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Politica País Martes 31 de octubre de 2005 
MAR DEL PLATA
Antecedentes de la cumbre
Las Cumbres de las Américas tienen su antecedente en el encuentro de 19 presidentes del continente en julio de 1956 en Panamá bajo el auspicio de la Organización de Estados Americanos.

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Posteriormente, en abril de 1967, de nuevo 19 presidentes más un representante de Haití, se reunieron en Punta del Este, Uruguay. El objetivo siempre fue lograr la adhesión de los países latinoamericanos a la política de Estados Unidos y su inclusión en su órbita económica y política y, por tanto, a sus intereses.

Sería 27 años después cuando naciese la denominación de Primera Cumbre de las Américas, ahora en Miami en diciembre de 1994. Allí, los ministros de Comercio de los países americanos, con la exclusión de Cuba, se pusieron de acuerdo en establecer una zona de libre comercio "desde Alaska hasta Ushuaia" que incluiría a 34 países. Se llamaría ALCA, Area de Libre Comercio de las Américas, el gran sueño de Estados Unidos para que su fuerte economía pudiera adueñarse de los mercados americanos. Tres instituciones fieles a Norteamérica se encargarían de ir pilotando el proyecto: la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La segunda Cumbre se celebró en Santiago de Chile, el ansiado proyecto del ALCA seguía avanzando.

En abril del año 2001, en la Tercera Cumbre de las Américas, se aprobaría en Québec (Canadá) la Carta Democrática Interamericana, un instrumento ideal para que la OEA apostara por su formato de democracia representativa vacía de garantías en los derechos sociales y económicos para los latinoamericanos.

La aparición del fenómeno terrorista en Nueva York y Washington y el aumento de la conflictividad social en América Latina por parte de grandes sectores de población empobrecidos e indignados con las políticas neoliberales exigió la convocatoria de una nueva cumbre extraordinaria en Monterrey (México) con el objetivo de frenar la alarmante crisis de liderazgo de Estados Unidos.

El objetivo de hacer frente a los movimientos organizados que se enfrentaban indignados a la pobreza galopante de América Latina lo anunciaron bajo el eufemismo de implementar "medidas para fortalecer la gobernabilidad de las democracias" de las regiones centro y sur del continente y "combinar acciones conjuntas en la lucha antiterrorista".

Se aprobó la declaración de Nuevo León, donde se nombraba el "uso efectivo de recursos internos e internacionales" por parte de los países más ricos y destacaba el "vínculo de interdependencia entre las economías nacionales y el sistema económico mundial" con el objetivo de blindar el neoliberalismo imperante en cada uno de los países del continente. Por supuesto, el documento final acogía "los avances logrados hasta la fecha para el establecimiento de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA)" y apoyaba "el acuerdo de los ministros sobre la estructura y calendario adoptado para la conclusión de las negociaciones para el ALCA en los plazos previstos".

También el intervencionismo se abre paso en el documento: "Reafirmamos nuestra decisión de coordinar acciones inmediatas cuando la democracia corra peligro en cualquiera de nuestros países". Recordemos que en ese foro los certificados de democracia los extiende Estados Unidos. Incluso afirman su compromiso con los partidos políticos pero, sólo en cuanto "eviten influencias indebidas".

Ya el gobierno de Venezuela expresó sus reservas basándose en que "este proceso debe considerar las especificidades culturales, sociales y políticas de cada país; la soberanía y la constitucionalidad; el nivel y tamaño de sus economías para garantizar un trato justo". El motín de la dignidad comenzaba a ponerse en marcha.

Y así se llega a noviembre de este año con Estados Unidos en uno de sus peores momentos de apoyo en América Latina, con gobiernos abanderando la "patria grande" de Simón Bolivar y José de San Martín y eligiendo como país anfitrión para la IV Cumbre de las Américas a Argentina, probablemente el lugar donde el neoliberalismo ha dejado más en evidencia su capacidad de generar pobreza y desigualdad. A todo ello se le añade un presidente norteamericano cuyas políticas están llevando la guerra a todos los rincones del mundo con la pretexto de la lucha contra el terrorismo