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Sociedad Corrientes Viernes 01 de mayo de 2003 
DIA DEL TRABAJO
"La única felicidad para los trabajadores es tener un trabajo digno"
(Por María Laura Riba).-Este es el pensamiento de Ramona Oliva, protagonista no deseada de una Argentina decadente. Ramona, junto a Mariana López y Mirta Balmaceda, dicen hacer "milagros" para sobrevivir. Es que la desocupación, en sus respectivos hogares, se ha hecho moneda corriente. Momarandu.com las entrevistó para reflexionar sobre la situación laboral en Corrientes a propósito del 1 de Mayo de 2003. Sus testimonios se nos aparecen como una radiografía de la situación en que se desenvuelven miles de correntinos.

"No hay perspectivas de cambio", dice el juez Boleso
Este 1º de mayo qué festejarán los jóvenes argentinos


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Llego al barrio Quinta Ferré y busco el Centro Materno Infantil "Cruz Roja". Una casa cálida, con el pasto cuidado en su frente, limpia, da la bienvenida.

La cumbia suena a todo volumen. Después me entero de que intentarán dar un clima de festejo al día del trabajador.

Me parece que las paredes se sacuden, pero no. Entro despacio y saludo. No escucho. No entiendo lo que me dicen. Vuelvo a saludar y pregunto por Ramona Oliva. Me sonríen y hablan y todos se entienden entre sí. Sólo yo no entiendo las palabras que me dicen, envueltas en esa cumbia que lo ocupa todo. Esa cumbia constante que parece ser parte del mismo cuerpo de quienes están allí, en esa sala; un órgano vital que les marca el ritmo.

Finalmente, no sé de dónde, Ramona Oliva sale a mi encuentro y me rescata. Pasamos a otra sala y cerramos la puerta.

Recién entonces, cuando la cumbia se aletargó en algún patio aledaño, pude darme cuenta de que Ramona me sonríe con una sonrisa hueca y amigable, me tiende la mano y me espera. Se dispone, sin problemas a conversar.

Ramona Oliva tiene 57 años y es una de las tantas protagonistas de la precarización laboral argentina. Ella cuenta que "yo era empleada de la provincia; tenía un contrato en esta guardería, un trabajo fijo. Cobraba alrededor de doscientos treinta pesos y tenía obra social. Cuando vino la intervención quedé cesante y pasé a cobrar doscientos pesos por el PEL. Cuando me quedé sin el PEL, me gestionaron para cobrar como Jefa de Hogar. Así cobré tres meses, y luego, como no tenía chicos menores a cargo, quedé cesante otra vez. Con ese plan, cobraba ciento cincuenta pesos. Esto lo cobré hasta diciembre del año 2002. Quedé afuera y sin esperanzas. Finalmente me vuelvo a reincorporar porque me sale el plan social del POSOCO, que son cincuenta pesos. En la actualidad, yo cobro cincuenta pesos del POSOCO, más cien pesos que me dan acá dentro, por el PROAME. Este plan, yo lo cobro hasta junio y después no sé y el POSOCO está atrasadísimo, nos pagan cada tres meses". Ramona se quedó sin obra social, sin embargo no puede dejar de tomar sus remedios: es hipertensa y confiesa "hacer maravillas" para poder comprarlos. Ella vive con su esposo, quien tiene 67 años y está desocupado. También tiene problemas de salud, por lo cual precisa tratamiento médico constante, "sólo mis hijos ayudan, a veces, para sus medicamentos y también él hace alguna changuitas". Cuando piensa en cómo se las arreglan para sobrevivir, dice que hacen "milagros" e inmediatamente aclara que "mientras estoy trabajando acá, desayuno acá, como acá... preparo alguito para él allá... y sí... mis hijas nos acercan mercadería... siempre nos están ayudando en algo".

A Ramona, lo que más le molesta es tener que pedir ayuda, "yo siempre trabajé, no me gusta depender de nadie, estoy acostumbrada a comprar mis cosas, mi fruta, mis verduras. Trabajo desde los catorce años; fui empleada doméstica, niñera, vendedora, promotora, de todo un poco".

