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Sociedad Corrientes Miércoles 23 de marzo de 2003 
A 27 AÑOS EL GOLPE
“Una democracia plena no se puede construir en base a la impunidad”, dice el juez Boleso
En un nuevo aniversario del golpe militar de 1976 que dio inicio a una de las dictaduras más sangrientas de la historia argentina, momarandu.com entrevistó al juez laboral Héctor Boleso. Diversas organizaciones convocan a un acto a las 18 en la Plaza Cabral. Momarandu.com lanza, además, una edición gráfica especial que será distribuida gratuitamente y que, asimismo, podrá ser consultada en nuestra edición digital en formato PDF.

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Héctor Boleso trabaja en el Juzgado Laboral N°1, es abogado, juez y no cree que existan diferentes tipos de “derechos”. Él afirma que el ser humano es indivisible y que los “derechos humanos” lo abarcan por completo. Le gusta hablar sobre esto, se apasiona, es didáctico y se le nota la docencia, esa docencia atípica que imparte enseñando sociología con los libros de Eduardo Galeano y Osvaldo Bayer. Héctor Boleso tiene esperanzas y la preocupación por el tema Justicia. Recuerda su desinformación en la época de la dictadura y remarca que le costó reponerse después de haber leído, por completo, el libro Nunca Más.

Llegó puntual al café acordado, esa tarde de día de semana, tan parecida a otras tantas tardes. Usa anteojos, mueve las manos y dice sentirse un poquito nervioso porque nunca habló frente a un grabador, mucho menos en una entrevista. Pero no se le nota. Invita un cortado y la cinta comienza a girar.

momarandu: ¿A qué se denomina, hoy en día, “derechos humanos”, considerando que aún se habla de diferentes tipos de derechos como el civil, laboral, económico y otros?
H.B.: El tema de los derechos humanos ocupa la integralidad de la persona humana; en los dos congresos internacionales que hubo de derechos humanos en el ‘68 y en el ‘93, ya se habló de la invisibilidad de los derechos humanos, es decir que son universales, indivisibles, interdependientes porque, en su momento, una buena estrategia para el poder fue dividir los derechos en civiles y políticos y económicos, sociales y culturales, entonces se hablaba de que algunos eran exigibles inmediatamente como los civiles y políticos, y los económicos, sociales y culturales, decían “bueno, eso, programáticamente se irá haciendo exigir cuando los países puedan, cuando los gobiernos estén en condiciones” y, en realidad, esto, desde el punto de vista teórico y práctico ya está superado, son derechos humanos. Por ejemplo, derecho a una mejor remuneración o derecho a tener vacaciones, qué sentido tiene gozarlos si, en mi país, se puede torturar, se puede hacer desaparecer... es todo una sola cosa. A los fines didácticos se puede hablar de esta diferencia, pero para el ejercicio y disfrute pleno de la persona, son derechos humanos, la palabra abarcativa, el goce efectivo de todos ellos. También para el plano jurídico es muy importante porque, algunos magistrados, reconocen a regañadientes los derechos civiles y políticos; pero cuando hablamos de económicos, sociales y culturales ya empiezan con que falta una ley, con que falta un decreto, que cómo se implementa, que no es exigible directamente... entonces aparece toda la maraña burocrática para denegar algo que es tan esencial.

momarandu: ¿Usted cree que el desprestigio por el cual a traviesa la Justicia en nuestros días, tiene sus raíces en la falta de castigo real a los responsables de la última dictadura militar argentina?
H.B.: El tema es gravísimo porque una democracia realmente plena y verdadera no se pude construir en base a la impunidad, entonces, todo lo que dejaron las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y también el indulto puede generar un espacio tremendo de impunidad y, de ahí en más, creo que gran parte de la injusticia que se vive ahora es producto de esa cuenta no cerrada, no saldada que quedó como una llaga, una herida abierta y hasta que no haya realmente castigo a los culpables, vamos a seguir teniendo ese problema en la sociedad. Es decir, hay dos vertientes, el tema de la impunidad de los genocidas y el tema, también, del plan económico implementado desde el ‘76 en adelante que, con ligeras variantes, en mi opinión, se siguió implementando con Menem, De La Rua y hoy subsiste con el tema del nuevo acuerdo con el Fondo y la profundización del ajuste.

