pensé que mi límite era el ensayo. Nunca antes había escrito algo que no fuera muy teórico, que tuviera que sustentarlo. Hasta que un día no pude más y escribí lo que no podía sustentar, lo que no podía sostener y me aflojé. Era algo que necesitaba un espacio, pero que ya estaba". Y es verdad: "Puedo escribirte, si me excusas de la rima y el talento, que atrás d mi baile no hay nada; que mis palabras no encierran engaños ni verdades; que no busco la virtud, ni la razón..."

¿Cómo escribir sobre el amor en estos momentos exprés, tan fastfood?. Y Giovanna sonríe, en verdad siempre sonríe, y señala que "escribo sobre el amor porque creo que ese es el mayor conflicto. La sociología no toca este tipo de cosas. La sociología piensa sobre las cosas, pero nunca contesta. Y eso no lo compatibilizo. Es algo que está en mí y que se integra de un modo extraño; pero a la hora de sacarlo no me cuestiono mucho si va junto o no va junto o si se contradicen... no me importa... es el espacio donde digo lo que quiero".

Incursionar en otros géneros es algo que tiene latente, aunque no la desvela, "yo desearía escribir novelas, pero es algo que yo no sé hacer. El estado que tengo cuando estoy escribiendo un poema, me encanta. Si escribir una novela, que es algo más largo, que me provoque ese estado... pues ... me encantaría. Pero últimamente, de setiembre para acá, he estado escribiendo un montón de poesía que la siento bien diferente a esta".

Poeta y todo, no deja de sentir que también ama a la sociología y "en sociología tengo escrito algunos ensayos, artículos; hay un libro de varios autores, sobre análisis de "Cine y Nuevo Milenio" y estamos preparando otro". Al preguntársele cuál era el papel de la sociología, hoy en día, en Latinoamérica, se quedó pensando unos instantes, volvió a sonreír y expresó que "el límite de la sociología en Latinoamérica y en todo el mundo, es justamente, que habla sobre las cosas, pero no te hace vivirlas". Y si "no te hace vivirlas", pregunté, ¿sirve entonces, en Latinoamérica?. Entonces Giovanna se queda pensando, juega con sus ojos y con complicidad responde: "¿Me preguntas a mí...? .... Vas a tener un conflicto con mis dos amantes" y ríe porque sabe que el conflicto está, "porque a mí me gusta mucho la sociología, me gusta pensar, me gusta desentrañar la naturaleza de las cosas, me siento como muy protegida y me gusta la razón; pero... si voy un día a la playa... pues no me llevo la sociología... Dice Pascal "el corazón tiene sus razones que la razón no conoce en lo absoluto". Y creo que hay razones de algo parecido al corazón. A lo que ocurre y no dices".

Y sí... siempre las razones del corazón... "Voy a escribir tu nombre / con tinta de cristal / para que así no se rompa mi alma".

Ella corrige y corrige cada palabra, "paso mil años en un poema, de pronto... mucho rato, pero eso es algo que no hice tanto con este libro. Yo ahorita lo leo y digo "ah, eso no iría así" y lo cambiaría. De pronto me clavo mucho en una palabra o en una coma o en un espacio; pero eso lo empiezo a entender ahora".

Y de pronto comprende que una página en blanco no es sólo un mito, que tiene su tiempo y su espacio, "apenas empiezo a entender que el espacio físico de un texto es un tiempo y que el espacio físico que tiene la poesía tiene un sentido de comunicación. Cuando estaba escribiendo estos poemas, no lo había comprendido. Tengo una amiga diseñadora que me ayudó con esto. Entonces ella hizo un libro en donde el texto no decía nada; pero el diseño que ella presentaba, le iba dando un sentido al libro, porque tenía un tiempo para decirse, el espacio le daba el tiempo y eso lo entendí".

Aspirar a qué. Cuando escribe no se sabe bien a qué se aspira. o por lo menos, no se lo racionaliza. Por el momento, Giovanna Mazzotti escribe que "puedo decirte también, que he abierto una ventana en mi casa, que a veces soy feliz y que no soy lo que parezco". Y luego dice pausada, midiendo sin saberlo, que "aspiro a encontrar el nombre de la cosa que me rompe; como sentarme en frente y que devele su secreto, cuando siento que lo toco y ya está".

Ella, mexicana pequeña y simpática, sabe que siempre hay que recordar "el viejo y mal chiste / del reverendo que cae del veinteavo piso / de un edificio y cuando está en el aire, piensa: hasta ahora todo va bien, lo que importa es la caída".

Ella escribe y se eleva desde "El instante de la gracia" y conoce como ninguna que "todo lo demás es lo de menos". Porque aún puede decir "que en mi cadera anida un tiranosaurio; que tuve alas y las perdí; que conozco la magia de la tierra y sé cómo invocar al diablo; que formé parte de los ejércitos de luzbel y que fui tentada y tenté a Satán".