Y si a ella se le da por comparar otros 1° de mayo con respecto a éste, no puede evitar sentir "una angustia terrible, por la inestabilidad en que viven todos los trabajadores... los hombres que veo, cada día se están destruyendo... cada vez más. Muchos se abandonan, se dan al alcoholismo, se enferman, son maltratados por su familia. Es una vergüenza que en un país que tenemos de todo, tengamos que vivir así. Yo veo a mis hijos mendigando trabajo, vienen nerviosos, se desquitan por los hijos, los niños sufren las consecuencias; muchos hombres abandonan sus casas porque no aguantan la situación. A mí me da muchísima angustia pensar que estamos en esta situación y no se le ve la salida. No hay esperanzas de solución. La única felicidad para los trabajadores es tener un trabajo digno donde cobren todos los meses y puedan alimentar a su familia". Ramona tiene cuatro hijos que van desde los 36 a los 23 años, dos mujeres y dos varones, "yo trabajé de todo para criarlos bien; todos terminaron su séptimo grado. Las dos mujeres fueron más inteligentes, terminaron su quinto año bachillerato y trabajan... de alguna forma... los varones se capacitaron, pero no tienen trabajo y en este momento, hacen changas. El menor de los varones tiene cinco nenitas seguidas y se están alimentando mal, crecen mal porque simplemente la madre cobra como Jefa de Hogar y no alcanza para nada...".

A su lado, Mariana López, escucha en silencio, asintiendo cada palabra que dice Ramona. Tiene 29 años y está a cargo del taller de costura y se apura en señalar que "en mi caso, no tengo tanto drama porque soy soltera; pero también vivo lo que ella, porque mi papá está desocupado. Tengo cuatro hermanos varones y los cuatro están desocupados. Se mantienen porque sus señoras cobran Jefas de Hogar, pero no les alcanza. Yo aporto lo que puedo ganar. Como capacitadora gano ciento cincuenta pesos por PROAME y también cumplo horario en la salita de dos y me pagan por el POSOCO. En total, junto doscientos pesos. Yo vivo con mi mamá, mi papá y mi hermana que está estudiando. Pero bueno, yo acá me siento segura, por lo menos tengo un trabajo, me tratan bien, me siento cómoda". No obstante, Mariana no puede negar sacudirse cuando se le pregunta por el significado del 1° de mayo y dice, "bueno...la verdad es que no es como en otros años. En otros años solíamos festejar distinto porque mi papá siempre trabajó; él es muy joven todavía, tiene 48 años, es contratista... y mis hermanos, todos trabajaban. No es como lo que era antes... mi papá era más alegre, esperaba ese día para festejar con un asado. Ahora no hay ni siquiera para eso. Es triste... casi todos están así. Este año, el día del trabajador, es para agradecer por los que tienen trabajo y rogar por los que no tienen

Mirta Balmaceda es la encargada del taller de tejido y también recibe ciento cincuenta pesos por el PROAME y otros ciento cincuenta pesos por el subsidio Jefa de Hogar. Pero ella sabe bien que esta suma no alcanza. Es la única persona que trabaja en su familia porque su marido está sin empleo, "tengo un hijo de veinte años que está sin trabajo, mi esposo está desocupado y tengo dos hijos más que son chicos, de 13 y 14 años, van a la escuela... y yo prefiero que estudien, porque espero que el día de mañana sea mejor que lo de ahora. Me gustaría que ellos pudieran trabajar". Cuando comenta cómo es ser la sostenedora del hogar, se apura a agradecer, "como digo: todos los días vivo agradeciéndole a Dios por todos los días que comemos. Para mí es un milagro de Dios". En cuanto al ánimo de su esposo comenta "y ... yo bastante le ayudo a que no se deprima porque le digo toda la situación... que están todos así... es como incentivarlo para que no se tumbe, porque si él se llega a tumbar, me tumba a mí... y después nos caemos todos." Del día del trabajador, Mirta piensa que "es terrible. Pienso en la necesidad que tienen en todos lados; es tan grande la necesidad que muchos no van a tener que comer".