momarandu: Después de tantos años, ¿se puede conservar la esperanza de que se imparta justicia sobre los genocidas?
H.B.: Se ven atisbos de esperanza porque, en primer lugar, está, desde el punto de vista de la justicia universal, ya es sabido y conocido que desde que Garzón abrió las causas contra los represores del Plan Cóndor, (Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay), continúa la persecución contra los genocidas. También hay juicios abiertos en Francia, España, Italia, Suecia, Estados Unidos, Suiza y eso hace que los genocidas argentinos no puedan salir de nuestro país. Esto demuestra lo que es la impunidad: solamente en la Argentina, los genocidas pueden estar, y lo que es una vergüenza es que, en el país donde han cometido crímenes de lesa humanidad, sigan siendo impunes. Por otro lado, los Juicios de la Verdad también están avanzando, que son los que determinan el destino final de muchos desaparecidos; se reconoce un derecho a saber qué pasó con los familiares desaparecidos y también se reconoce a la sociedad el derecho de reconstruir la historia, desde el punto de vista de la verdad, de la justicia. Es en el marco de los Juicios de la Verdad donde se están haciendo avances importantes y es en el marco de los Juicios por la Expropiación de Menores donde se volvieron a detener a Videla, a Suárez Mason. La justicia está avanzando, un poco lenta, pero está avanzando y no tenemos que olvidar que en la Corte Suprema está pendiente, en este momento, resolver acerca de la nulidad de las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final; también hay proyectos enviados al Congreso de declarar la nulidad de estas leyes. Aunque esto último lo veo muy difícil y con respecto a la Corte, no quiero hacer pronósticos porque hay muchas presiones. En estos días se hizo difusión en los medios, de que hay un obispo que está operando sobre algunos ministros de la Corte para evitar que salga la declaración de la nulidad de estas leyes. No obstante se sigue trabajando. No soy iluso, pero tengo esperanzas porque tengo datos concretos. Hay un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Barrios Altos, donde se estableció que las leyes de impunidad que se dictaron en Perú, que son muy parecidas a nuestras leyes, son contrarias a la convención americana de derechos humanos. O sea que hay una instancia supranacional que ya dijo que esas leyes son nulas de nulidad absoluta, porque no se pueden perdonar crímenes de lesa humanidad.

momarandu: ¿Cómo vivió los años de la dictadura en Corrientes?
H.B.: Yo vine a estudiar a Corrientes en el año 76, a comenzar la facultad. Lo que viví a los diecisiete años fue una desinformación total; lo único que se sabía eran las versiones que corrían. Yo vivía en una pensión con otros chicos de distintos lugares del interior de Corrientes y algunos de Misiones, de Formosa, del Chaco y lo único que se sabía era que a la noche teníamos que volver temprano porque había una especie de toque de queda, que no teníamos que tener libros, entre comillas, peligrosos o subversivos, de que a la noche la pasábamos bastante nerviosos y molestos porque se corría la bolilla de que habían racias, de que entraban a las pensiones a revisar, a llevar chicos... como en la facultad no había cursos, también estaba prohibido juntarse, agruparse, no había peñas, no había reuniones de compañeros, no había comedor universitario, entonces era muy difícil armar la historia porque los lazos de comunicación estaban muy rotos. Teníamos un miedo difuso que recordábamos cada tanto porque, en las esquinas, había gente vestida de verde, armada hasta los dientes, camiones, constantemente estaban circulando y uno respiraba un clima opresivo, de temor y de control. Había nombres que no se podían pronunciar en la facultad. En realidad no tengo una noción exacta de cuándo comencé a enterarme de la verdadera historia, creo que lo que tuve desde muy niño fue una especie de inquietud por el tema de la justicia, de los desposeídos, de los desprotegidos, de los más débiles. En algún momento comenzaron a llegarme algunos datos. Recuerdo cuando leí el informe de la Conadep, quedé profundamente afectado y me costó varios meses reponerme porque lo leí todo, a pesar de que me costó. No podía entender, no podía asimilar que eso hubiera sucedido en mi país, estando yo acá y que yo nunca hubiera tomado conciencia de eso, que no me hubiesen alertado. A partir de ese momento, a mis alumnos de Criminalística, todos los años les recomiendo algunos párrafos, que lleguen hasta donde puedan, que indaguen y después lo comentamos.