Microemprendimientos: Una idea para dejar de esperar todo de la política.

Ramona Oliva no se da por vencida y además de ser capacitadora del taller de panadería del centro, suele organizar microemprendimientos, porque dice que éstos sirven "para que vuelva el trabajo, que los jóvenes se incentiven a hacer algo, porque también perdieron muchísimo esa idea de trabajar en cualquier cosa. Para que traten de salir adelante por sus propios medios y no esperar todo de arriba, de los gobiernos, de la política. Pienso que los chicos, criando pollos o haciendo una huertita o haciendo algún trabajito práctico, pueden tener sus monedas todos los días".

En el barrio Quinta Ferré ya se han hecho y están creciendo varios microemprendimientos vecinales, "yo crié aves de corral con los chicos, con muy buenos resultados. Yo les enseño cómo se crían, cómo se manejan, cómo se pueden vender, negociar con eso, tener su dinero, cómo ayudar a la familia. Otras veces hacemos pan casero, biscochitos, esas cosas". Pero uno de los mayores inconvenientes con los que se topa, es no poder contar con local propio, dado que necesitan un espacio donde llevar a cabo estos microemprendimeintos y, por lo general, quienes ofrecen un proyecto para hacer, ya requieren una institución formada, con personería jurídica y se deben cumplir una serie de trámites indispensables.

Sin embargo, aun cuando todo parezca inaccesible, a Ramona se le ocurren ideas. Un vez compró una gallina y un gallo y "saqué doce pollitos y le di una polla y un pollito a cada chico para que ellos empezaran a criar. Ese fue un proyecto piloto sacado de la nada. Y dio sus resultados. Los chicos se interesaron mucho y salieron un poco de la calle".

Donde sabe que alguien habla de microemprendimientos, ella va. Fue así como llegó a participar en un microemprendimiento de promotores voluntarios de salud, mediante el cual se realizaron varias obras en Quinta Ferré, como la concientización acerca de la higiene y la construcción de baños. "Sólo esperamos que alguien nos apoye con plata para actuar", manifiesta, al mismo tiempo que recuerda que el gobierno Belga, fue uno de los que ha apoyado microemprendimientos en Corrientes. De la Argentina, han recibido ayuda de la Fundación Ana Mon, de La Plata, que es una fundación que ayuda a los chicos de la calle.

El centro de la Cruz Roja. La guardería del barrio.

En este centro materno infantil funciona una guardería con niños desde los 45 días hasta los cuatro años. También posee apoyo escolar primario y hay talleres de capacitación que contienen a adolescentes de 13 a 18 años. Estos talleres son de panadería, plomería, costura y tejido, entre otros. No viven niños allí, pero sí se les da la contención necesaria y tiene sus puertas abiertas desde las siete y media de la mañana hasta las seis de la tarde. En este centro, muchos chicos reciben alimento y contención, pero también, varios de estos chicos provienen de hogares con serios problemas, por lo que, cuando se cierran las puertas del centro, a algunos niños se los ve dormir en la plaza del barrio o deambulan por las calles. De todas maneras, las asistentes sociales hacen lo posible por mejorar las duras situaciones que se van planteando. Al respecto, Mariana López cuenta un caso: "yo tengo una nena en la salita, de las más chiquitas, que estaba desnutrida...daba impresión los granos de su cara y ahora es impresionante como ha mejorado. Se le desaparecieron todos los granos y antes no tenía nada de pelos y ahora está peluda y gordita...".

Este centro está bajo la tutela del gobierno provincial, quien debe hacerse cargo de los sueldos y parte de la alimentación; de la Cruz Roja, que se hace cargo del mantenimiento y nombramiento del personal y de la Comisión Vecinal, que tiene una función más social dentro del barrio y se encarga, además, de la capacitación del personal.