momarandu: ¿Cómo ve, actualmente, a la sociedad y a la Justicia en relación a los derechos humanos?
H.B.: Hoy en día, en nuestra provincia, en gran parte se ha seguido reproduciendo el mensaje del “por algo será”; sin embargo en otras provincias creo que han preparado, por ejemplo en La Plata, material específico para la escuela secundaria; hay currículas específicas y por legislación provincial hay un día en el que se recuerda, se reflexiona sobre lo que significó el 24 de marzo de 1976. Se me complica el tema de hablar de la Justicia porque hay una justicia provincial y otra nacional; yo formo parte de la justicia provincial y a mí, particularmente, el tema de los derechos humanos me está resultando muy difícil lograr que otros colegas se ocupen del tema, ni que hablar de que apliquen los tratados internacionales de derechos humanos que están en nuestra constitución desde 1994. Se hace bastante cuesta arriba el tema, es más, advierto la sorna, el desprecio de algunos abogados y magistrados porque uno está ocupándose de estas cuestiones. Y en la justicia nacional, lamentablemente, tengo que decir que el copamiento que hizo Menem de la Corte Suprema ha sido nefasto para nuestro país. Reconozco que en otras instancias, hay magistrados que siguen peleando, luchando, creo que hay un movimiento que va empujando para que la verdad y la justicia se hagan realidad. La lucha por la justicia no se termina nunca, es dura, pero mientras exista gente comprometida, gente lúcida, esto va a seguir. Una de las grandes deudas pendientes de la democracia con el pueblo argentino es que, desde el ochenta y tres en adelante, se ha hecho muy poco o casi nada con respecto a los planes de estudio de los profesores, de la policía... La Comisión Interamericana de Derechos Humanos viene recomendando hace diez, doce años, que es imperativo que a las fuerzas de seguridad, a las penitenciarías, a la administración de justicia, se los capacite en derechos humanos; yo he hecho muchos esfuerzos en el poder judicial de la provincia para implementar cursos, convenios con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con el Instituto Interamericano de Derechos Humanos que constantemente están ofreciendo personal idóneo, capacitado y hasta ahora no he tenido mayor fortuna. No existe una política de derechos humanos, ni en la nación ni en la provincia. La declaración de los derechos humanos es de 1948, es decir que estamos en mora cincuenta y pico de años. En el año 1994 se los incorpora como ley suprema, es decir que están en la Constitución los tratados internacionales de derechos humanos y todavía sigue pendiente la tarea de implementarlos. La gente está adquiriendo la conciencia, si bien no está técnicamente informada. Un ejemplo fue la Plaza de la Dignidad del año 1999, otros ejemplos son los movimientos de Barrios de Pie, los piqueteros, los movimientos sociales actuales que están tratando de llevar a la superficie todo lo que se quiere ocultar o suprimir. El 19 y 20 de diciembre de 2001 yo creo que fue un hito, un corte donde la gente volcada a las calles ejercitó su derecho pleno y ha puesto en crisis el sistema democrático representativo. Lo que pasa es que el poder, con esa capacidad camaleónica que tiene, ha ido cambiando algo para no cambiar nada y se fue acomodando y poco a poco han ido cesando esas exigencias cotidianas que tenían los ciudadanos de cambiar las cosas y de que se vayan todos, algo que los políticos no se dan por enterados.